Todos admitían que el lazo que formaron Nathan y Lowell justo ahora no era conveniente, ya que en agosto habían planeado ir a la tumba de Obielus y debido a la cuarentena obligatoria que la parejita tenía que hacer ese plan se había pospuesto. El más feliz con la situación era Obielus desde luego, no quería que nadie pisara su tumba.
En los días siguientes se dedicaron a entrenar como nunca, Nathan técnicamente fue el que planeo una defensa en caso de que Selah y los demás tronos se aparecieran en el lago, después de todo era quien más los conocía.
-Bien, recuerden que la debilidad de los dos primeros es su confianza. Selah al atrapar a su víctima cree que nadie más se atreverá a tocarla, con esa ventaja fue que Henry y yo logramos derrotarla la última vez. -recordó Nathan mientras hacia una mueca.
Henry llevo una mano a su abdomen, la enorme cicatriz que le había quedado le daba escalofríos.
-Gedeón es mucho más calculador que su hermana, pero ahí está el truco, en cuanto vea a su hermana en problemas se distrae y es posible atacarlo. De igual manera, deben recordar que es el más duro, no piensen en matarlos, solo piensen en dejarlos fuera de combate. -aclaro Nathan, enfatizando en lo ultimo mientras miraba a todos.
-Ya mi ejercito esta informado, todos están listos para que la misión de Anny no se vea interrumpida. -dijo Fidel con decisión.
-Nathan, ¿Estás seguro de que vigilaras en el aire en lugar de ir con nosotros?
Lowell había preguntado, casi pidiéndole que fuera a su lado para poder protegerlo, pero Nathan negó.
-Ya les expliqué a todos y especialmente a ti, Lowell. No puedo estar en el agua mucho tiempo, menos en el agua fría de ese lago, me daría una hipotermia que podría matarme. -respondió Nathan tratando de ser lo mas paciente posible con su esposo.
Lowell suspiro, viéndose derrotado de nuevo.
-Lowell, no te preocupes. De seguro estará más seguro en el cielo donde puede volar libremente, además, Fidel estará cerca ¿Verdad, tío? -dijo Anny con cuidado.
Anny trataba de calmar los nervios crecientes de Lowell. Desde que el lazo se formó había estado aún más inquieto que cuando llego con Nathan, inclusive Nathan tuvo que ayudarlo en algunos ataques de pánico que tuvo al sobre pensar situaciones que no pasaran.
-Si, no tienes de que preocuparte Lowell, tu marido estará bien.
Una sonrisa confiada se plantó en los labios de Fidel, tratando de darle apoyo a Lowell con el cual había compartido más en los tres meses que habían pasado desde que Henry fue herido. Si bien quería mucho a Henry no quería esforzarlo, sabía que ese tipo de heridas costaba en sanar y por ello se llevaba a Lowell a sus diligencias al mundo humano, por más ilógico que suene.
Sobre lo de "marido" técnicamente eso eran, de alguna forma estaban casados. Las sombras no suelen vivir mucho, así que cuando encuentran una pareja técnicamente se casan al poco tiempo, además el lazo se considera algo propio del matrimonio, ya tenían este ¿Que más daba?
Anny admitía que se había puesto un poco celosa, queriendo algo igual de hermoso a lo que presencio con Henry, pero eso simplemente no sucedía. Fidel les explico que probablemente se debía a que su forma sombra no estaba completa, por lo cual dejo el tema algo triste.
-Bien, con eso ya aclarado todos sabemos que posición tomaremos cuando vayamos ¿Podemos aparecernos en el lugar, Fidel? -pregunto Nathan.
-Si, por fortuna será fácil si todo nos sale bien. -dijo Fidel mientras rogaba que todo el plan fuera solo una precaución.
-¿Qué día nos iremos? -pregunto Anny, impaciente.
-El primero de septiembre partiremos. -dijo Fidel con decisión.
Nathan cambio su semblante decidido por uno incomodo, Lowell miro a Fidel algo confundido.
-¿No puede ser un día después? Ese es el día del cumpleaños de Nathan. -explico Lowell.
Fidel miro sorprendido al chico, no les había mencionado ese detalle.
-Lo lamento, pero ese día es luna llena, probablemente la magia se vea potenciada para todos y nos dé una ventaja si es necesario pelear. Tratare de compensarte de alguna manera después, Nathan. -Fidel le tomo el hombro y sonrió con cariño.
Nathan asintió.
-Espero que sea algo grande. Si no es así, te prometo que te meteré una hoja de pimentonica en la ropa interior. -amenazo Nathan con una sonrisa picara.
Todos rieron, pero Fidel sonrió algo incomodo.
-A veces olvido ese lado oscuro que tienes. -dijo Fidel incomodo.
-Eso lo hace aún más especial, chico. ¿No has pensado en que Selah trate de secuestrarte de nuevo? -interrumpió Obielus.
Obielus apareció en una esquina de la habitación, dañando el ambiente que se había generado con esa horrible posibilidad. Lowell se acercó a su amado y lo atrajo a él en un abrazo, Nathan se separó un poco para mirar a Obielus, tomo la mano de Lowell para tranquilizarlo y hablo.
-Ya he planeado algo en dado caso, nada puede salir mal. -respondió Nathan, confiado y apretando la mano de Lowell.
-Bien, solo espero que Anny no profane demasiado mi tumba, aunque siéndoles sincero ni siquiera yo sé que está allí. -explico Obielus con una mueca.
-¿Nunca entraste? -pregunto Anny con genuina incredulidad.
-No, jamás vi mi propio cuerpo ni he entrado en mi propia tumba.
-¿Por qué? ¿Acaso los espíritus no pueden ver sus propios cuerpos? -pregunto esta vez Henry.
-No podemos, parte de las condiciones de volverse un espíritu es dejar toda tu vida pasada atrás, eso incluye recuerdos, poderes y demás cosas. Solo vuelves con información básica, recuerdas tu familia, el lugar donde vivías y quien eras, pero nada más.
-¿Cómo terminaste como un espíritu, Obielus? -pregunto Lowell, tratando de distraer un poco su cabeza de los malos pensamientos que lo invadían.
-Morir me parecía aburrido.
Eso, una respuesta tan simple fue lo único que dijo Obielus mientras se encogía de hombros, los 4 chicos lo miraban confundidos.