La Marca de un Beso

Tres

Hay momentos en los que la terquedad de Allyson me estresa. Es mi amiga, y la quiero, pero a veces toma decisiones taaaaaaaaaan precipitadas; como esa vez que decidió irse a Boston, o como cuando decidió divorciarse.

En ambos casos su terquedad pudo más que todo.

En este caso, apoyo totalmente su decisión de renunciar.

—Extrañare trabajar contigo, Ally—le digo al oído, sin soltarla.

Vino a despedirse de mi, y ahora la retengo inconscientemente con un abrazo fraternal. Ni siquiera he podido contarle de mi cita desastrosa que tuve. Había salido con Germán, un amigo de la universidad. Todo estuvo lindo, salimos a cenar, nos tomamos algunas fotos, bebimos vino en su departamento… la cosa es que no pasó nada de ahí. Era extraño, todo se sintió de amigos. No hubo más.

Quería contárselo a Allyson. Tampoco es como que nunca nos volvamos a ver, pero la verdad ya me había impuesto a la idea de estar juntas todos los días.

—Yo igual, amiga—se separa de mi.

Hago un puchero en protesta, provocando que ría y en consecuencia yo también.

—Debo ir, no quiero estar tanto tiempo en ente lugar.

—Lo que no quieres es toparte con Voldermort resucitado.

—¿Voldermort resucitado? —toma una de las cajas de mi escritorio, la imito siguiéndole por el pasillo hacia su antigua oficina.

Antes de llegar me pidió que le consiguiera algunas cajas para guardar todo lo que dejó en su oficina, cosas que no se llevó por el coraje de aquel día, según sus palabras.

—Es el nuevo apodo que se ha ganado—admito.

Ver a Ryan aquel día fue se sintió como si después de que Harry Potter derrotó a Voldemort y murió definitivamente en la Batalla de Hogwarts, resucitara en la última película dando una trama sin sentido.

Solo que sin Ryan no hay historia, bebé.

—¿Quién?

—Alguien—cuando intenta preguntar de nuevo a que me refiero, la empujo evitando la pregunta—, hay que apresurarnos ¿Si? No sea la de malas y nos topemos a Jamie por los pasillos.

—Claro.

Llegamos a la oficina. Todo está en su lugar como antes de que se fuera.

He de confesar que he sido participe de un pequeño favor que alguien me ha pedido para estar más tiempo con ella.

—¿Sabias que ya casi toda la empresa sabe el rumor qué estás casada con Ryan?—comenté.

Mi intención no es que se moleste, vaya, se que probablemente lo hará. Pero así tal vez tenga la iniciativa de gritarle a Ryan qué porque esparció ese rumor y poco a poco hablen lo que necesitan hablar.

De eso que nosotros no sabemos.

—No me interesa, por fin me voy de aquí así que no me importa que creen cada una de las personas que trabajan aquí.

¿Ven cuan terca es?

Hago el ademán de guardar sus cosas, esperando a que el susodicho entre en escena. ¿Pero que esta haciendo ¿Por qué se tarda tanto?

No le vuelvo a hacer ningún favor a ese idiota.

Tocan la puerta por fin, y me hago loca cuando se asoma por ella.

—¿En que les ayudo, querida esposa y su amiga?—Allyson me mira sin siquiera voltear a verlo.

Uyyy, ya se enojó. Es hora de huir.

Llega hasta ella, abrazándola por detrás y dejando un beso en su mejilla.

—Oye, ayúdame a guardar esto de acá—le digo cuando lo suelta—. Tengo que hacer unas cosas con Eric, así que me voy— camino hacia la puerta—, qué se diviertan.

Me voy antes de que pueda reclamar. Me va a matar, pero sé que también quiere estar a solas con él aunque lo niegue.

Además, sea lo que sea que pasó, deben arreglarlo. Y conmigo presente eso no va a suceder. Rápidamente me escabullo hacia la cafetería. Se que si algo sale mal en seguida ira a buscarme a mi oficina.

En el camino me topo con Eric, camina con un panecillo en la mano, y mirando el teléfono en la otra.

Esta fuerte la declaración hoy, eh.

Mira su teléfono con el ceño fruncido.

—Vas a topar con el muro—le digo y de inmediato alza la vista deteniéndose.

—No hay ningún muro, solo estas tú.

—Para tu desgracia —me cruce de brazos—, ¿si sabes que si caminas con la vista en el móvil puedes tener o causar un accidente?

—Sí. Lo sé. Gracias por recordarme.

—Siempre es un placer recordarte las reglas.

Le sonreí, en cambio recibí de su parte una sonrisa muy forzada qué ni siquiera llegó a ser una sonrisa.

—¿Todo está bien?

—Sí.

Y pasa por un lado de mi, sin más. Casi como si evitará mi contacto.

No le di importancia. Fui por un café, aunque admito que el resto del día no deje de pensar en ese pequeño momento.

Eric no se había parado en mi oficina en ningún momento del día. Lo que también se me hizo extraño.

Hice mis pendientes tratando de olvidar aquello, y al final del día no pude más y fui a buscarlo.

Lo encontré saliendo de la oficina de Jamie, su rostro endurecido y tenso me miró un segundo antes de volver a pasar de mi como en la cafetería.

—Eric, espera—lo llamé aunque me ignoró—Eric.

No detuvo su paso hasta llegar a su pequeño escritorio qué compartía con Marlon, un tipo que le tiraba la onda a Allyson.

—Eric ¿Puedes decirme que te pasa?

—Nada—soltó seco. “Como un no te interesa”

Era obvio que le pasaba algo.

Comenzó a guardar sus papeles en una caja pequeña, noté entonces que su lado del escritorio estaba vacío de sus pertenencias.

Dios, lo hizo.

—¿Renunciaste?—solté con tristeza.

Lo extrañaré mucho. Sin Allyson y sin Eric aquí, mi estadía sería más pesada. Nada sería igual.

—Quisiera haber renunciado cuando pude—escupió.

—Si no renunciaste, ¿entonces…?

—Ahora que Allyson se fue Jamie me ha dado su puesto—murmuró, regresando por el pasillo conmigo detrás .

No sé escuchó para nada feliz, al contrario.

—¿No era lo que querías? ¿Qué te subieran de puesto?

—No—respondió tajante.

Cada vez entiendo menos.

—El Eric de hace unos meses estaría contento por ocupar ese puesto.




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