Érase una vez la historia de una marioneta de carne y huesos , que quería ser un muñeco de madera . Veía algo atractivo en la idea de no sentir, no llorar, no amar y en correspondencia, no sufrir.
El mundo es un amasijo de cosas malas. Hay días malos , gente mala , programas malos que pasan constantemente por la televisión, políticos malos , religiosos malos y sobre todo , amores malos . Amores que desgarran como garfios la carne del corazón , esos que destruyen hasta el alma y te envuelve entre cadenas oxidadas y hacen de ti un esclavo del sufrimiento y los recuerdos .
—¡Oh amada mía!— exclama nuestro héroe por las calles al caminar — mira que te busco y no te encuentro, mira que te anhelo y no te puedo tener . Si no puedes amarme al menos concédeme una petición. Llévate las cadenas con las que me ataste, con las que me enganchaste como un perro a tu amor.
Y así pregonaba la marioneta , arrastrando contra su pecho las cadenas. La gente lo miraba — Pobre marioneta desdichada , no sabe que el amor no se le da a cualquiera — decían sin cesar mientras meneaban la cabeza .
El sol se escondía de su rostro entre las nubes cuando miraba al cielo, el mundo le daba la espalda mientras él andaba , nadie quería a un muñeco de carne y hueso envuelto entre sus propios hilos hecho de gruesas cadenas oxidadas.
—Oh amada mía— pregonaba con sufrimiento el desdichado —¿por qué te busco y no te encuentro? , frecuento el lugar donde por primera vez nos vimos , la alcoba donde nos dimos nuestro primer beso . Voy por el parque , veo los perros juguetear , recuerdo cuanto te gustaba verlos . Oh amada mía, vida mía, no te escondas , sal de tu lecho .
Las cadenas se arrastraban contra el suelo , centelleaban anunciando su camino — por ahí va el olvidado de Dios , es un espectro , casi más muerto que vivo — decían las sombras que se alzaban en la acera y se apartaban al sonido de los hilos de la marioneta.
— Maldito sea este pueblo , maldita sea su gente indiferente . Disparan sin apuntar , responden antes de que se le pregunte . Me voy, me voy bien lejos , mi amada no está aquí, mi amada no es como ellos — dijo al son de la trompeta que se alzaba celebrando su despedida . Esa noche hubo fiesta en el pueblo , como nunca antes ni después la hubo en la vida.
Presurosa marioneta por los montes, va arrastrando con el peso de la culpa — Oh amada mía ¿que te hice? , si solo te amé como a ninguna en mi existencia, ¿por qué de todas las cosas que me pudiste dejar , preferiste dejarme estas cadenas? — anunciaba mientras los árboles callaban .
Presurosa marioneta por los montes, llegó un día a una carpa bien alzada — ¡Vengan todos y disfruten la velada! — decía un hombre de negro con una gran papada — Vengan a ver al ciego que mira sin ojos , el mutilado que corre sin pies , el político que no miente, el clérigo que no roba —Desdichado caminó hasta el umbral y escuchaba atentamente aquel pregón — Vengan todos a ver a estas rarezas que la naturaleza, Dios y la vida nos dio .
La mirada de los hombres se cruzaron, sonriente exclamó el gordinflón — ¿De donde vienes tú cargando esas cadenas , que te trajo hasta aquí mi buen señor.?
Era aquella la primera persona, que no le dio la espalda al escuchar su voz — Busco a mi amada, mi gran doncella, la mujer que se llevó mi corazón y me lo cambió por estas cadenas .
El cirquero dió un saltito impresionado, se aferró a su sombrero negro que también saltó — dime ¿oh hombre desdichado como puedes, caminar de un lado a otro sin corazón.?
— No lo sé , eso escapa de mi campo de interés y comprensión. Solo sé que necesito a mi amada y quitarme estas cadenas mi señor .
El gordito lo miraba sonriente y una oferta a su nuevo amigo el le dió — ¿Que te parece trabajar aquí en mi circo , ser una rareza más de mi colección.? Nunca he visto un hombre sin corazón que se mantenga en pie , ni una vida que se arrastre tanto para volver a una idílica obsesión.
El muñeco que arrastraba las cadenas , lo pensó y reflexionó , tal vez sí se quedaba en el circo , se haría famoso y su amada volvería a sus brazos como vuelven a salir las flores en la primavera .
— Acepto mi buen hombre el trato — dijo dándole la mano al gordinflón . Sonriente el viejo verde cual demonio , lo llevó adentro por las cadenas , era ahora su nueva adquisición.
" ¡Admirad la marioneta sin corazón! , vino con ligeras esperanzas pero a base de látigo, castigo y hambre se la quitamos sin ningún remordimiento . Ya no es un humano , es nuestro muñeco de madera " , anunciaba el cartel fuera del circo . Se hizo famoso , corría la voz. Y aunque en silencio a veces la esperaba , su amada nunca apareció.