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VERDADES DEVELADAS
Victoria invitó a Camila a desayunar en la panadería Danubio. Maximiliano se había excusado porque pasaría la mañana en un evento en el que su madre era anfitriona. En la terraza del local, bajo el cálido sol matutino, disfrutaban de croissants con queso, café y jugo de naranja. Victoria, con la mirada fija en las primeras planas de "La Verdad", interrumpió el silencio:
—Dime, Camila ¿Tuviste algo que ver con que el asesino se haya presentado en el juicio? —su voz estaba cargada de sospecha.
La detective la miró con sorpresa fingida.
—Victoria, no hablo de trabajo los domingos.
Pero su amiga no se dejó engañar.
—No hace falta que me lo confieses, Camila. Te conozco. Y no me cuadra nada que el asesino haya decidido declarar justo ahora.
Camila suspiró. No podía seguir ocultándole la verdad.
—No fue casualidad, Victoria, yo le pedí ayuda a René Delarrúa.
—¿Llamaste a Delarrúa? —preguntó Victoria, incrédula, mientras sorbía un trago de jugo.
—No lo llamé, le escribí. Imagino que usó sus métodos para convencer al asesino de presentarse en la corte. No me enorgullece lo que hice, pero las intrigas de Decker colmaron mi paciencia. Aún queda mucho por hacer. Debo reunir las pruebas que lo incriminen. El exgobernador todavía puede eludir la ley. Me reuniré esta tarde con Maximiliano para que me explique qué podemos hacer para evitar que salga con una fianza.
La forense frunció los labios y su sonrisa reveló una mezcla de preocupación y algo más.
—¿Te gusta Delarrúa?
—¿Por qué lo preguntas?
—Veo un brillo extraño en tus ojos. Camila, nunca me he metido en tus asuntos. Pero esta vez, voy a hacerlo. Siento que Delarrúa te atrae y no quieres reconocerlo. Tienes a dos hombres a tus pies. ¿Tengo que decirte cuál es el que más te conviene?
Camila sintió un calor subir por sus mejillas. ¿Cómo era posible que Victoria notara algo que ella misma intentaba negar?
—Victoria, aunque me gustara Delarrúa, yo no me dejaría arrastrar por mis hormonas. No actúo impulsivamente. Soy la detective de hielo, ¿recuerdas?
Victoria se rio, pero había una cierta picardía en su tono.
—¿Qué? ¿Pensabas que no sabía cómo te llamaban en la Comisaría? Sé que eres muy racional, pero hasta la detective más fría puede enamorarse. La pregunta es ¿de quién? ¿Maximiliano o Delarrúa?
Camila apartó la mirada. No quería hablar más de eso.
—No te hagas la loca, Camila. Dime, ¿cuál de los dos hace latir tu corazón?
La detective suspiró. Victoria podía ser impertinente cuando se lo proponía.
—Eso no es de tu incumbencia, amiga —dijo, sonriendo, pero su voz no sonaba tan segura como antes.
—Como quieras, pero si no me lo dices, no serás la madrina en mi boda.
—¿Boda? ¿Qué boda?
Victoria, sin más preámbulos, reveló el motivo de su invitación. Con una sonrisa radiante, le mostró a Camila el anillo que lucía en su dedo. Había aceptado la propuesta de matrimonio del toxicólogo. Sorprendida, Camila la felicitó y expresó su deseo de conocer pronto a su futuro cuñado.
—¿Por qué no lo dijiste antes?
—Han sido semanas muy duras, y hemos estado saturadas de trabajo. Además, Armando recién me entregó el anillo ayer. Ni siquiera mis padres lo saben todavía. Creo que se alegrarán de que deje atrás mi vida libertina —y soltó una carcajada.
Ambas amigas celebraron la feliz noticia, dejando a un lado, al menos por un momento, las preocupaciones del caso que las había mantenido ocupadas.
El apartamento estaba silencioso. Camila se acercó a la ventana y miró hacia afuera. La ciudad estaba sumida en un profundo sueño, pero para ella, la noche era apenas el comienzo. Había una llamada que había estado postergando, y para hacerla le había pedido el celular a Victoria, el suyo seguía intervenido por los de antinarcóticos. Se sentó a la orilla de la cama y marcó el número de Delarrúa.
—Habla Camila…
Del otro lado de la línea, una voz ronca respondió.
—Sé quién habla.
La detective, por un breve instante, se sintió como una tonta.
—Quería agradecerte por tu intervención en el caso. Sin tu ayuda, Vicente Soler estaría hoy en la cárcel.
Hubo un silencio en la línea, y luego la voz de Delarrúa respondió, con una sonrisa.
—Camila... siempre tan directa. Pero no me agradezcas a mí. Agradece a tu instinto de detective. Fuiste tú quien descubrió la verdad.
Camila sonrió a pesar de sí misma.
—Quizás. Pero tú fuiste quien me dio las herramientas para confirmar mis sospechas.
—Siempre estaré a tu disposición, detective. ¡Fue un placer! Lo único que lamento es haberte sacado de tu burbuja de idealismo. El mundo no es tan recto como debería ser.
—Sigo siendo idealista, aún creo en los valores y principios. Pero pedirte ayuda me hace cuestionar lo que hago. Creo que necesito tiempo para reconsiderar mis prioridades.