La Máscara del Lobo

Capítulo 1

—Por favor, Linda. No estés así —Le rogué mientras la seguía por los caminos de la escuela. Desde que inició el día me había ignorado, suponiendo yo que había visto las noticias.

—¿Cómo quieres que no esté así si te la pasas quemando edificios? Y por favor, Axel, no me sigas, esto es vergonzoso —Me dijo con su dulce voz.

—Vamos, solo han sido dos veces y ninguna ha sido mi culpa —casi gritaba para llamar su atención.

Linda descubrió mi secreto en los inicios de mis exploraciones urbanas. En aquella ocasión me encontré con unos pandilleros que trataron de asaltarla al volver a casa, los enfrenté sin miedo, creyendo que serían fáciles, pero terminé con un cuchillo en mi costado. En ese entonces aun no sabía usar bien mis habilidades, pero les di una paliza y la policía los atrapo. Sin embargo, sin querer, me quede con el cuchillo como recuerdo. No sabía que hacer, estaba asustado, me alejé de ahí pensando que si me quedaba descubrirían mis poderes, después caí en cuenta que pude hacerme la víctima y ser atendido en el momento.

De haber hecho eso nunca nos hubiéramos conocido. Ella me siguió hasta el rincón donde traté de hacer algo con el cuchillo, pero el dolor me hizo llorar en silencio. Me ayudó esa noche, sacó el arma y me hizo una costura en la herida. Sabemos que sobrevivir fue un milagro, pues muchas cosas pudieron salir mal. Platicamos por un largo rato descubriendo que estudiábamos en la misma escuela, le conté todo lo que me pasó y ella prometió guardar el secreto y para mi sorpresa me ayudó con una buena mascara hecha con la impresora 3D de su padre. Colocándole algunas etiquetas por encima que daban la silueta de una cara de lobo.

—Cierra la boca, Axel —Finalmente me dio la cara. Una cara muy bonita, por cierto, con unos grandes ojos marrones y unas mejillas rosadas. A eso le agregábamos su largo cabello, y que no tenía en su cuerpo una pizca de fealdad, era el deseo de muchos de mis compañeros. Para mí no, desde que la conocí la vi como una gran amiga y mi Alfred en mi vida como El Lobo—. ¿Quieres que te descubran?

—¿Qué tendría de malo que sepan que un chico de diecisiete años que cursa tercer semestre de preparatoria es el héroe de la ciudad? —respondí con sarcasmo, pero ella se limitó a mirarme con severidad—. Está bien entendí, pero déjame explicarte que fue lo que pasó.

—Lo que pasó es que estuve toda la noche preocupada porque hubo una explosión en un edificio ¡En la zona más peligrosa de la ciudad!

—Ahora eres tú la que grita —Me burlé de ella. Haciéndola molestar y que sus mejillas se rosaran aún más, parecía una niña emberrinchada.

—No creo poder más con esto, Axel —Me dijo tomándose la frente, por lo que sonreí sin que me viera. Se estaba relajando, sacó todo eso que la presionaba—. Creo que una pizza me quitaría este estrés que tú y El Lobo me causan.

—Una pizza será —Le dije contento. La campana para entrar a clases sonó, por lo que me alejé rápido—. Nos vemos en la salida a la salida.

—Si Axel, en la salida a la salida.

Desde el día que le conté mi secreto me ha apoyado, me ha regañado y creo que me ha manipulado, pero aún sigo investigando eso. El punto es que me alegra mucho tenerla conmigo.

Volví a mis clases como cualquier estudiante. El instituto contaba con seis edificios construidos uno detrás de otro sobre una colina. El primero era usado para las actividades administrativas, separado por una explanada del segundo. Tenías que subir muchas escaleras para llegar hasta el último edificio, aquel que nadie quería y que estaba olvidado por la mano de Dios, el mismo a donde me dirigía.

Lo tomaba como parte de mi rutina de ejercicios diaria, esperando hasta el último minuto para salir corriendo escalera arriba y llegar a mi salón de clases en el segundo piso antes que mis profesores. Al entrar al salón de clases me dirigí a mi lugar, al final de la primera fila, en una esquina recóndita. Junto a mi silla había un grupo de tres muchachos, platicando entre ellos con mucha emoción, haciendo ademanes que daban pena viéndolos desde lejos.

—¡Axel! —gritó uno de ellos con tanta alegría que atrajo la atención de los demás por un segundo. El muchacho se levantó de su lugar y camino hacia mi con los brazos extendidos—. Oye, amigo —me dijo con un tono de complicidad—. Te vi correteando a tu novia otra vez.

—Ya te he dicho que no es mi novia, Roman —Aquel chico de barba insípida y dientes desalineados era uno de mis pocos amigos, de los que me soportaban como Axel cuando estaba en la escuela.

—¿Entonces cuando me la vas a presentar? —Me preguntó desesperado—. Por favor, por favor, Axel, te lo ruego, ayúdame a tener una cita con él.

—¿Crees que un cara larga como tu tiene oportunidad con ella? —Se burlo Otto, nuestro amigo de gran volumen, como solíamos referirnos a él en broma.

—Mas que un mantecoso como tú, claro que si —Roman no se quedó atrás en su ofensa, mientras que Julian no podía parar de reírse, ahogándose con su propia saliva en un punto—. ¿Tu de que te ríes, Pulga?

—Que creen tener oportunidad con una diosa como Linda —Julian se reclinó sobre su asiento, alzando los pies sobre la mesa, aprovechando su baja estatura para tener una posición tan cómoda—. Oye Axel, ¿no tienes miedo de que te reporte por acoso?

—La creo capaz de hacerlo —respondí mientras me dirigía a mi asiento, pasando de ellos—. De hecho, me sorprende que no lo haya hecho aún.



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En el texto hay: drama, accion con poderes

Editado: 28.11.2025

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