La Máscara Perfecta

Capítulo 4: La Duda que Crece

El campus de la universidad estaba cubierto por una tensión invisible.

Aunque los días pasaban, el asesinato del profesor Matthias no dejaba de ser el tema principal de conversación.

La investigación continuaba, pero sin respuestas claras.

La policía interrogaba a más personas.

Los rumores se volvían más oscuros.

Y la sombra de la paranoia se extendía por cada rincón.

Pero había una persona que no podía dejar de hacer preguntas.

Y esa persona era Eva.

Porque mientras todos los demás intentaban seguir con su rutina, ella sentía que algo no encajaba.

Y su instinto le decía que debía averiguar la verdad.

Eva nunca se había considerado alguien obsesiva.

Pero algo en este caso la hacía sentirse inquieta.

No solo porque Matthias había sido asesinado.

Sino porque todo en su muerte parecía diseñado para dejar más preguntas que respuestas.

La policía insistía en que había sido un ataque impulsivo.

Que probablemente Daniel Laurent lo había matado en un arrebato de ira.

Que todo era más simple de lo que parecía.

Pero Eva no lo creía.

Había demasiadas piezas que no encajaban.

Y lo peor de todo…

Era la forma en que Clarens seguía tan tranquilo.

Eva no podía ignorarlo más.

Necesitaba hablar con Clarens.

Saber si él también sentía que había algo extraño en todo esto.

Así que lo buscó en la biblioteca, donde solía estar a esa hora.

Y, como siempre, él estaba ahí.

Sentado junto a la ventana, con una taza de café y un libro en las manos.

Parecía la imagen perfecta de la tranquilidad.

Pero Eva sabía que la perfección siempre oculta algo.

—¿Me estás siguiendo, Eva? —preguntó Clarens con una sonrisa cuando la vio acercarse.

Su tono era relajado, incluso juguetón.

Pero Eva no estaba de humor para juegos.

Se sentó frente a él y cruzó los brazos.

—Quiero hacerte una pregunta.

Clarens dejó su libro sobre la mesa y la miró con interés.

—Te escucho.

Eva sostuvo su mirada.

—¿Realmente crees que Daniel Laurent es el culpable?

Clarens inclinó la cabeza con una leve sonrisa.

—No lo sé. No tengo suficiente información.

—¿Y no te parece extraño?

Clarens arqueó una ceja.

—¿El qué?

Eva entrecerró los ojos.

—Todo. Cómo están apresurando las cosas. Cómo todos parecen dispuestos a creer lo primero que les dicen.

Clarens tomó un sorbo de su café antes de responder.

—La gente quiere sentirse segura. Necesitan una respuesta.

Eva exhaló un suspiro frustrado.

—Pero, ¿qué pasa si la respuesta es la equivocada?

Clarens apoyó los codos sobre la mesa y la observó en silencio.

Luego, sonrió.

—¿Tienes otra teoría?

Eva vaciló.

—No lo sé. Solo tengo la sensación de que algo no está bien.

Clarens asintió lentamente.

—A veces, el miedo nos hace imaginar cosas que no están ahí.

Eva sintió un escalofrío.

Algo en su tono, en su expresión, no encajaba.

Era casi como si…

Él supiera más de lo que decía.

Esa noche, Eva no pudo dormir.

Las palabras de Clarens seguían resonando en su mente.

A veces, el miedo nos hace imaginar cosas que no están ahí.

Era una frase sencilla.

Pero la forma en que la había dicho…

La forma en que la había mirado cuando lo hizo…

Eva no podía quitarse la sensación de que Clarens estaba ocultando algo.

Así que tomó una decisión.

Si su instinto le decía que algo no encajaba, entonces seguiría su instinto.

No importaba si no tenía pruebas.

Empezaría a observar más de cerca.

Y si Clarens tenía un secreto…

Lo descubriría.

Mientras tanto, en su apartamento, Clarens también pensaba en Eva.

No le gustaba la forma en que lo miraba últimamente.

No con miedo.

Ni con desprecio.

Sino con curiosidad.

La curiosidad podía ser un problema.

Porque significaba que estaba buscando algo.

Y cuando la gente busca demasiado…

A veces encuentra lo que no debería.

Se sirvió una copa de vino y observó la ciudad por la ventana.

Su mente analizó cada posibilidad.

Cada riesgo.

Cada opción.

Y llegó a la única conclusión posible.

Si Eva seguía indagando, tendría que detenerla.

De una forma u otra.

Porque en su mundo, las preguntas no debían quedar sin respuesta.

Y si ella estaba demasiado cerca de la verdad…

No podía permitirlo.

Eva había entrado en su juego.

Pero ella aún no sabía las reglas.

Y en su mundo, solo había un ganador.




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