La Máscara Perfecta

Capítulo 5: La Quietud después de la tormenta

Una noche, Clarens se encontró con Robert en un lugar apartado. La tensión era palpable, la atmósfera cargada de electricidad. Robert sabía que Clarens conocía su secreto, que sabía la verdad sobre su pasado. Y Clarens sabía que Robert era un hombre peligroso, un hombre capaz de cualquier cosa. La confrontación era inevitable.

La lucha fue brutal, un choque de titanes en la oscuridad. Robert era fuerte y hábil, pero Clarens era más astuto y más despiadado. La pelea se prolongó durante horas, un duelo a muerte en el que ambos hombres se jugaban todo. Y al final, fue Clarens quien salió victorioso.

Robert yacía muerto en el suelo, su secreto enterrado con él. Clarens lo observó por última vez, sintiendo una mezcla de alivio y satisfacción. Había hecho justicia, había castigado a un hombre malvado que se creía intocable. Y aunque sabía que su camino era peligroso y solitario, no se arrepentía de nada. Él era el filtro, el que limpiaba la escoria de la sociedad. Y mientras la ciudad seguía con su vida, ajena a la oscuridad que la rodeaba, Clarens se preparaba para su siguiente cacería.

cuerpo de Robert yacía inerte en el suelo, su mirada fija en la oscuridad. Clarens lo observó por última vez, una mezcla de alivio y satisfacción inundando su ser. Había hecho justicia, había castigado a un hombre malvado que se creía intocable. Pero en su interior, una voz susurraba que su trabajo no había terminado. Aún quedaban muchos monstruos sueltos, depredadores que se escondían a plena vista, amparados por la impunidad y el poder.

La lluvia continuaba cayendo, lavando cualquier rastro de su presencia. Clarens se alejó del lugar, su silueta fundiéndose con la oscuridad de la noche. La ciudad seguía durmiendo, ajena a la danza de sombras que se desarrollaba a su alrededor. Él, el cazador solitario, se adentraba en la noche, listo para su próxima cacería.

La mente de Clarens era un laberinto de nombres, rostros y crímenes. La lista de aquellos que merecían su "justicia" era extensa, una colección de almas corrompidas que se aprovechaban de los débiles e indefensos. Pero Clarens no actuaba por impulso, no se dejaba llevar por la ira o el resentimiento. Cada objetivo era cuidadosamente seleccionado, investigado y analizado.

En esta ocasión, su atención se centraba en una mujer llamada Elena. Una figura prominente en la sociedad, dueña de una cadena de hospitales y clínicas. Elena era conocida por su filantropía y su compromiso con la comunidad. Pero Clarens veía más allá de la fachada.

Detrás de la máscara de la bondad, Elena ocultaba un lado oscuro y despiadado. Sus hospitales eran lugares de sufrimiento y muerte, donde los pacientes eran maltratados y abandonados. Se rumoreaba que Elena experimentaba con seres humanos, que utilizaba a los enfermos como conejillos de indias para probar nuevos tratamientos y medicamentos.

Clarens sintió una profunda repulsión al conocer la verdad. Elena era un monstruo con piel de cordero, una depredadora que se alimentaba de la desesperación y la vulnerabilidad de los demás. Y Clarens sabía que tenía que detenerla.

La cacería de Elena sería diferente. No podía simplemente desaparecerla en la oscuridad de la noche. Su desaparición levantaría sospechas, atraería la atención de los medios y las autoridades. Clarens necesitaba un plan más elaborado, una estrategia que le permitiera desenmascararla y llevarla ante la justicia.

Decidió infiltrarse en su círculo íntimo, ganarse su confianza y exponer sus crímenes ante el mundo. Sería un juego peligroso, una danza en la cuerda floja, pero Clarens estaba dispuesto a correr el riesgo.

Clarens adoptó una nueva identidad, un nombre falso y una historia inventada. Se acercó a Elena con cautela, presentándose como un hombre de negocios influyente y adinerado. Elena, ávida de poder y reconocimiento, no tardó en caer en su trampa.

Poco a poco, Clarens se fue ganando su confianza, convirtiéndose en un miembro más de su círculo íntimo. Asistía a sus fiestas, compartía sus cenas, escuchaba sus confidencias. Y mientras tanto, recopilaba pruebas, grababa conversaciones, documentaba cada uno de sus crímenes.

Llegó el momento de actuar. Clarens había reunido pruebas irrefutables, documentos, testimonios, grabaciones. Tenía todo lo necesario para desenmascarar a Elena y exponer su verdadera naturaleza.

Organizó una cena en su mansión, invitando a los personajes más influyentes de la ciudad. Elena estaba radiante, feliz de tener a Clarens a su lado. Pero lo que no sabía es que esa noche su mundo se derrumbaría.

Durante la cena, Clarens interrumpió la conversación y pidió la atención de todos. Con voz firme y serena, comenzó a relatar los crímenes de Elena, mostrando las pruebas que había recopilado. La sala quedó en silencio, la incredulidad y el horror reflejados en los rostros de los invitados.

Elena intentó negar las acusaciones, pero sus palabras se perdieron en el torbellino de pruebas que Clarens había presentado. Su máscara de bondad se rompió en mil pedazos, revelando el monstruo que se escondía debajo.

La justicia no tardó en llegar. Elena fue arrestada y llevada ante los tribunales. Sus crímenes fueron expuestos ante el mundo, su reputación hecha trizas. Clarens había logrado su objetivo. Había desenmascarado a una depredadora y la había llevado ante la justicia.

Pero su trabajo no había terminado. Aún quedaban muchos monstruos sueltos, y Clarens estaba listo para cazarlos. La danza de las sombras continuaba, y él, el cazador solitario, se adentraba en la noche, en busca de su próxima presa.

A la mañana siguiente, la desaparición de Robert no pasó desapercibida. Sus colegas en la policía comenzaron a preocuparse al no tener noticias de él. Miller, el detective a cargo del caso de Dennis, sintió un escalofrío al enterarse de la noticia. Dos desapariciones en tan poco tiempo, y ambas con un denominador común: el vecindario de Clarens.




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