◇◇ Jarrel ◇◇
Desde temprano estaba fuera del edificio donde residía Linda, solo esperaba su llamada para ir por ella, y aunque la paciencia no es la virtud de Darek no le quedó de otra que esperar.
Estaba alerta por si el rogues se aparecía. Las horas seguían pasando y mis ganas de ir a buscarla y llevármela en contra de su voluntad tomaban fuerza.
—¡Si no te llama!
—Voy por ella Derek, no me queda de otra.
—Y si vamos ya por ella, no puedo con este desespero.
—Y tú me estas desesperando a mí, te dije que le íbamos a dar hasta media noche.
—¿Cuándo hablamos de ello no lo recuerdo?
—Olvídalo, déjalo en mis manos —con eso Darek se tranquilizo un poco.
Miraba mi reloj a cada minuto al igual que el teléfono, lo vi iluminarse y mi corazón se aceleró, no espere ningún segundo y contesté, al escuchar la voz de linda decir que aceptaba mi trato casi salto de la alegría, ella se iba ir conmigo.
—Gracias diosa luna, gracias —decía Darek saltando. —Ve por ella antes que se arrepienta —sacudí mi cabeza y le respondí al escuchar su voz.
Después de ir por ella conduje hasta el hangar, subimos al Jet.
En mi mente había un solo propósito ganarme un lugar en el corazón de Linda, hacerla sentir la mujer más especial de este mundo, y cuidarla de lo que sea, sobre todo de ese perro rastrero.
La miro dormir, nuestras manos aun sigue enlazadas, levanto un poco nuestras manos y deposito un beso en ella, una sonrisa casi imperceptible se dibuja en la comisura de sus labios.
Cierro mis ojos para poder descansar un rato.
—Me siento feliz de poder tener a mi mate conmigo, si la Luna y el Alpha no hubieran insistido no la hubiéramos encontrado y ella seguiría sufriendo bajo el yugo de ese Rogues.
—Así es Darek hay que estar preparado, estoy seguro que pronto averiguara quien soy y no podemos poner a Linda en peligro.
—Lo sé perfectamente y como también podrá sospechar que ella es la mate del Beta y eso la hará correr riesgos mucho más.
—Eso es lo que me tiene preocupado Darek, si él llega a sospechar que es nuestra destinada Linda podrá estar en peligro, además de ello tenemos enemigos y no quiero que ella esté involucrada en nada.
—Ya es demasiado tarde, ya nos tienen con ustedes —dice una voz, abro mis ojos y miro a Linda.
—Linda estas despierta —se remueve un poco, suelto su mano me levanto y la tomo en brazo.
La llevo a la habitación y la acuesto en la cama, al igual que a Estrella.
—Déjame embriagarme con su olor —Pide Darek.
—Esta bien.
Me acerco a su cuello y aspiro su aroma, me dejo embriagar por el, cierro mis ojos, es el aroma más delicioso que olido en estos mil años de búsqueda.
No puedo creer que al fin la tengo conmigo, que al fin tenga a mi destinada conmigo, me parece irreal… ella está conmigo.
—Al fin la tenemos con nosotros y no me importa contra quien tenga que enfrentarme por ella.
—No creo que lleguemos a ese extremo Darek.
—Pero si es así no tendré compasión. Ante tenemos una dura tarea ¿no es así? no será fácil ganarnos su corazón.
—Si, supongo —ambos suspiramos.
(°-°) ****** (°-°)
Horas después estábamos abordando el auto para ir a la manada.
—¿Vives demasiado lejos?
—Si, serán dos horas en auto, disfruta del paisaje es hermoso, tal vez el fin de semana las lleve a conocer un poco más de este hermoso lugar —sus ojos se iluminan.
—Escuchaste eso mi amor —Sonríe, pero de inmediato su sonrisa se apaga. —no creo que sea buena idea salir por hay.
—¿Por qué no? —pregunto, aunque ya se cual es su temor.
—Él nos en… —tomo su mano.
—A mí lado no vas estar escondiéndote Linda, a mí lado vas a disfrutar, conocer y hacer lo que tu quieras. Te dije que te protegeré y eso es lo que haré de acuerdo —Asiente, levanto una ceja.
—Si —Me sonríe al igual que Estrellita.
A medida que avanzaba en la carretera le iba mencionando el nombre de cada lugar, nos adentramos al área boscosa que nos llevaba a la manada, ambas miraban con asombro todo.
En cuanto nos adentramos a la manada Linda parecía ida, era como si estuviera en algún trance.
—¿Son aldeas? —pregunta de repente.
—podría decirse que si, cuando quieras podemos venir.
—Sí, son hermosas —Asentí, conduje hasta mi casa.
Baje del auto, lo rodee y la ayude a bajar.
—¡Jarrel al fin llegaste! —Amanda corre hacia mí como niña pequeña, se lanza hacia mí quedando guindada a mí cuello y sus piernas se enroscan en mi cadera. —te extrañe tanto, ¿Por qué no me esperaste?, yo hubiera ido contigo —dice haciendo pucheros, giré mi cabeza hacia linda quien miraba la escena con un atisbo de tristeza. —¿Y está quien es?