♧♧ Linda ♧♧
—Linda —giro hacia la voz. —te cortaste —dice con preocupación, miro mi mano y suelto el cuchillo. —Tranquila déjame limpiarla.
No sé en qué momento me corté, como es que no sentí dolor.
—Jarrel yo solo… no sé cómo paso, lo siento.
—No te preocupes todo está bien —envuelve mi mano en un pañuelo. —te duele —Asiento.
—No quiero recaer, no quiero lastimarme más —digo al borde de las lágrimas.
—No lo harás, trabajaremos en ello de acuerdo —Asiento. —iré por el botiquín, ven siéntate —tomo asiento en uno de los taburetes.
Hace años atrás me lastimaba para no sentir dolor, pero desde que Estrellita llego a mi vida dejé de hacerlo, no pude haberlo hecho no siento dolor solo es ira.
—Deja de pensar que él no te encontrara y no le des importancia a esa mujer.
—A ver esa mano —Jarrel toma mi mano y limpia la sangre. —solo es el dedo no es nada grave. Pero quiero que me digas porque dijiste que no quieres recaer.
—Yo solía lastimarme antes, pensé que era eso —digo mirándolo a los ojos perdiéndome en su color miel. —debemos regresar ya iba a echar las rodajas de limón.
—Déjame ponerte una venda —con delicadeza me coloca el algodón con un pedazo de adhesivo. —estas son las rodajas.
—Sí, y tome las hojas de menta que tenías.
—Luego compraremos más —ambos salimos, reparto la limonada me parece extraño no ver a Amanda por aquí.
Al ver la venda Estrellita me pregunta si me hice daño, le sonrió y le respondo con un sincero si, se acerca a mí y me da un beso, regresa a jugar con Eiden mientras que nosotros seguimos charlando. Charlamos por media hora más hasta que él hermano de Jarrel se marcha.
—Nos vamos —dice Jarrel tomando a Estrellita.
—¿Para dónde? —pregunto confundida.
—De compra, hay que arreglar la habitación de Estrellita comprar juguetes, ropa y muchas cosas más —Abro mi boca para refutar. —y no quiero escuchar no es necesario y ninguna objeción estamos.
—De acuerdo como usted diga —me sonríe, ese gesto me hace sentir algo raro en el pecho, mi corazón late desenfrenado.
—Perfecto —dice saliendo de la casa.
Subimos al auto y él conduce hacia la ciudad fue lo que dijo.
Al llegar al lugar nos adentramos a varias tiendas donde Jarrel le compró de todo a Estrellita y luego vino mi turno, aunque no quise no me quedo de otra que aceptar.
Los días siguientes fueron de cambios para los tres, aunque nosotras apenas nos estábamos acostumbrando a este lugar yo sentía que pertenecía tanto al lado de Jarrel como al bosque que nos rodeaba.
Es algo loco sentir que tú lugar es al lado de un desconocido que apenas estás conociendo, pero así me sentía, además de ello me encantaba ver a Jarrel y a Estrellita compartiendo como si fueran padre e hija, tantas veces rogué para que Rafael estuviera, aunque sea unos minutos de esa forma con ella, pero nunca lo hizo y verla así con Jarrel me da miedo, no me gustaría que ella piense que ese es su padre y que se encariñe tanto con él.
Sonrió al ver a Jarrel correr detrás de ella, Jarrel la atrapa y la carga, ambos me animan a jugar con ellos, pero por más que les digo que no Estrellita me convence.
Corro de un lado a otro al igual que ellos, me escondo detrás de los árboles para que Jarrel y Estrellita no me vean.
—Tú te vas por ahí y yo me voy por acá —escucho decir a Jarrel.
—No si me atrapan —salgo de detrás del árbol y corro para escapar de ellos, pero en vez de eso termino chocando con el pecho fornido de Jarrel.
—Te tengo —dice tomándome de la cintura, Estrellita aplaude al verme atrapada.
—Ya es suficiente debo ir a preparar la cena.
—Aquí tienes dos ayudantes. Verdad princesa.
—Que bien, necesito mucha ayuda.
Después de cenar preparo a Estrellita para dormir, la acaricio y le pregunto si está feliz, ella me sonríe ampliamente alegando que quiere mucho a Jarrel.
—Y yo también ¿te quiero mucho a ti mi princesa —Jarrel se asienta al otro lado de la cama. —Ahora a descansar que mañana nos espera un día maravilloso. —jugaremos a las atrapadas me encanta ese juego —Jarrel se acerca y le da un beso, tal gesto hace que se me arrugue el corazón y las lágrimas broten.
—Descansa mi corazón —digo con voz quebrada.
—No te sientas triste Linda.
—No es tristeza Jarrel —miro a Estrellita y luego lo miro a él.
—¿Y que es dime? —seca las lágrimas que se me escaparon.
—Es que jamás la había visto divertirse tanto, estos días he visto cambios en ella, pero tengo miedo Jarrel —acaricia mi rostro.
—Ven hablemos fuera —me guía fuera de la habitación y me lleva a la sala, se sienta a mi lado. —de que tienes miedo Linda.
—A que ella se acostumbre a ti, a que ella crezca pensando que eres… que eres su padre.
—Yo no le veo problema a ello Linda, yo estoy encantado de ser su padre y que ella me vea de esa forma.
—Es que no lo entiendes, Jarrel —me levanto. —No lo ves ella te está tomando afecto y eso es malo.
—¿Es malo por qué? yo estoy dispuesto a ser la figura que ella quiere que sea en su vida, no me importa que me ponga como él tío, o su primo lo seré con tal de verla feliz y sonriendo.
—Jarrel.
—Y tú Linda que quieres que sea para ella y para ti —lo miro a los ojos.
—Estamos hablando de Estrellita no de mí, ella te quiere y no quiero que se desilusione luego al ver que tú tendrás tu propia familia, tus hijos, esto es solo temporal Jarrel y…