La mate del Beta

Capítulo 19.

 

Linda.

 

Siento una mano posarse en mi cadera, me tenso al sentir el olor de su colonia, mi corazón late desenfrenado, deposita un beso en mi cuello que me hace estremecer.

 

—Estás tan hermosa —el calor de su aliento en mi cuello hace que mi piel se erice —no sabes cómo te extrañe mi amor —trato de girar hacia él, pero me lo impide pasando su brazo por mi cintura y pegándome a su cuerpo. —hueles tan delicioso como la primera vez que nuestros caminos se cruzaron, ¿lo recuerdas amor? —dice pasando su nariz por mi cuello.

 

—¿Có… cómo? —logro articular ignorando su pregunta.

 

—Eres mía Linda, no puedes estar lejos de mí —acaricia mi antebrazo.

 

—¿Por… por… qué? —mi cuerpo tiembla ante su contacto.

 

—¿Por qué, qué Amor?

 

—¿Por qué estás aquí, como me encontraste, Rafael?

 

—Como adoro escuchar mi nombre salir de tus labios —me gira hacia él haciéndome chocar contra su pecho, quedamos frente a frente, se ve tan diferente, tan guapo, es como si haya regresado cinco años atrás y está igual al hombre del que me enamore una vez. —porque eres mía Linda, porque no hay lugar donde te puedas meter que yo no pueda encontrarte —dice pegando su rostro al mío. —¿Dónde está ella? —supongo que se refiere a Estrellita.

 

—Está segura.

 

—Vamos por ella.

 

—No iré contigo a ningún lado —digo tomando seguridad de no sé dónde.

 

—Me vas a replicar –me presiona más contra su cuerpo, trato de soltarme, pero no puedo.

 

—¡Rafael! —gimoteo.

 

—No lo hagas Linda —su rostro empieza a tomar otra forma.

 

—Rafael por…

 

Sus labios se posan sobre los míos y lo empieza mover con desespero, lleva su mano atrás de mi cuello para profundizar más el beso, sus labios se mueven con tanta ferocidad que me hace nublar la razón, empiezo a mover mis labios a su ritmo, pero un pequeño recuerdo de un beso con Jarrel me trae a la realidad.

 

Lo que me lleva a preguntar ¿Cuándo me bese con Jarrel?, como puedo pongo mis manos sobre su pecho en vez de empujarlo recorro su pecho fornido, cierro mis ojos.

 

—Despierta, Linda, recuerdas a quien estas besando —abro mis ojos de golpe.

 

—Ya basta Rafael suéltame —digo empujándolo.

 

—No te voy a soltar, eres mía como te lo hago entender vamos por nuestra hija.

 

—No seas sínico, tú no quieres a Estrellita —digo golpeando su pecho. —ya déjame en paz, déjanos ser libre, te lo pido —me estrecha contra su pecho.

 

—Se que te hice daño, te mentí y he hecho muchas cosas malas, pero te quiero conmigo, las quiero conmigo amor —dice acariciado mi espalda. —te prometo que esta vez te daré todo lo que una vez te prometí amor —toma mi rostro para que lo mire y seca mis lágrimas.

 

Lloro porque muchas veces quise escuchar de sus labios todo lo que me dice ahora, no de la forma como lo dice, pero sí de la manera tan cariñosa como me habla.

 

—¿Por qué ahora Rafael?

 

—Porque sin ti no soy nada Linda, te necesito a mi lado —niego y lo vuelvo a golpear, toma mis manos y las besa. —perdóname.

 

—No te creo nada, Rafael, suéltame.

 

—《No》—Grita, abro mis ojos. —Lo siento nena —mueve su nariz. —maldito perro, me tengo que ir te prometo que vendré por ustedes —dice besándome.

 

Se aparta y se aleja dando grandes zancadas, mientras yo estoy estática con mi mirada fija en el lugar por donde desapareció.

 

—Linda estas bien, Linda —empiezo a respirar con dificultad mi pecho sube y baja.

 

—Él está aquí —susurro, siento unos dedos cálidos sobre mi mejilla.

 

—Mírame, ya paso, ya estoy aquí —me abrazo al cuerpo de Jarrel.

 

—Lo siento Jarrel, lo siento tanto —digo angustiada, una parte de mí siente qué le fallo. —Quiero irme —Jarrel pasa su mano por mi cintura y me guía hacia la salida.

 

Me siento una tonta, una cobarde, una traidora, me siento horrible por corresponder el beso de Rafael, es que se veía tan irresistible como la vez que lo conocí, como pude caer tan bajo, siento que he traicionado a Jarrel y a mi misma, pero no sé porque lo he traicionado, me siento tan miserable.

 

—Jarrel lo siento tanto no debí aceptar venir contigo —se detiene y me mira al igual que yo a él, aparto mi mirada de la suya.

 

—No digas eso Linda, por favor.

 

—Ella tenía razón, solo te voy a poner en peligro —digo inclinando mi cabeza.

 

—No es así, él que te dijo eso se equivoca —niego.

 

—Solo quiero ir junto a mi hija —siento que ella es mi único soporte.

 

—De acuerdo —terminamos de bajar las gradas bajamos al salir el auto de Jarrel ya esta aparcado, subimos al auto.

 

Mi mente da vueltas a mi encuentro con Rafael es que no entiendo cómo dio conmigo, lo odio, me odio a mi misma por todo.

 

Jarrel conduce sin decir nada y aprecio que no pregunte nada porque no sé qué responderle, al llegar a la casa él me pide que me quede en el auto, busca a Estrellita quien duerme plácidamente aun…

 

Al llegar a casa la acomodo en su habitación depósito varios besos en su mejilla.

 

—Ve a descansar —me dice con tono calmado.

 

Salgo de la habitación seguido por él, entro a mi habitación, me detengo y giro hacia él.

 

—¡Jarrel! —Lo llamo logrando detener sus pasos. —perdón siento que te fallé, pero no sé porque —digo caminando hacia él.

 

—No tengo que perdonarte Linda, en cambio yo si debo pedirte disculpas —toma mis manos y la lleva a su pecho. —sé que te fuiste porque escuchaste algo de mi conversación con Amanda, no sé qué fue, pero debes creer en mi cuando digo que no quiero nada con ella, yo ya tengo alguien más que me interesa y esa eres tú —abro mis ojos. —es muy pronto lo sé, estás lidiando con lo de tu expareja, tienes temor, pero créeme que yo te protegeré de él y de quien sea.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.