La mate del Beta

Capítulo 20.

NARRADOR OMNISCIENTE.

 

Rafael, estaba dispuesto a llevar a Linda consigo. No podía creer que esa bella mujer era la mujer que él había elegido para pasar el resto de su vida, estaba tan hermosa se percato de lo tonto que había sido durante todo esos años, por más que pensó una y otra vez llevarla así sea a la fuerza no podía ya que la pequeña no estaba con ella. Sabía que debía marcharse cuanto antes, pero no sin antes saborear el delicioso néctar de sus labios, esos labios que lo enloquecieron desde la primera vez que los probó.

 

Se marchó al sentir el olor del Beta, sabía que era mejor dejarla por ahora, pero pronto la llevaría con él ese era su pensamiento.

 

Quiso hacer de Linda una mujer fuerte debido a lo que es ahora un "PÍCARO" ellos no son iguales a los lobos que pertenecen a una manada, estar fuera de una manada los convierte en salvajes y su naturaleza cambia, por ello debía y quería hacer de Linda una compañera fuerte y decidida. Se lamentaba no hacer las cosas como lo había planeado, pero de una cosa estaba seguro que la tendría de vuelta pronto.

 

Bajo cada peldaño maldiciendo para sus adentros, al llegar abajo fue interceptado por una despampanante castaña de ojos verdes.

 

—Así que tú eres la pareja de la mate del Beta —dijo ella acercándose.

 

—¿Quién eres? —preguntó Rafael.

 

—Yo, soy alguien muy interesada en el beta, podemos unir fuerzas tú te llevas a la mujer y yo me quedo con el beta —dijo con seguridad.

 

—No sabes con quién te estás metiendo.

 

—Es cierto, pero con tal de tener lo que es mío, estoy dispuesta a unir fuerzas con quien sea, hasta soy capaz de matar —Rafael frunció el ceño y miró a la mujer de arriba abajo.

 

—¿Así que te interesa el Beta? —la mujer asintió.

 

—Así como a ti te interesa la mujer que está a su lado —la mujer sonríe ampliamente.

 

—Así que tenemos algo en común —Rafael la escanea por algunos segundos y dirige su mirada al balcón donde se encontraba Linda hace minutos atrás.

 

—Sí, pero a mi me interesa que ellos se separen debes llevarla cuanto antes.

 

—Yo me la llevaré cuando quiera no cuando tú digas, estás entendiendo, no acepto órdenes de ningún perro —Rafael se acercó de forma peligrosa y la tomó del cuello. —No te confundas loba —dijo apretando su garganta.

 

—Lo siento no fue mi intención sonar como si te estuviera ordenando —Rafael la soltó. —te puedo ayudar en lo que quieras.

 

—Yo te busco si lo necesito —dijo alejándose de ella.

 

La mujer lo observó y sonrió.

 

—Tus días al lado de Jarrel están contados Linda —dijo con gran sonrisa. —no se porque no se va con ese hombre, es tan encantador, pero con carácter de salvaje, que se esperaba de un pícaro.

 

Rafael ingresó a un auto que estaba estacionado en una esquina.

 

—¿Dónde está tu mujer? —pregunta el hombre que esperaba por él.

 

—No estaba con la niña, las quiero a las dos —desvió su mirada del hombre y observo por la ventana.

 

Miro a la pareja que venía saliendo, gruñó al ver la mano de aquel hombre sobre la cintura de la mujer, apretó los puños y sus ojos se volvieron rojos.

 

—Podemos ir por ella, matar a ese perro y luego ir por tu hija.

 

—No, prefiero matarlo lentamente, pero sobre todo que él vea que su mate me preferirá a mí mil veces antes que a él.

 

—¿Estás seguro, ella te dejó? —Rafael gruñó y observó como el auto se marchaba.

 

—Me dejo si, pero ella volverá —dijo seguro.


 

Jarrel.

 

No sabía dónde buscar los olores estaban dispersados por todos lados, pero de algo estaba seguro ese perro rastrero estaba aquí y temía que diera con Linda.

 

—Sientes algo, Darek.

 

—Hay un olor muy fuerte, Jarrel, por ese maldito olor no logro dar con Linda.

 

Miraba para todos lados, pero era inútil, era como si se hubiera utilizado algún camuflaje, volví a aspirar nuevamente y sentí su olor, lo seguí como si me hubieran rezado un hechizo. Al llegar junto a ella me miró y empezó a respirar con dificultad.

 

En cuanto susurró que él estaba aquí supe que se habían visto y no solo eso, quise ir detrás de él y partirle la cara, pero lo primordial era ella.

 

Regresamos a casa sin decir nada, la verdad no tenía que decir nada, por mi culpa ella se había alejado de mí.

 

Después de acostar a Estrellita camine a mi habitación cuando escuche su voz, mis oídos no podían dar crédito a lo que escuchaban ella me pedía que la besara, no quería aprovecharme de su momento de fragilidad, pero las ansias me ganaban quería devorar sus labios color cereza, era lo que deseaba, pero estaba pasando por un mal momento.

 

Sus delicadas manos tomaron el cuello de mi saco y se puso de puntillas frente a mí.

 

—No Linda yo no… —digo antes que sus labios se posen sobre los míos.

 

Correspondo su beso lleno pasión, ferocidad y deseo, enrede mis brazos en su cintura y la pego mas a mi cuerpo, la suspendo del piso y sus piernas se enroscan en mis caderas, me giro pegandola a la pared. Sus manos se deslizan por mi pecho acariciándolo. Me dejo llevar por el deseo de sentirla más mía, hasta que recobro el sentido.

 

—Linda —la llamó para que paremos esto, no quiero que se arrepienta luego.

 

—Jarrel, yo no sé qué me pasa contigo, cada día me gustas más, sentí enojo al verte besar a Ama… —calló sus labios con los míos, no quiero que ella mencione ese nombre.

 

—Linda quiero que comprendas que lo que fue con ella fue hace muchos años —la miro a los ojos. —Eres mi destinada y no podría fijarme en nadie más que no seas tú, te amo Linda y te amare por el resto de mi existencia, así te marches de mi lado —niega.




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