Jarrel.
—Yo… me envió un hombre, no sabía lo que iba hacer… solo me la dieron.
—¿Quién te la dio?
—Fue un… —empezó a vomitar sangre, para luego dejar caer su cabeza.
—Sientes ese olor, fue envenenado, Jarrel, no lo toques —me advierte Waylon tomando mi mano.
—Maldición Waylon, como vamos a dar con Estrellita.
—Lo mejor será seguir buscando —vuelvo a transformarme. —la encontraremos.
Corremos al bosque adentro, de pronto un fuerte dolor se instala en mi pecho, eso quiere decir que Linda no está bien. Tengo unas ganas inmensas de regresar, pero se que debo seguir y encontrar a Estrellita, no puedo regresar con las manos vacías. Aunque presiento que ella ya no está aquí.
Al llegar al extremo de las tierras de la manada empezamos a buscar algún rastro, algo que nos lleve a los que se atrevieron a meterse con mi familia. Nuestra sorpresa fue grande al ver que no había absolutamente nada.
—Recorreré cada extremo de la manada hasta encontrar, aunque sea un olor —le advierto a Waylon.
—Te entiendo, iré por este extremo, nos encontramos en el punto de siempre —Asiento.
Corro y agudizó mi olfato, no siento más que el olor del bosque y la hierba verde.
Ya el ocaso cae y aún no damos con ella, los demás tampoco han dado con algún indicio, me siento derrotado, siento que le falle a Linda y a Estrellita, les prometí que las iba a proteger y les he fallado, pero aun así no me rindo voy hacer todo hasta dar con ese maldito pícaro.
La noche cae y el dolor en mi pecho no cesa, no me queda de otra que ir al punto de encuentro con Waylon ya he buscado fuera del perímetro de la manda y tampoco hay rastro.
—¿Algún indicio? —le pregunto a Waylon.
—No tengo nada.
—No me gusta esto Waylon, si no hay indicios de nada lo más seguro es que alguien de la manada ayudó en todo.
—Sospechas de alguien.
—Sí, pero no quiero acusar no sin antes estar seguro.
—¿De quién sospechas Jarrel?
—Primero quiero averiguarlo, pero si descubro que esa persona si estuvo que ver con esto, hasta ese día respirara.
—Waylon, Jarrel —Nos habla Leysa por el link. —Maldición contesten.
—Dime mi luna que sucede.
—Limda no está, no sé para dónde se fue, la deje por un momento y cuando regrese ya no estaba.
—Maldición —masculló.
Sin esperar alguna palabra de Waylon regresó corriendo a la casa, corro a toda velocidad. Al llegar me convierto y me pongo unos pantalones.
—Jarrel, te lo dije, esa mujer solo iba a traer desgracia a esta manda, ahora quién sabe qué querrán a cambio por esa mocosa que no es nada tuyo —aprieto mis puños. —no porque ella sea la mate del Beta se le dará todo lo que ellos pidan lo sabes ¿verdad?
Me giro hacia ella, de dos zancadas quedo a su lado la tomó del cuello y la estrelló contra la pared.
—Escúchame muy bien Amanda, esta es la última vez que te lo digo, deja de meterte en lo que no te importa. Escúchame bien y grabatelo en la cabeza, si me entero que tú tienes algo que ver con lo que sucedió, ese día vas a conocer al beta que nadie conoce, solo mis enemigos y ellos no están aquí para dar testimonio —aprieto con fuerza su cuello. — la próxima no van a ser amenazas Amanda, la próxima no vivirás para contarlo, no creas que por ser la prima de la luna te dejaré vivir —entierro mis garras.
—Jarrel basta la vas a matar —Grita Leysa Horrorizada.
La suelto y la dejó caer.
—¿Dónde está? —preguntó sin mirarla.
—No sé, fui a ver a Aiden y cuando regresé ella no estaba, no sé para dónde se fue —gruñó.
Se que ella no tiene culpa, me maldigo por no acabar con ese imbécil la vez que tuve la oportunidad.
Aspiro en ambas direcciones su aroma viene del lado este, sin convertirme corro a esa dirección.
—¡Jarrel! —escucho a alguien gritar.
Lo ignoro y sigo mi camino, a medida que avanzó su olor se hace más intenso.
—Jarrel hay picaros cerca de ella, apresura el paso.
—Ya lo sé Darek ya estamos cerca —corro dando grandes zancadas.
—Dónde está ella, dime —esa es su voz.
El pecho se me oprime, aceleró el trote hasta ver un montón de ramas rotas, sigo el rastro de los olores.
—¡Linda! —digo al ver como una de sus manos destila sangre. —¡Linda! —la vuelvo a llamar, ya que no me mira.
—Lo… lo.., lo… lo... maté… —Un lobo jace en el suelo lleno de sangre. —Lo maté…