Linda.
Al llegar a la casa de Waylon me parecía que estaba en otro mundo, no podía ordenar mis pensamientos, la angustia se apoderaba de mí y mi mente imaginaba miles de cosas estaba más que segura que Rafael era el culpable de todo él se la llevó.
Solo vi a Jarrel convertirse y salir al jardín trasero, lo único que veía era bosque el verdor me confundía más, rogaba que Jarrel volviera con Estrellita, a medida que iba transcurriendo el tiempo me decía que ella no vendría a cenar, no estaría para que la acostará, las lágrimas se me escapan, me siento inútil por no poder hacer nada.
—¿Qué está sucediendo? —Esa voz la conocía a la perfección. —Le sucedió algo a Jarrel —su voz era de angustia.
—Jarrel esta bien Amanda, ya vengo Linda —asentí.
Miro hacia el bosque, siento como este me llamaba, me levanto del sofá y salgo sigilosa, camino sin rumbo.
No soporto esto, no sé cómo la está pasando Estrellita, más lágrimas salen sin parar dejó escapar los sollozos que retuve en casa de Waylon.
—No tengas miedo Linda —me dice esa voz dentro de mí cabeza. —Debes creer para que ambas nos unamos como una sola como lo éramos antes.
—¿De qué hablas?
—Crees en la magia.
—No, obviamente no, soy nueva en esto de los hombres lobos, apenas me adapto y quieres que crea en la magia.
—No es nada del otro mundo, todo esto va de la mano con lo que es Jarrel.
—Puedes decirme quien eres, ¡o que soy!, ya ni se quien soy, me estoy volviendo loca con lo de Estrellita y ahora tú hablándome de magia, que si somos una sola, ¡qué quieres de mí!
—Que creas Linda, eso es lo que quiero.
Miro a mi alrededor no sé dónde estoy, solo hay muchos árboles frondosos y coposos.
—¿Así que tú eres la mate del Beta? —giro hacia la voz, un hombre musculoso y con varias cicatrices en su cuerpo me mira divertido. —Es una lástima que hayas sido destinada a un perro como él —Por inercia retrocedí sin apartar mi mirada de la suya.
—¿Quién … ¿Quién es usted? ¿Qué quiere?
—Yo solo vine a dejarte un mensaje —su sonrisa se ensancha más.
—¿Mensaje? —Sus ojos cambian de color y su cuerpo empieza a cambiar.
—Te quieren muerta y yo tendré el privilegio de darle muerte a una humana como tú, te voy a dar dos minutos para que salgas corriendo, no me gustan las presas fáciles —Sus colmillos se alargan. –Corre o quieres morir —me advierte.
Por más que quiera correr mis pies no responden, sigue aquí pegado a la tierra es como si se le hayan salido raíces.
—Así no es divertido, creo que no estás a la altura del Beta.
—Quieres atacar hazlo, lo que haces es de cobardes, un licántropo no ataca por la espalda ¡oh! pero no eres licántropo del todo, eres un desertor o mejor dicho pícaro —cada vez me sorprendo más de mí misma. —él único que no está a la altura eres tú —farfullo molesta por cómo me mira.
—Humana al fin, se creen tan superiores.
—Estás seguro que soy una humana —me mira fijamente.
—Un humano es conocido a donde vayan, su olor repugnante los delata, no sabes como me delito acabar con tu raza —dice dejando salir sus garras.
De un parpadeo lo tengo cerca tomándome del cuello estrangulandome, tomó sus manos y lo miró a los ojos.
—Será mejor que me mates, es seguro que uno de los dos morirá hoy —digo con voz entrecortada.
—Eso es seguro humana, de nada te sirve ser la mate del Beta, él no está aquí para protegerte y mucho menos para salvarte.
—Sí una vez me salve de un tonto que se creía superior a mí, ¿que te hace creer que que no lo haré en este momento? —no se quien habla si soy yo o eso que esta dentro de mí.
—¿Cómo lo harías?
—Ya miraste tus pies —miro yo también, abro mis ojos porque no se como fue que estos quedaron amarrados con raíces de árboles.
—¿Quién eres?
—Yo soy… —mi cuerpo es lanzado, un montón de hojas reciben mi impactó, me levanto y sonrió.
—Mi magia aún no es la misma.
—Tú magia, de qué hablas.
—¿Qué eres? Humana no eres —pregunta levantándose. —No importa igual nadie lo sabrá —asiento.
—Es verdad, nadie sabrá lo que pasó aquí, solo el que quede vivo —termina su transformación quedando en lobo completamente.
Se agazapa para atacar, mientras mi cuerpo no se mueve de su lugar estaré loca o tal vez teniendo alguna pesadilla, yo no soy tan valiente como para enfrentarme a un lobo y más si es un pícaro. El lobo abalanza contra mí, una rama con punta filosa aparece en mi mano izquierda, el lobo se acerca, mí mano se levanta y la rama queda enterrada en su cuello, el lobo cae al suelo inerte.
Tiro la rama y llevo mis manos a la boca.
—Lo matamos, lo… lo matamos —digo incrédula al ver al lobo que no se mueve. —Lo maté, ¡háblame! —la respiración se me acorta, me siento mareada. —Lo maté… lo… lo… lo… lo mate lo… mate —el aire no llega a mis pulmones.
Siento que en cualquier momento voy a caer, siento mi cuerpo balancearse…
—¡Linda! —miró al hombre que me sostiene. —Linda amor.
—Jarrel —digo sin aliento. —Lo maté yo no quería.
—Descuida lo importante es que estés bien —Soy suspendida del suelo. —te llevaré a casa hoy ha sido un día de muchas emociones.
—Estrellita.
—La encontraremos amor —asiento.