La mate del Beta

Capítulo 31.

LINDA.


 

Lanzó el móvil y al ver que Rafael ha colgado no puedo hacerle esto a Jarrel después de lo que él ha hecho por mí, no puedo, pero si no lo hago no veré a Estrellita nunca más.

 

Odio mi vida y la vida que me tocó, siempre en miseria,  viviendo de la caridad de los demás no quiero eso, quiero ser algo más no depender de absolutamente nadie.

 

Miró el frasco y las instrucciones de la nota, la vuelvo a leer.

 

Para que vuelvas a estar con nuestra hija deberás envenenar al hombre que dice ser tu supuesta pareja, 《debes vertir tres gotas del contenido de este envase en una de las comidas》 el antídoto te lo daré después de verlo agonizando en un hospital.

 

Se que eso no es cierto, conozco a Rafael y él no se va arriesgar a que Jarrel lo encuentre.

 

Quiero recuperar a mi hija, pero no dañando al hombre que amo y a él que me ama verdaderamente. 

 

Odio a Rafael, lo odio con toda mi alma.

 

No se que hacer ambos caminos me llevarán a perder a alguien y no quiero perder a ninguno de los dos. Por más que lo pienso me es inconcebible atentar contra la vida de Jarrel…

 

No se como fue que pude dormir, tal vez fue porque sentí el calor de Jarrel, sentí su abrazo, abrazo que me llevó a un sueño profundo, donde no hubo pensamientos, esos que se repetían una y otra vez desde que leí esa nota.

 

Aunque no voy a negar que al día siguiente volvieron de manera abrumadora e incesante, mi conciencia me dictaminaba que debía elegir, pero ¿cómo elegir? quién era yo para decidir sobre la vida de alguien y menos para con la vida de las dos personas que amo.

 

Hablar con Jarrel me tranquilizó un poco, me abracé a él tan fuerte, no sabía si esta iba a ser nuestra despedida, o era solo un hasta luego. 

 

Luego Waylon llegó junto a Leysa me sentia en familia, pero la poca tranquilidad que había conciliado se esfumó al ver a Amanda, sus palabras parecían sinceras, pero aun así estaba esa vibra que me decía que nada bueno venía.

 

Después de preparar el almuerzo con dolor en mi alma vertí gotas del envase en el plato de Jarrel, mi corazón latía con tanto frenesí que sentía que se me saldría en cualquier momento. 

 

Coloque los platos en la mesa y luego serví la sopa y la demás comida, por más que trataba de decirme que lo hacía por Estrellita, no podía dejar que Jarrel pagará por ello.

 

Así que para ya no sentir el cargo de conciencia le quite la sopa a Jarrel, para botarla, el tono fuerte de Waylon hizo que se me cayera el plato, su voz me dio escalofrío que me quede inmóvil, y aunque termine confesando lo que iba hacer Jarrel resultó envenenado. 

 

No entendía ¿cómo? Si yo solo eche las gotas en su plato, no en la demás comida, estoy segura que fue Amanda, se que fue ella porque fue la que se ofreció a llevar la charola.

 

Y ahora estoy aquí viendo como se llevan a Jarrel y sin poder hacer nada, trato de acercarme pero los hombres me sujetan.

 

—Por favor déjeme ir con él —pido con voz débil. —Por favor.

 

—Para que pides verlo, lo mataste, se lo dije mil veces tú serias su desgracia y mira lo que hiciste —me recrimina Amanda. —Deberían refundirte en un calobazo y torturarte hasta que mueras.

 

—Suficiente Amanda, dime que te dieron un antídoto o te dijeron el nombre del veneno —niego.

 

—Yo no envene lo juro.

 

—Ya llevensela —Grita Amanda. —Waylon da la orden para que se la lleven, no la soporto —miro a Leysa y ella niega.

 

Los hombres empiezan a empujarme para que camine, miro a Waylon antes de subir al auto donde seré transportada a la cárcel o no se donde me llevaran, no quiero ir a ese lugar, quiero estar con Jarrel, me siento miserable ahora no solo perderé a Jarrel, sino que también perderé a mi hija.


 

—Waylon por favor debes creerme no le haría daño a Jarrel se que él iba a encontrar otra forma de dar con Estrellita.

 

—Carajo Linda es tu pareja destinada, ademas es mi beta y hermano, no se si creerte, lo único que se es que ese hombre te amaba, y haría lo que fuera por ti —me mira con tristeza. —lo siento mucho, pero debo tomarte como prisionera, llevensela —Niego.


 

—Mi hija, ¿qué va pasar con ella si me encierras?

 

—Debiste pensar en ella antes de atentar contra la vida del hombre que supuestamente amas y según es tú mate —gruñe Amanda. —deberían darte el peor castigo por matar al beta.

 

—Lárgate de aquí Amanda —le grita Waylon.

 

—Yo no fui la que mató a tú hermano, si me hubieran escuchado nada de esto estuviera pasando, todo esto es culpa de la supuesta mate del Beta.

 

—¡O te callas o yo mismo me encargaré de callarte! tú eliges.

 

—Lo siento alfa no volverá a pasar.

 

—Llevensela, quiero dos custodios cerca de ella.

 

—No por favor déjame estar al lado de Jarrel te lo pidió Waylon por favor.

 

—Maldita sea Linda atentas contra su vida y quieres estar con él, una pareja no hace eso —mira a los dos hombres que están a mi lado. —que parte de llevársela no entendieron, refundanlan en un calabazo —me mira con enojo.

 

—No, no por favor —sin importar mi clemencia Waylon me hace caso.

 

No digo más nada porque se que eso no me ayudara en nada, de que sirve he perdido a las dos personas que amo, solo espero que Jarrel no muera, que no le pase nada.

 

Al llegar soy llevada por un pasillo largo 

para luego ser metida en una de las últimas celdas. Miro a mi alrededor, es deprimente este lugar, las paredes están arañadas.

 

Será esto un calabozo en verdad Waylon me encerró en un calabozo, las lágrimas se me salen y el pecho me duele, no quiero estar en este lugar nada de esto debió pasar así no fue como lo imagine…




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