NARRADOR OMNISCIENTE.
Una gran sonrisa se le dibujó en los labios al hombre.
—¿Dónde está ella? —preguntó con impaciencia.
—Dónde debe estar —Respondieron al otro lado de la línea.
—No estoy para juegos —dijo el hombre más alterado.
—Ve por ella y llevatela lejos, junto con la criatura. No la quiero ver más nunca —dijo la voz.
—Ubícate, yo no sigo tus ordenes —gruñó aquel hombre.
—A tu mujer se la llevaron, la encerraron, está acusada de matar al beta.
—Maldita sea manda por ella ya que la saquen de hay.
—No es fácil entrar a la manada, una cosa es cruzar sus perímetros, y otra es entrar a la misma manada.
—Me quieres decir que ella se quedara encerrada, no, yo mismo voy a ir por ella.
—Ve, corre tu riesgo, pero yo no sacrificare más de mis hombres —dijo el otro hombre que acababa de entrar.
—Vine hasta aquí para llevarla conmigo y lo haré —gruñó el hombre con ojos rojos.
—A pesar de que ella sea la destinada del Beta —las manos del hombre se volvieron puño.
—Ella es mía —rugió. —yo la escogí como mi mujer, por lo tanto será mía…
JARREL.
Siento algo quemar mi garganta, luego lo siento recorrer todo mi torrente sanguíneo, me siento dentro de un sueño, donde todo es oscuro.
—Darek donde estás.
—Ella está aquí —dice con voz débil.
—¿Dónde? —De pronto su delicioso aroma me golpea como una rafaga de aire.
Su olor combinado con ese delicioso olor a miel y a naturaleza es mucho más intenso.
Trato de abrir mis ojos, quiero verla puedo sentir su angustia y temor, se debe sentir culpable, nada salió como lo habíamos planeado, no me queda duda que Amanda, está detrás de todo, ella y ese perro rastrero.
Flashback. (Noche anterior)
—¿Confías en mi Jarrel? —su rostro era de angustia.
Era la segunda vez que me lo preguntaba en la noche.
—Confío en ti Linda a ciegas ya te lo dije.
—Jarrel, Rafael me dio un móvil ese día que salí del apartamento de tu amigo una señora se acercó a mí, me ha estado llamando, además de eso me dio esto para que te envenene —dijo mientras me mostraba el frasco con alguna poción. —yo no quiero hacerlo, pero dijo que si no lo hago se llevará a Estrellita lejos —la envolví en mis brazos.
—Amor su para que estés con Estrellita debes hacer esto hazlo te dije que haré lo que sea por ustedes.
—Pero no así Jarrel, no vamos a sacrificar tu vida porque a Rafael le parece.
—Lo sé amor pero y si fingimos.
—No, él se dará cuenta, ¿no se que hacer?, te amo y no quiero perderte y mucho menos a Estrellita, ella es mi todo.
—Sé lo mucho que la amas, ya olvidemos ese tema —abracé su cuerpo y no lo solté hasta que se durmió.
Tampoco sabía que decirle, pero de una cosa estaba seguro ella lo haría por el amor que le tiene a Estrellita.
Fin del Flashback.
Y así sucedió, pero sé que ella no fue la que envenenó la demás comida si es que toda estaba envenenada.
Poco a poco abro mis ojos, una mujer con un brillo resplandeciente y púrpura está frente a mí.
—¡Jarrel! —Dice una voz apacible.
—¿Quién eres tú? —preguntó, su olor es de mi Linda pero su rostro no lo es ella no es eso a menos que.
—Soy Diana, soy…
—Un hada oscura —digo antes de que ella lo diga.
—Soy más que eso —dice dolida pero no fue mi intención solo estoy haciendo alusión a su brillo.
—Lo siento no fue mi intención, ¿Por qué el olor de Linda está en ti, donde está ella?
—Aquí estoy —dice tomando la forma del cuerpo de Linda, se acerca a mí. —Diana es la hada —dice Linda.
—Linda, amor estás bien pensé que…
—Debo irme, Estrellita me necesita —dice alejándose de mí.
—No, Linda espera…
—Debes descansar ese veneno era muy letal, era acónito, matalobos y flor de luna, esos tres ingredientes son muy letales lo sabes.
—Sí pero yo…
—Te amo Jarrel —desaparece en un destello.
Me quito los aparatos, las máquinas empiezan a pitar, salgo de la habitación.
—¡Beta! ¿A dónde va? Usted no está bien.
—Estoy más que bien.
—¡Jarrel, pero qué haces! —dice que Waylon acercándose.
—Voy a buscar a Linda.
—Ella está en la cárcel —miro a Waylon.
—¿Cómo dijiste? ¿Qué cárcel Waylon? Aquí lo que hay es calabozos, no cárcel, ¿cómo te atreviste es mi mujer, mi mate? —digo gritando, del enojo.
Me acerco y le acierto dos puñetazos en el rostro y que lo mandan al piso, me coloco sobre él y pongo una rodilla en su cuello.
—¿Cómo te atreviste Waylon? —Lo tomó del cuello de su camisa.
—Porque ya se todo Jarrel —me dice a través de nuestro enlace. —Maxwell me lo dijo todo, dijo que no podrías solo, dijo también que ya dio con ese pícaro, la información está en el auto que está al frente.