LINDA.
Miro a mi alrededor no sé a dónde he quedado, no conozco esta parte del bosque, pero tal vez Diana si.
—A dónde estamos Diana guíame.
—Volemos debemos buscar la energía de Estrellita.
—Estás segura qué está aquí.
—Sí, su conexión me trajo hasta aquí. Ahora solo debo buscar su luz para que me lleve al lugar exacto.
Nos inclinamos y colocamos las manos en el suelo, unas líneas de energía se trazan por todos lados y en ambas direcciones.
—Esto nos llevará a Estrellita ¿verdad?
—Sí, solo una línea debe quedar, la cual nos llevará a ella.
Mi corazón se alegra al escuchar eso, ya quiero abrazarla, llenar su rostro de besos, estar con ella.
Algunas de las líneas se van desapareciendo de pronto solo quedan tres.
—¿Cual de las tres es?
—Espera un momento, deja que la magia haga su trabajo.
Estoy ansiosa quiero ver a mi Estrellita, abrazarla, hacerle cosquillas, sentir su dulce aroma, escuchar su voz.
Dos líneas desaparecen y solo queda una, mi corazón salta de alegría.
—Es esa ¿verdad?
—Sí.
Desplegó mis alas y vuelo siguiendo el hilo que me llevará a Estrellita, vuelo lo más rápido que mis alas dan. Al fondo se puede ver una cabaña de piedra se ve un poco abandonada, pero es la casa donde me lleva el hilo dorado.
—Será mejor descender no sabremos con quien o quienes nos podemos encontrar.
—Y si nos capturan.
—Descuida podremos escapar, además Jarrel, vendrá pronto —mi corazón salta de emoción.
—Pero él debe estar mal aún.
—No lo está, Linda, él está bien —Descendemos.
—Será mejor que tomes el control tú para que nadie sospeche.
—No me dejes sola si algo sucede.
—No lo haré estaré contigo como lo he estado desde el día que mi espíritu entró en ti.
—¿Qué día?
—No es hora de hablar de ello, te prometo que cuando termine esto te explicare todo y como fue que termine en tu cuerpo.
—De acuerdo.
Camino con rumbo a la cabaña tengo miedo si, miedo a llegar a esa cabaña y encontrarme con cualquier cosa menos con Estrellita. Sacudo mi cabeza, solo espero que Jarrel venga tan pronto como pueda.
—Detente —dice alguien detrás de mí. —¿Qué haces aquí? —me giró con lentitud hacia el hombre.
—Soy Linda la…
—Eres la pareja de Rafael, no es así tu olor a humano es muy fuerte.
—Sí.
—Ven con nosotros —camine junto a ellos hacia la cabaña mi corazón latía desbocado me sentía ansiosa y no era para menos Estrellita es mi todo mi soporte, desde que llego a mi vida ha sido mi todo.
—Mi amor estás aquí, ahora si estamos completos —me detengo al escuchar su voz.
—¿Dónde está? —es lo primero que pregunto.
—Está dormida.
—Quiero verla.
—No te alegra verme amor, no me saludaras, no me darás un beso, fue mucho tiempo separados.
—Quiero verla, como pudiste hacernos esto Rafael que clase de padre eres.
—Tranquila Linda lo hice para que estuviéramos juntos nuevamente —dice acercándose.
—No quiero estar contigo —digo mirándolo a los ojos.
—Mi amor eso no será problema para mí, después que estés lejos del domesticado se te irá la ilusión por él —me tomó del antebrazo. —No sabes cuan feliz me hace verte mi Linda hermosa, esta vez nadie nos va separar mi amor.
—Suéltame, llévame con ella es lo único que quiero.
—Lo que pidas amor —me adentra a la casa. —estén alerta no quiero ningún intruso husmeando.
—Sí señor.
—No la he descuidado en estos días que la he tenido conmigo, he estado al pendiente de ella, hemos jugado —dice mientras me lleva por un pasillo.
—Es tú deber como padre, ni más faltaba —se detiene.
—Estás como muy altanera, hace meses atrás parecías una rata asustada —levantó las cejas.
—Ahora sé lo que valgo, ahora sé que debo luchar por mí y lo que es mío, era tu sumisa no lo voy a negar, pero no lo era por voluntad propia, si no por miedo, es lo único que has provocado en mí Rafael.
—Y esto es lo que quería Linda —solo lo miro ya no se parece en nada al hombre del que una vez me enamoré, tal vez se me cayó la venda de los ojos.
—Nada de esto es gracias a ti —susurro.
Con Jarrel aprendí que valgo mucho más sin hacer o decir palabras, él me dio esa seguridad que me hacía falta, él me dio esa fortaleza y la confianza que necesitaba para confiar más en mí y claro que Diana ha influido en ello también.
—Lo que necesitabas era estar un tiempo lejos de mí para así sacar el valor para defenderte y lo has logrado —abre la puerta y se hace a un lado para para que pase. —aquí está —dice extendiendo su mano.
Miro a la cama y ahí está ella sentada mirando por la pequeña ventana, mi pecho se apachurra al verla, sonrió, mis ojos se llenan de lágrimas.
—Mi Estrellita, mi cielo —digo con la vista empañada de las lágrimas.
Se levanta en la cama y camina hacia mí, corro hacia ella y la estrechó en mis brazos.
—Mamá —susurra con voz débil. —te extrañe mucho.
—Y yo también, mi amor siento mucho todo esto mi amor, lo siento no debí dejarte —La abrazo fuerte y lloro.