LINDA.
—No te atrevas ponerle un dedo encima —la piel se me eriza al escuchar su voz, mi corazón salta de alegría, giró la cabeza hacia él. —Estás bien amor —asiento.
—¡Oh! Mira quien se atrevió dar la cara, que se siente ser traicionado por la mujer que según amas.
—No sé dímelo tú, yo no he sido traicionado por la mujer que amo. Sabía cada movimiento que ella daba y no solo eso, ella me habló de tus planes y lo cobarde que fuiste —miró a Jarrel quien se para junto a mí.
—Yo no hablo de ella, sino de esa mujer que está ahí tirada con el cuello roto —miró el cuerpo de Amanda, pero de inmediato quitó mi mirada.
—Esa mujer no es nada mío.
—¿Dónde tienes a Estrellita? —digo mirando a Rafael.
—Descuida mi vida, pronto estarás con ella, solo déjame acabar con este perro domesticado —aprieto mis manos.
—Diana.
—Lo sé.
La luz brillante envuelve mi cuerpo desde los pies hasta la cabeza, unas mariposas doradas vuelan a mi alrededor, las alas se extienden a lo largo de mi espalda, en mi cabeza aparece una corona de flores. Un aura de luz brillante y luz púrpura rodea todo mi cuerpo.
—¡Linda! —Exclama Rafael. —¿Qué hiciste con Linda? —pregunta.
—No solo soy Linda, también soy Diana.
—Eres un súcubo de un hada oscura.
—No soy un súcubo.
—No vale la pena Diana vamos por Estrellita.
—Nos tocará pelear Linda él está aquí.
—Él quién.
—Mi pareja.
—Tienes una pareja.
—Tenía, él me traicionó por poder, puedo sentir su magia aquí.
—Debemos enfrentarlo.
—Sí.
—Debo irme tengo algo pendiente —decimos mirando a Jarrel.
—No quiero que les pase nada —dice Jarrel.
—No dejaré que nada le pase a Linda, primero me sacrifico antes de que ella muera.
—Tengan cuidado por favor, en cuanto pueda voy con ustedes, sé que esta es tú pelea, pero quiero que sepas que no estás sola.
—Lo sabemos de sobra Jarrel gracias.
—¿A dónde vas? —pregunta Rafael.
—Querías que Linda fuera una mujer fuerte ella déjame decirte que lo es lo es, no como querías convertirla pero lo es —le dice Diana.
Y ahora lo entiendo, ahora entiendo de qué forma Rafael quería que fuera fuerte.
—Devuélveme a Linda, ella es humana, no eso —dice señalandonos.
—Es humana sí, pero desde que ella me aceptó esto es lo que es ella.
—Cuídate —decimos a la vez.
Desplegamos las alas y volamos siguiendo el rastro de Estrellita, al verla junto con un hombre diciendo hasta.
—Debemos irnos —le dice él hombre.
—No quiero.
—Será mejor que la dejes ir —decimos en una sola voz.
—No puedo.
—Será mejor que lo hagas está lucha no es tuya —decimos con voz neutral.
—Sí Rafael, o el mismo Aníbal, no me dice que la deje ir entonces no lo haré.
—Sí así lo deseas —extendemos la mano derecha y de ella sale una esfera de luz brillante, esta impacta en su pecho así envolviendo por completo, unas cuerdas de liana sujetan su torso y van recorriendo hasta sus pies, haciéndolo caer. —Estás bien cielo.
—Sí.
—Sabía que esa presencia era tuya —dice una voz detrás de mí.
—Nena porque no te adentras a la casa, iré por ti cuando todo termine.
—Estarás bien —asiento y le sonrió.
—Jamás pensé que tu sed de poder te llevará a perderlo todo —digo girando hacia él.
—¿Quién es él Diana?
—Él es el hombre al cual fui destinada.
—Fusite.
—Verás Linda una vez estuve en carne y hueso como tú, pero por culpa del lobo que tenemos frente me dieron muerte por no acatar sus órdenes.
—¿Cómo?
—No todos los lobos son buenos, no importa si son Alpha o que rango ocupen algunos son malos —miró al hombre. —él es Anibal una vez fue un Alpha, pero su codicia y maldad lo llevaron a destruir a su manda en la cual di mi vida por personas que no valían la pena.
—¿Y cómo es que estás viva?
—No estoy viva, mi alma está en ti porque de alguna forma nuestras almas se enlazaron.
—No lo perdí todo te tengo a tí, en el cuerpo de otra mujer pero estás aquí.
—No me tienes Anibal, ese es el problema de los lobos que piensan por qué una fémina les fue destinada ya les pertenece, y no es así la diosa luna les da pareja para trabajar en conjunto para un mejor futuro, pero eso nunca lo entendiste y pensaste que habías conseguido una esclava.
—Te trate como reina, solo te pedí que me ayudaras a conquistar esa manada pero te importo poco mi petición.
—Los consumiste a todos, sobre todo a esa pequeña manada que nada tenía.
—Tenía todo lo que le faltaba a la mía, solo quería expandir nuestra manada.
—Era tú manada no mía, ustedes mismo se encargaron de destruir todo, de acabar con los animales merecían vivir en esa tierra árida y sin vida.
—Cómo, puedes decir eso era tú gente Diana.
—No, en eso te equivocas, era tu gente no mía —la energía púrpura nos envuelve por completo. —No te dejaré seguir haciendo daño Anibal, tus días tienen que acabar hoy.