La mate del Beta

Capítulo 35.

Linda.

Hacemos crecer lianas tanto gruesas como delgadas, estás se enredan en los árboles, así como también un campo de magia para que él no escape.

 

—Crees que este campo me detendrá, no eres nada hadita tu magia no me intimida —lo miro.

 

—No le prestes atención siempre fue así y ahora más que es un desterrado.

 

—Nos ha tocado sufrir demasiado.

 

—Mi misión era hacerlo cambiar, pero falle y ahora debo acabar con su vida.

 

—Dime que hago.

 

—Nada, no debes hacer nada, esta es mi batalla.

 

—No te dejaré sola.

 

—No lo harás, pero yo tomaré el control total de tu cuerpo tú solo serás una espectadora más.

 

—Sí es tú decisión.

 

Diana.

 

He esperado este encuentro con él que fue mi pareja una vez, pero la que dejó de serlo el día que ellos me dieron muerte.

 

—¿Qué esperas para que acabemos con esto ya, tengo muchas cosas que hacer? —sonrío. —Aún estás a tiempo Diana, podemos empezar a crear nuestra propia manada —se acerca a mí.

 

—¿No lo has sentido verdad? Ese dichoso lazo desapareció.

 

—No es cierto —grita dando zarpazos, me hago pequeña y esquivo sus golpes. —Así me vencerás convirtiéndote en un insecto —vuelo detrás de él.

 

Me hago grande y le doy un golpe en el cuello, me vuelvo hacer pequeña y esquivó cada golpe que él lanza, además de eso juego con su reflejo y hago uso de mi velocidad, sacó lianas y las usó para azotarlo. Trata de protegerse con los brazos, pero estos son cortados con la liana así abriendo su piel.

 

No me detengo y sigo atacando, no se pelear mucho cuerpo a cuerpo por lo tanto él tiene ventaja, le lanzó bolas de magia. Extiendo mis manos para sacar hojas y usarlas como navajas, las lanzó contra él, su cuerpo queda cortado por todos lados.

 

—Te he subestimado mí pequeña hada —dice escupiendo sangre, limpia su mejilla de dónde brota sangre. 

 

No respondo a su comentario porque ya se por donde viene, él cree que con sus palabras me va hacer volver a él.

 

—Te ame y te amo Diana, podemos empezar nuevamente —pongo las palmas de mi mano hacia abajo. —Empecemos mi pequeña girasol puedes hacer cambiar, podemos recuperar todo principalmente nuestro amor

 

—No te dejes llevar por sus palabras, Diana, mírame a donde estoy yo por creer en las palabras de Rafael.

 

—Eso lo sé Linda lo viví junto a ti y lo viví con él.

 

—¿Qué me dices pequeña? Podemos restablecer el lazo que nos unió —lo miro.

 

—Ya es tarde Anibal, es demasiado tarde para nosotros.

 

—Nunca es demasiado tarde amor —toma mis manos, no vi en qué momento se acercó tanto. —Vamos mí sol, puedes adueñarte del cuerpo de esa humana —parpadeo.

 

—¿Qué? No puedo hacer eso, no soy como tú.

 

—Lo ves, esto nos llevó a la destrucción y ha mi a ser un alpha sin manda sin nada lo perdí todo por tú culpa Diana, no sabes que esto es supervivencia del más fuerte y tú no lo entiendes aún —me sujeta con fuerza los brazos.

 

—¡Suélteme! —exclamó tratando de zafarme.

 

Me sujeta con más fuerza, me entierra las garras en las muñecas, siento que estas se incrustan en mis huesos.

 

—Nunca debí reclamarte como mi luna —saca sus garras con brusquedad. —Sigues siendo la misma ingenua de hace cincuenta años —me da con el puño en el vientre, sacándome el aire, veo todo nublado.

 

Siento su puño impactar contra mi pecho, salgo volando por los aires, siento que mis huesos se han roto o al menos algunos se rompieron. Me detengo antes de estamparme contra el árbol, parpadeo  para aclarar mi vista. 

 

Corre hacia mi en cuatro patas, diciendo y colocó las manos en el suelo, las raíces de los árboles empiezan a salir, amarró sus patas con las raíces, le lanzó esferas unas tras otras, rompe las raíces y camina hacia mí.

 

Lanza golpes tras golpe, pero me protejo haciendo escudos con magia. En un golpe que me da me desestabiliza y rompe el escudo. Lo que aprovecha para tomarme del cuello, corre hasta chocar mi cuerpo con el tronco de un árbol.

 

Gimo del dolor, el aire no llega a mis pulmones, muevo mis manos para darle con las lianas, pero no les hace nada.

 

—Fue un placer tenerte como mate Diana, es una lastima que hasta aquí llegué esto.

 

—No puedo decir lo mismo Aníbal, de lo único que te puedo estar agradecida es de haberme matado, si no hubiera sido así hubiera seguido atada a tí —digo casi sin aliento, aprieta más mi cuello.

 

Levantó la vista,muevo mis manos para hacer una lanza con unas de las ramas.

 

—Es una lástima que la humana no se haya despedido de su querido Rafael y su Beta, ¿no mi sol? —me suspende del suelo y me estrella contra este. —Necesito probar tus labios una última vez.

 

—Diana has algo siento que no puedo más.

 

—Aguanta un poco, ya casi está lista.

 

—Espero que en la otra vida nuestros caminos no se crucen —digo cerrando mis ojos.

 

—Mírame a la cara, quiero ver como el aliento de vida abandona tu cuerpo —sonrío.

 

Acerca su rostro al mío (omasiau takamaua) (adiós rastrero) —digo en idioma de hada.

 

Muevo mi mano para que la lanza descienda, esta desciende con total velocidad quedando incrustada en el cuello de Anibal, de extremo a extremo, sus ojos se abren de par en par, me suelta para llevar sus manos al cuello. 


 

—En unos minutos dejarás de respirar, no hagas el intento de sacarlo, quiero que tu muerte sea lenta y dolorosa.




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