Julián
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—Madre, sé que la semana pasada quede en ir a visitarlos. Pero la clínica requiere mucho de mí.—froto mis ojos, cansados de tanto ajetreo el día de hoy.
—Espero que luego no me llames con una escusa Julián. Besos.
—Hasta pronto.—cuelgo.
Me levanto y doy estiramiento a mi cuerpo.
Voy por una taza de café, cuando la puerta de mi oficina es abierta y por ella entra , Rodrigo médico cirujano y mejor amigo.
—Yo quiero una taza por favor.—dice sentado se en el sofá que está en la esquina.
Sirvo otra taza y miro que lleva una carpeta.
—Toma—le entrego la taza humeante.—Por estás pálido. ¿Sucede algo?
—La verdad es que si me sucede algo. Pero...
—¿Pero?
—Es que apenas lo estoy procesando y creeme que tú también, quedaras en shock cuando te lo cuente.
Habla rápido y nervioso. Que le pasa, rara ves él actua asi.
—Rodrigo deja, de darle largas y cuenta por estas asi.
Pero no llega a responder ya que la puerta es tocada y Lolita mi secretaria y enfermera, se asomo para luego entrar.
—El director requiere de tu presencia,Dr Valenti.—comunica y pasa trayendo unos papeles en manos—. Y estos son los expedientes de los pacientes para en la tarde. Con su permiso doctores.
Y sale me levanto,dejo la taza en la mesita del centro y camino a hacia la puerta. Rodrigo me segue igual solo que un poco desorientado.
—Luego te busco, y está ves espero que dejes esa actitud y me cuentes que diablos te sucede.
—Si, si hasta tarde. — y se va apresurado el paso.
Niego y voy andando hacia el elevador.
Estoy pensando que será lo que tiene en se estado a Rodrigo, lo conozco desde pequeño ya que mi familia es amiga desde antes que naciéramos. Por su semblante y su nerviosismo, algo malo está pasando y necesito averiguar que es.
[...]
Estoy por terminar con el último paciente. Una señora de unos cincuenta y tantos, tiene problemas en las articulaciones de sus manos.
—Recuerde tomarse las cápsulas y ponerse cada noche esta pomada en sus dos manos —le digo mientras termino de escribir las recetas. Se las entrego y ella asiente con una sonrisa agradecida.
—Gracias, doctor. Que pase buenas tardes.
—Buenas tardes, doña María. Cuídese mucho.
En cuanto la puerta se cierra, suelto un suspiro largo. El cansancio acumulado de la jornada empieza a pesarme en los hombros. Justo cuando estoy a punto de recoger mis cosas para retirarme, la puerta vuelve a abrirse sin previo aviso. Es Rodrigo. Su rostro, que hace unas horas estaba pálido, ahora parece reflejar una mezcla de inquietud y urgencia.
—Pensé que te habías ido —digo, echando mi bata en el perchero.
—No podía irme sin decirte esto, Julián. Me ha estado carcomiendo la cabeza todo el día —responde, cerrando la puerta con seguro, como si lo que fuera a decir requiriera un nivel de confidencialidad absoluto.
Me detengo en seco, con el maletín a medio cerrar. El tono de su voz borra de un plumazo mi fatiga.
—Estás actuando de una forma muy extraña, Rod. Habla ya, me estás poniendo nervioso.
Rodrigo camina hacia la ventana y se queda mirando hacia afuera un segundo, buscando las palabras. Luego, se da la vuelta y me mira directamente a los ojos.
—¿Recuerdas a Carina? —suelta, soltando el nombre como una bomba.
Siento que el aire se me queda atascado en la garganta. La mención de ese nombre es un golpe directo a mi pasado, uno que creía enterrado bajo años de trabajo y distancia.
—¿Carina? ¿Qué demonios...? No puede ser. Ella se fue a Alemania hace años, Rodrigo. No hemos tenido contacto desde entonces.
—Eso pensé yo hasta hace dos horas —continúa él, acercándose a mí—. Me llamó a la oficina privada. Está de vuelta en el país, Julián. Ha regresado y... bueno, no me gusta ser el portador de esto, pero insiste en verte. Dice que necesita hablar contigo, que hay cosas que quedaron pendientes y que no se irá de esta ciudad hasta que tenga esa conversación frente a frente.
El silencio se apodera de la oficina. Siento un pulso fuerte en mi sien. Alemania... el pasado llamando a la puerta justo ahora que mi vida parece haber encontrado un equilibrio.
—¿Por qué ahora? —pregunto, más para mí mismo que para él.
—No tengo idea, hermano. Pero te conozco, y sé que este fantasma es el único que todavía es capaz de hacerte perder los papeles. Ten cuidado con lo que decides.