Stefany
🩰
Voy casi corriendo por el pasillo de la facultad ya que voy unos minutos tarde y hoy toca examen. Y la maestra es una ogra por asi decir.
Toco la puerta y se escucha un pase.
—Llegas cinco minutos tarde señorita O'Connor.—dice la profe revisando su reloj de mano.
—Lo siente, el tráfico estuvo muy pesado hoy.—miento un poco , ya que por todo lo relacionado con Renata, me siento en las nubes.
—Espero que sea la última vez, tome asiento su examen está en el pupitre.
Rápido camino hacia mi lugar y comienzo mi examen. Joder no tengo nada estoy en blanco, mierda.
Como demonio haré ahora.
Parpadeo mirando las preguntas impresas en el papel, pero mi mente es un completo eco vacío. El estrés acumulado por las discusiones con Renata y la culpa que me carcome no me dejan concentrarme. Intento respirar hondo, recordar algo de lo que leí anoche, pero las letras parecen bailar frente a mis ojos.
Pasan los minutos que se sienten como horas. Cuando la profe anuncia que el tiempo ha terminado, solo atino a entregar la hoja medio vacía con un nudo en el estómago. Sé que ha sido un desastre.
Por la tarde, las cosas no mejoran. Lego al estudio de ballet sintiendo el cuerpo pesado y la mente hecha un lío. Hoy la clase es con el instructor principal, y apenas me ve entrar con cara de agotamiento, su expresión se vuelve dura.
—O'Connor, concéntrate. Estás completamente ausente —gruñe mientras corrige mi postura con demasiada brusquedad, empujando mi espalda hacia abajo con firmeza—. El evento de gala es este sábado. Si bailas así de desconectada, vas a arruinar toda la presentación. ¡Más extensión, más fuerza! ¡Otra vez desde el inicio!
Me exige el doble, llevándome al límite físico. Mis músculos tiemblan por el esfuerzo y el cansancio acumulado, pero él no me da tregua, repitiendo la coreografía una y otra vez bajo su mirada implacable hasta que siento que me falta el aire.
Salgo del estudio con los pies adoloridos y el ánimo por el suelo. Apenas llego al aparcamiento y abro la puerta de mi coche dispuesta a irme a casa a dormir, una voz me detiene.
—Stefany, espera, necesitamos hablar —dice Renata apareciendo de la nada junto a mi ventana.
Siento que la paciencia se me rompe por dentro. Lo último que quiero en este momento es escucharla.
—Déjame en paz, Renata. No tengo cabeza para esto ahora mismo —respondo con la voz temblorosa de rabia.
—Pues vas a escucharme quieras o no, porque siempre haces lo que se te da la gana sin importarte nada ni nadie. Eres igual de inútil que...
—¡Cállate! ¡Ya cállate! —grito fuera de mí, con las lágrimas de frustración picándome en los ojos por todo lo que he tragado hoy.
Pisando el acelerador a fondo, arranco el coche de golpe y salgo a toda velocidad del estacionamiento, con el pecho oprimiéndome y la vista nublada por el llanto. Doblo en la esquina sin medir la distancia, el motor ruge y, en un segundo de completa desesperación donde pierdo el control del volante, me estrello de frente contra el muro.
Mi visón se nubla y lo único que escucho de fondo es un pitido ...y una oscuridad.