- El radar detectó unos movimientos anómalos a unos 400 metros de profundidad - dijo el oficial -. No registró calor corporal, y por el tamaño, y la manera con la que se movió, no pudo tratarse de un submarino ni de ninguno de los vehículos subacuáticos que conocemos.
- ¿Eso cuándo ocurrió? - preguntó Room.
- Hace 20 minutos - respondió el oficial.
- ¿Y tendremos que meternos allí? - preguntó Jeremy-. ¿Tendremos que bajar hasta allí?
- Estamos esperando indicaciones - dijo el oficial -. Posiblemente no valga la pena, tomando en cuenta la velocidad a la que se desplazaba el objeto, ya debe haberse alejado bastante.
Jeremy sintió una opresión en su estómago.
El oficial siguió diciendo:
- Nuestros superiores nos dijeron que existía otro peligro por el cual debíamos mantenernos alertas, una función que ese droide podría ejecutar en cualquier momento, pero no supieron explicarnos con exactitud en qué consistía. ¿Ustedes saben algo acerca de esto?
- Sería demasiado largo de explicar - dijo Room, malhumorado -. Mejor pregúnteles a sus superiores si tendremos que meternos al agua o no. Porque si tenemos que hacerlo, deberíamos empezar ahora. ¿No le parece?
- ¿Ha manejado alguna vez una cápsula de inmersión? - preguntó el oficial -. Venga, le mostraré qué debe hacer. Pero si desde la torre de control no nos indican dónde nos conviene buscar, no tendrá mucho sentido que nos sumerjamos.
Room asintió, pero de cualquiera forma acompañaron al oficial hacia el interior de la cápsula, donde les enseñó los controles y cada una de sus funciones. Room jugó un rato con la palanca principal, probablemente convencido de que nunca iba a tener que utilizarla en serio. Pero entonces la orden llegó, y el oficial cerró la cápsula, con ellos adentro, y un brazo mecánico la elevó y la soltó sobre aquellas aguas. La cápsula se fue hundiendo mientras el oficial le decía a Room que la dejara caer, que no toque ningún control hasta que él se lo diga.
Room obedeció y, cuando la cápsula fondeó, el oficial le dijo finalmente que tome los controles.
Avanzaron en la oscuridad del mar, y después de unas cuantas horas comprendieron que no les serviría de nada continuar con esa búsqueda. Sólo detectaron la compuerta de uno de los submarinos que el droide habría utilizado acaso para perfeccionar alguno de sus brazos, o diseñar un sistema de propulsión acuático o aéreo, o tal vez (porque también tenía la habilidad de hacer esto), combinarlo con otros vehículos, sean submarinos o no, para crear un arma o una nueva extremidad para su cuerpo, o quién sabe qué otra clase de atrocidad.
- Bien- dijo Jeremy-, ya dejemos esto. Se ha ido, quizá esté a cientos de kilómetros de aquí, o escondido en este mismo océano pero de tal manera que jamás podríamos hallarlo.
Entonces la cápsula comenzó a ascender, y ya en la superficie se acercó lentamente a un muelle gracias al cual los tripulantes pudieron abandonarla. Uno de los helicópteros de rastreo pasó delante de ellos a una velocidad que les hizo sospechar que su conductor había detectado algo importante, o que se lo habían dado a conocer de alguna manera, quizá desde la misma torre de control con la que ese oficial solía comunicarse.
- Bien - dijo el oficial -, reportaré los resultados de la misión y ya nos podremos ir de aquí.
- Vamos a necesitar más que unas simples cápsulas de inmersión si queremos enfrentarnos a esa monstruosidad - dijo Room-. Me sorprende que no dispongan de medios más sofisticados. ¿Qué esperaban que hiciéramos si, efectivamente, encontrábamos lo que estuvimos buscando?
- Ya les dije que no me han dado demasiada información - dijo el oficial -. Esperaba que ustedes lo hicieran, pero tampoco están siendo claros respeto a este asunto. A usted mismo lo convocaron porque, supuestamente, es quien más sabe del tema.
En ese instante, mientras Room y el oficial discutían, Jeremy sintió un nuevo e imprevisto terror. Por alguna razón consideró la posibilidad de que el droide se haya internado en esas aguas para mover alguna placa importante, en lo más profundo del océano, y provocar así un tsunami devastador.
Pero no lo comentó. No dijo nada de lo que estaba presintiendo. Sólo lo pensó, lo sintió, en lo más profundo de su corazón.
Editado: 06.09.2026