Una "limpieza energética", la había llamado Hatcher aquella noche. Nada por lo que hubiera que preocuparse. Una onda invisible, o apenas visible, que se desplazaba en el espacio y neutralizaba la carga eléctrica de las partículas del aire, para que el droide pueda enviar sus mensajes desde alguna de sus antenas internas a otra sin obstáculos.
Sterner colocó el dedo de oro sobre el plato de cerámica y comenzaron con la descarga. Las moléculas del objeto ni se movieron, según lo que indicaba el monitor que un operario estaba supervisando. El oro no podía ser afectado por la onda. Pero ¿qué clase de oro? ¿De dónde lo habían obtenido en aquella época ancestral?
- Es un metal diferente al que podríamos obtener ahora en cualquier excavación - dijo Hatcher -. Es oro, pero con un elemento de su composición alterado, lo cual lo vuelve químicamente inmune a determinadas modificaciones químicas.
- Apague eso de una vez- dijo Sterner-. Va a matarnos a todos.
- ¿Por qué un material, hallado hace más de 1000 años, sería invulnerable a un procedimiento de neutralización que acabamos de inventar? - preguntó Hatcher -. ¿Entienden lo que digo?
- Claro - dijo el operario-. Pero si ese androide era tan poderoso, ¿qué lo destruyó?
- Hay que tomar en cuenta que estamos operando a un nivel bajo- dijo Hatcher-. La descarga podría intensificarse mucho más.
- Ni se le ocurra - dijo Sterner-. Ya fue suficiente por hoy. El doctor Hatcher nos vuelve a reunir en este laboratorio, después de 25 años, para matarnos. ¿Qué les parece? ¿Por qué creen que querría hacer algo así? ¿Sólo para confirmar su teoría del cataclismo científico? Miren, a mí no me importa por qué desaparecieron los Mayas, o los Aztecas. No voy a arriesgar mi vida para averiguarlo.
- ¿Y los impulsos eléctricos cerebrales? - dijo el operario -. ¿Qué haremos con eso? ¿No vamos a dar a conocer ese descubrimiento?
- No - dijo Hatcher-. Mejor no. Que nadie se entere. Porque entonces van a tener un buen argumento para frenar el proyecto.
- La máquina podría influir en nuestras mentes - dijo Sterner -. De hecho, podría estar haciéndolo ahora mismo. Podría estar ahora mismo utilizándonos para que la perfeccionemos sin que nosotros lo sepamos, o para que construyamos un nuevo soporte donde su inteligencia pueda funcionar mejor, que es lo que, en definitiva , estamos haciendo. ¿Y no va dar a conocer públicamente nada de esto? Esos planos estuvieron sepultados durante siglos, esperando a las personas capaces de reconstruir esta máquina. Usted lo sabe. Las neuronas, desprovistas de sus propios impulsos, quedan a merced de cualquiera energía negativa que quiera manipularlas. Esto estaba previsto, está escrito que esto podría llegar a pasar en cualquier momento. Sucederán cosas a partir de ahora, no sólo en el plano físico, sino también en el intelectual, que humanidad no sabrá explicarse, y nosotros conocemos la causa.
- Usted es demasiado fantasioso - dijo Hatcher-. La máquina todavía no reúne las condiciones necesarias para influir en otra mente, ni siquiera para saber que existen otras mentes además de ella. Ahora, apaguemos eso y vámosnos. Sólo quería que lo sepan ustedes. Los llamé para conocer su opinión al respecto, y ya me la han dado. Así que eso es todo, y gracias por haber venido.
Así fue. Ahora recordaba aquella noche con claridad, mientras miraba el océano y la cápsula de inmersión flotando junto al muelle. No, no dijeron nada acerca de eso, y ahora estaban pagando las consecuencias del encubrimiento.
Editado: 06.09.2026