La mente entre los paneles de metal

11

Cuando la concurrencia se fue dispersando, el profesor Sterner cruzó solitariamente el auditorio y salió a las calles en las que también empezaba a reinar la desolación. Llegó a su casa a las 12:45 de la madrugada, con la sensación de que alguien lo estaba esperando. Pero no había nadie allí. Se quitó el sobretodo y lo colgó en el perchero del living. Luego dejó el sombrero en el sofá, y se sintió aliviado, como si todo el peso de lo que había vivido a lo largo de esa jornada se hubiera reconcentrado solamente en esas 2 prendas.

Entonces recibió el llamado:

- Ingresaron a su casa mientras usted estaba en el Congreso. La inspección duró unos 20 minutos. El intruso es uno de los hombres que participó de la expedición liderada por Rainer.

- Gracias - fue todo lo que dijo Sterner, con una voz queda y algo temblorosa. No porque tuviera miedo. No, no era miedo, pero el nombre de Rainer lo golpeó, lo conmovió inevitablemente. Una montaña había caído encima de ese hombre, pero aún no había ninguna evidencia que demuestre que estaba muerto.

Ninguna.

Se preguntaba si una montaña, por más que sea la más grande del planeta, podría acabar con un hombre como aquél.

Porque ¿quién había enviado al intruso? ¿Acaso el propio Rainer?

Dejó el teléfono sobre la mesa. Durante largo tiempo se quedó allí, mirando hacia el vacío, pensando, tratando de pensar. Luego revisó toda la casa, constatando que el intruso no se haya llevado nada: los dormitorios, el baño, la cocina, el comedor, y finalmente el patio, el lugar de la casa que menos frecuentaba y en donde muchas plantas ya habían muerto de sed.

Todo estaba en su lugar, o así parecía. Nieve, nieve en las manos, en las piernas. Pero esos hombres siguieron atravesando aquella frialdad, porque alguien se lo exigía, alguien que quería llegar al objeto de esa búsqueda para saciar un propósito propio, del cual no le había hablado a nadie. Apenas se enteró de que el Neuron H -10 había caído a la Tierra, Rainer se ofreció para dirigir la búsqueda. Otros neurones estaban en ese momento vigilando las estaciones, solitarios, allá en el espacio exterior, y ninguno era más importante que otro. Pero éste era distinto a todos, y Rainer lo sabía. Todos eran eficaces en sus tareas, pero ninguno, salvo éste, podía vincularse con la consciencia humana, con muchas consciencias humanas, y albergar incluso a una de ellas en su interior, articularla con su propia constitución. Sólo la consciencia, sin la necesidad de un cerebro que la sustente porque el nuevo habitáculo reproduce a la perfección la estructura cerebral y cada uno de sus elemental físicos.

Sólo faltaba averiguar de qué manera transferir la consciencia a esa estructura, y no tardaron mucho tiempo en encontrar ese método, porque estaba descrito en ese mismo documento precolombino.

¿Y qué era ese método, y esos planos, sino el camino mismo hacia la inmortalidad. ¿Quién no querría apoderarse de él y controlarlo?

Las naves que atacaron la estación, Rainer, el doctor Brass, el Gobierno... En menos de 24 horas parecía que todo el mundo había empezado a disputarse este trofeo. Habitantes de la tierra, habitantes de los astros artificiales... Todo aquello ocurrió prácticamente en un mismo día. ¿Cómo supo Rainer, tan rápidamente, del ataque a la estación? Era evidente que había estado monitoreando el espacio de vigilancia de Neuron H - 10 y que sospechaba, desde hacía bastante tiempo, de este intento de usurpación. Sabía que el ataque ocurriría en cualquier momento.

Nieve, nieve en las manos, en las piernas de hombres que no sabían aún, exactamente, qué estaban buscando.

Sólo Rainer lo sabía...

Fue hacia el sofá. Se sentó. Encendió el televisor. Había un aviso dirigido a toda la población por la posibilidad de un tsunami, pero no se especificaban las causas.

Quizá eso ya ocurrió alguna vez. Una máquina fuera de control exterminó a toda una civilización.

O al menos eso pensaba Hatcher, según lo que podía recordar de su estrafalaria hipótesis.

Golpearon la puerta. Tenía miedo de atender, pero lo hizo. Era un oficial de la policía que venía a decirle que se iba a proceder inmediatamente a la evacuación de la ciudad.

- ¿Es por lo del tsunami? - preguntó Sterner.

- No estoy al tanto de los detalles - dijo el oficial -, sólo me enviaron a dar el aviso. Creo que tiene que ver con un informe presentado por la división que está a cargo del teniente Room.

- ¿Room? - dijo Sterner - ¿Está aquí, en esta ciudad?

- Así parecer - dijo el oficial-. Prepare su equipaje. Un vehículo lo pasará a buscar en 10 minutos.




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