La mentira de una Switzer

2

Rey del lobby

La habitación del hotel en la que estábamos hospedados me resultaba conocida, pero la decoración era completamente diferente a la última vez que vine, cuando tenía catorce años. No estaba segura si la habían expandido o si era solo mi memoria jugándome una mala pasada, pero parecía notablemente más amplia. Más que una simple habitación de hotel, ahora se sentía como un apartamento.

Nuestro padre nos entregó una llave del cuarto a cada uno de nosotros, excepto a Caleb. Mi madre intentó convencerlo de que no me diera una, diciendo que no era necesario y que causaría problemas. Por supuesto, él sabía que estaba aquí por su culpa; así que, supongo que para sentirse menos culpable, no le hizo caso a su esposa.

Tras ponerme un vestido fresco para el calor, busqué a Caleb. Al encontrarlo, le hice una señal con la cabeza para que me siguiera.

—¡Al fin! —exclamó, corriendo hasta mí con una sonrisa radiante.

—¿Adónde creen que van? —la voz de mi madre resonó a nuestras espaldas, deteniéndonos en seco.

—¡A jugar! —respondió Caleb de inmediato, girándose con su típica sonrisa inocente—. ¡Maya me prometió...!

—Tienes que estar con la señora Winston en quince minutos —interrumpió mi madre, ignorando su entusiasmo.

—Pero...

—¿De verdad contrataron una niñera para las vacaciones? —pregunté, frunciendo el ceño.

Mi madre movió sus ojos avellana de Caleb hacia mí, alzando una ceja como si la pregunta fuera innecesaria.

—No tengo tiempo para cuidar niños —replicó con desdén—. Además, todas las madres dejan a los pequeños con la señora Winston. Así tienen más diversión entre ellos.

Bufé, dándole un pequeño tirón a la mano de Caleb, señalándole que íbamos a continuar de todos modos.

—Llama a la señora Winston y dile que Caleb no estará con ellos hoy.

—No d...

—Volveremos más tarde. Adiós, madre.

Salimos rápidamente, sin mirar atrás. Las puertas del elevador se cerraron justo a tiempo, silenciando los gritos exasperados de mi madre sobre lo irresponsable que era. Caleb y yo nos miramos y, sin decir nada, estallamos en carcajadas.

Poco después, nos encontramos con Nico en la alberca y nos dirigimos a la playa. Fue más divertido de lo que había anticipado, aunque tuve que apagar mi celular para escapar de los mensajes y llamadas insistentes de mi madre.

—¡Juguemos a la llevas! —gritó Caleb, emocionado.

Nico soltó un gemido, dejándose caer dramáticamente sobre la arena.

—¡Ya corrimos demasiado! —se quejó—. ¿Acaso no te cansas nunca?

Caleb se cruzó de brazos, inflando sus mejillas para luego señalarlo con el dedo índice de su mano derecha.

—¡Estás cansado porque ya eres un viejo!

Solté una carcajada ante la expresión ofendida de Nico.

—¡Cómo te atreves! —exclamó, fingiendo indignación mientras se ponía de pie—. ¡Te atraparé en un segundo, ya verás!

—¡No me vas a alcanzar nunca, viejo! —le sacó la lengua, para luego salir corriendo a toda velocidad.

Me senté en la arena, riendo mientras observaba a Nico correr tras Caleb. Al poco rato, Nico ya lo tenía sobre su hombro, riendo triunfante.

—¡Este viejo te atrapó en un milisegundo! —declaró con orgullo, bajándolo suavemente.

Caleb frunció el ceño, lanzándome una mirada acusadora.

—¡Tú también tienes que jugar!

—Yo acepto que estoy vieja —me estiré perezosamente, dejándome caer sobre la arena—. Me canso rápido.

Caleb soltó un quejido, cruzándose de brazos.

—¡Nico es más viejo que tú y él sí está jugando!

—Es que mi vejez está aquí —me señalé la cabeza con una sonrisa.

—¡Pero tu cuerpo sigue siendo joven! —intervino Nico, inclinándose para levantarme.

—¡No, no quiero!

—Si nos atrapas en menos de diez minutos, hago lo que quieras durante toda la semana —dijo con tono retador, mientras mis ojos se abrían de grandemente—. ¿Eso si mueve a tu vejez mental? —agregó con una sonrisa traviesa.

—¡Por supuesto! —sonreí.

Caleb y Nico chocaron los cinco.

—Bien, comiencen cuando quieran, estoy más que lista.

Ellos se dirigieron una sonrisa antes de darme la espalda.

—Uno..., dos... —ambos comenzaron a correr al mismo tiempo—. ¡Ve en la dirección contraria! —le gritó Nico a Caleb, dándose cuenta que él era mi primer objetivo.

Tenía que aceptar que me cansé en apenas unos segundos, pero intenté seguirle el paso. Al darme cuenta de que intentar tocarlo era inútil, porque era mucho más rápido que yo, decidí cambiar de objetivo y me volteé para intentar atrapar a mi hermano.

Estaba parado a varios metros de nosotros, viéndonos con una sonrisa y, al darse cuenta que dejaba a Nico y comenzaba a correr en su dirección, se dio la vuelta para volver a correr.




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