La mentira de una Switzer

3

Todo me male sal

Ayer pasé un buen rato hablando con Elijah Moore, quien insistía en que le dijera mi nombre, pero logré evitarlo. Poco después, Nico me llamó para que nos encontráramos afuera. Creía haber visto a varios del círculo Moore, y alguno podría reconocerme si me veían con él.

Hacía cuatro años que evitaba aparecer en público con mi familia, ya fuera en vacaciones o en las revistas que cubrían los hoteles de mi padre. Aunque solían mencionarme como una de las herederas Switzer, en realidad nadie me conocía, pero por si acaso, decidí seguir el consejo de Nico.

El martes llegó con una hermosa mañana, y Caleb y yo salimos temprano de la habitación para evitar que nuestra madre nos retuviera nuevamente. Nos encontramos con Nico en un restaurante para desayunar. Sus ojos estaban medio cerrados por el sueño y su cabello revuelto dejaba claro que no había pasado por el peine, pero al contarle lo que había pasado con Elijah la noche anterior, sus palabras irracionales y lo molesta que me había dejado, pareció despertar de golpe.

—Déjame ver si entiendo —dijo Nico, tras escuchar mi relato—. ¡Quieres que Elijah se enamore de ti!

Fruncí el ceño y le di un golpe en el brazo.

—¡Claro que no! —protesté—. Solo quiero demostrarle que no tiene razón para odiarme por ser una Switzer.

—Bueno, la forma más efectiva es que se enamore de ti —replicó Nico con una sonrisa divertida, esquivando mi siguiente golpe—. ¡Ay, ya! ¡Entiendo, deja de pegarme! —se quejó mientras se sobaba el brazo—. Me compadezco de tu nuevo objetivo; nunca debió decirte eso.

—Es más idiota que tú, así que tengo razón para hacerlo mi objetivo —resoplé.

Nico suspiró dramáticamente, apoyando los codos en la mesa y acercándose hacia mí.

—¿Y cómo piensas lograrlo? ¿Te recuerdo que estás aquí con tu familia?

—No estoy con ellos todo el tiempo.

Él levantó las cejas y lanzó una mirada a Caleb, que estaba sentado a mi lado.

—Además de estar con él, también estás conmigo. Si te ve con nosotros, tu plan estará arruinado en menos de un segundo.

—Bueno... Sé que será más fácil si...

—¡Se enamora de ti! —interrumpió Caleb, sonriendo con entusiasmo.

Nico soltó una carcajada.

—¡Oye! —le revolví el cabello a Caleb, haciéndolo reír—. No te dejes influenciar por Nico, o terminarás peor que él, si es posible.

Caleb, aún sonriendo, cerró sus labios con los dedos, como si hiciera un gesto de cerrar un zipper. Le dediqué una mirada de aprobación mientras Nico fingía sentirse ofendido.

—Son demasiado crueles conmigo —se quejó Nico, soltando un suspiro teatral—. Entonces, ¿tienes algún plan para cumplir tu objetivo?

Me quedé en silencio por un momento antes de responder.

—Supongo que trataré de encontrarlo en alguno de los lugares prohibidos —me encogí de hombros—. Ya sabes, los que están en el territorio Moore.

Nico dejó escapar otro suspiro, como si mi idea fuera la peor que había escuchado.

—Eso es solo el primer paso. ¿Cómo piensas acercarte a él? —me encogí de hombros de nuevo, haciendo que se riera—. No basta con encontrarlo por ahí. Tienes que atraer su atención para que quiera pasar más tiempo contigo.

—¿Por qué siento que nuestro objetivo no es el mismo?

Nico sonrió y, como si no hubiera escuchado mi pregunta, comenzó a darme consejos sobre cómo atraer a Elijah. Al parecer, no había entendido que solo quería ser su amiga.

—¡Maya! ¿Puedes llevarme con mis amigos hoy? —exclamó Caleb emocionado al terminar el desayuno.

Sonreí y le revolví el cabello.

—Por supuesto. Solo déjame pedirle a mamá el número de la señora Winston.

Saqué el celular y se lo pasé a Nico.

—¿Puedes pedírselo tú? Por favor.

—¿Por qué yo...?

—¡Al fin te dignas a hablar, Amaya! —exclamó mi madre al otro lado de la línea, interrumpiendo a Nico—. ¡Sabía que era un error que vinieras, mucho más haberte dado una llave para la habitación y, lo peor de todo, es el ejemplo que le estás dando a Caleb de desobedecernos!

Le lancé una mirada suplicante a Nico, quien suspiró profundamente y tomó el celular.

—Buenos días, señora Switzer, habla Nicholas.

Hubo un breve silencio antes de que mi madre respondiera con un tono mucho más dulce:

—¡Oh, Nicholas! Lamento que hayas escuchado eso. ¿En qué puedo ayudarte?

Puse los ojos en blanco al escuchar el cambio en su tono de voz.

—Quería saber si podía proporcionarme el número de la señora Winston, Caleb desea pasar el día de hoy con sus amigos.

Evité reír ante el tono tan formal de Nico.

Mi madre le dio el número y, después de que se despidieran, llamé a la señora Winston. Los niños estaban en el área infantil del hotel, por lo que nos dirigimos allí y dejamos a Caleb con sus amigos.




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