Un acuerdo
No sabía en qué momento había pasado, pero pronto estaba entre los brazos de alguien que me sostenía fuertemente mientras yo sollozaba en su pecho.
No quería sentirme de esta forma por lo que mi madre había dicho, pero no podía evitarlo. Ni siquiera entendía qué era lo que tanto le molestaba de mí.
¿En verdad se debía a que no me comportaba como ella deseaba? ¿Por haberme negado a salir con personas que ella estipulaba? ¿Por tener amigos que tenían vidas más sencillas? ¿Por decirles que deseaba ser una artista?
¿Por qué mi madre me odiaba tanto?
—Estoy seguro de que tu madre en realidad no piensa eso de ti.
Escuchar su voz provocó que mi llanto se detuviera, incluso dejé de respirar mientras trataba de procesar lo que ocurría.
Pero mi cuerpo no deseaba esperar a que mi mente comprendiera y, de un empujón, alejé a mi padre.
—¿En serio? —pregunté, limpiando bruscamente mi rostro—. Porque ella parecía muy convencida al decirlo.
—Solo está... preocupada.
—¿Preocupada? —pregunté con ironía—. Por supuesto, estaba preocupada de que secuestrara a Caleb. ¿¡Por qué creería algo como eso!?
Mi padre intentó acercarse de nuevo a mí, pero volví a alejarme.
—Escuchaste todo y ni siquiera dijiste algo —murmuré, sintiendo que mis ojos se llenaban de lágrimas de nuevo—. ¿Entiendes por qué deseaba quedarme en casa? Esta ni siquiera parece mi familia.
—No digas eso, Amaya, por supuesto que somos tu familia.
Intentó tomarme del brazo, pero volví a alejarme.
—En verdad no entiendo qué hice mal —susurré—. ¿Es porque no termina de gustarme su estilo de vida? ¿Porque no obedezco sus órdenes ilógicas?
—No es eso —negó con la cabeza—. Escúchame, nosotros solo queremos lo mejor para ti.
—¿Y consideras que esto es lo mejor? ¿Obligarme a venir a un lugar en el que me siento peor que en casa? Ahí, por lo menos, todos están ocupados en sus asuntos.
Los ojos cafés de mi padre me observaron por un momento en silencio, antes de decir:
—Yo en verdad quiero lo mejor para ti.
Por un momento estuve a punto de creerlo. Tal vez fue la mirada sincera en sus ojos, la expresión tan franca que me brindaba.
Pero, ¿cómo esto iba a ser lo mejor? Este era el tercer día del viaje, Jayden volvió a hablarme por una estupidez, Sheela molestaba más insistentemente e incluso mi madre me había exigido que me alejara de Caleb, me había dicho que deseaba que no existiera y me dio una bofetada.
No entendía la lógica de mi padre.
—¿De verdad consideras que esto es lo mejor? —repetí, suavemente.
Hubo silencio después de mi pregunta.
Tragué el nudo que se formó en mi garganta y, después de respirar profundamente, dije:
—Dile a mi a mi madre que no me alejaré de Caleb por sus caprichos sinsentido. Esperaría que también le dijeras a tus hijos que no hay necesidad de que si quiera me dirijan una mirada mientras estoy aquí —antes de que pudiera responder, agregué:—. No imaginas cuánto quiero regresar a casa, pero no me perderé de este verano junto a Caleb por culpa de mi familia.
Él no dijo nada, mientras me alejaba en dirección a la habitación de Caleb. Al abrir la puerta, vi a mi madre hablando tranquilamente con Nico.
Bueno, mi vista fue completamente dirigida a Nico, y solamente había visto por el rabillo del ojo a mi madre.
—Te esperaré afuera, llámame cuando no estés ocupado.
Después de decirle eso, volví a cerrar la puerta de la habitación y salí de la suite. No podía soportar por otro momento estar en ese lugar.
Si entendiera las razones de todos para tratarme de esa manera, probablemente haría el intento por cambiarlo. Pero, si mi sola existencia era lo que les molestaba, no les iba a dar el gusto de cambiarla por ellos.
Nico me alcanzó cuando el elevador estaba a punto de cerrarse, entrando en él con la respiración rápida por haber corrido por el largo pasillo.
—Lo siento —dijo enseguida—. No debí dejarte sola con tu madre, sabía que no iba a salir bien, pero...
—¿No esperabas que fuera horrible? —pregunté, con una pizca de burla.
Él suspiró.
—Por favor, no trates de fingir cuando estás a solas conmigo.
Solté un profundo suspiro, apoyándome en el metal del elevador.
—Me sentí... Me sentí muy mal por lo que dijo —confesé en un susurro—. No sé qué ocurre con ella, el hecho de pensar que sería capaz de llevarme a Caleb, decir que la razón por la que no nos quería cerca era porque yo soy un error.
Contuve el aliento por un segundo.
—No entiendo por qué. ¿Es porque soy tonta o porque no quiero aceptar que sí lo soy?
Nico se acercó a mí y me alejó del metal del elevador para abrazarme.
—No lo eres. Ni tonta ni un error —suspiró—. Tampoco entiendo por qué tu madre reacciona de esa manera, pero espero que tu padre sea capaz de arreglar las cosas.