El tercer día es el peor
Solté un profundo suspiro mientras dirigía mis ojos hacia la persona que estaba frente a la televisión para que le prestara toda mi atención.
Apagué el dispositivo y me puse de pie, sin dirigirle una mirada antes de comenzar a alejarme de la sala de estar que estaba en la suite.
—Amaya, no respondiste mi pregunta —dijo, provocando que me detuviera.
De verdad odiaba volver a escuchar su voz, ¿por qué no me ignoraba como lo venía haciendo desde hace algún tiempo? Cuando sus ojos ni siquiera reparaban en mi presencia, definitivamente me sentía mejor.
—No tengo por qué responder tus preguntas —respondí, dirigiéndole una mala mirada.
—¿Prefieres que se lo diga a nuestros padres? —inquirió, elevando una ceja.
Tomé el puente de mi nariz, cerrando mis ojos.
—¿De verdad crees que me importa que ellos se enteren? —pregunté, cansada—. Déjame decirte que no, así que puedes ir a contarle todo lo que quieras a tus papis.
Jayden puso sus ojos en blanco.
—Igual iba a decírselos.
—No me sorprende —murmuré.
—Aún así, quiero saber con quién estabas.
Solté un profundo suspiro, cruzando mis brazos encima de mi pecho.
—Es algo que no te incumbe, hermanito —sonreí falsamente—. Agradecería mucho que volvieras a ignorar mi existencia, como lo vienes haciendo desde hace algún tiempo, así ninguno de los dos pensará que sus días son una tortura.
—Ama...
—Adiós, no vuelvas a hablarme.
Volví a darme la vuelta, encontrándome con Sheela y Caleb en la puerta de la sala. Sin dirigirle una mirada a mi hermana menor, tomé la mano de Caleb.
—¿Quieres ir a la playa?
—Nuestra madre dijo que...
No terminé de escuchar lo que Sheela decía y continué caminando con Caleb. Ya había hablado lo suficiente con Jayden, si llegaba a ponerle atención a mi hermana, definitivamente me quitaría la poca paciencia que aun tenía.
—¿Quieres ir a la alberca? —le pregunté a mi hermano menor.
—¡Sí, qui...!
—¡Oye, deja de ignorarme! —exclamó Sheela, con la voz chillona.
Caleb volteó a verla con una expresión de angustia, volviendo a verme a mí luego. Le dediqué una sonrisa para calmarlo y, sin voltear hacia donde estaba nuestra hermana, continué caminando con él.
Podía escucharla a nuestras espaldas exigirnos que nos detuviéramos, pero no le presté alguna atención y abrí la puerta de la suite para salir de ese ruidoso lugar.
Sonreí al ver que Nico estaba parado frente a ella, apunto de tocar el timbre.
—¡Amaya, no...!
—¡Sheela, basta! —escuché que decía Jayden.
La sonrisa de Nico fue reemplazada por una expresión parecida a la de Caleb. Solté otro suspiro y continué caminando, cerrando la puerta para que no fuéramos capaces de escuchar las quejas de Sheela al ser callada por Jayden.
—No vine en el mejor momento, ¿cierto? —preguntó Nico, dejando escapar un suspiro—. Y yo que pensé en entrar a relajarme un momento.
Comenzamos a caminar por el pasillo.
—Sería más relajante estar en un club que en ese infierno.
Antes de que Nico respondiera, sentí un apretón en la mano que provocó que ambos volteáramos a ver al pequeño Caleb, quien me observaba con una expresión triste, sacando su labio inferior.
—¿Ocurre algo? —pregunté, preocupada.
—Es que no me gusta —dijo.
—¿Qué cosa?
—Que ustedes peleen todo el tiempo —dijo suavemente, bajando su mirada—. ¿Así será conmigo cuando yo crezca?
Le dirigí una mirada a Nico, esperando alguna ayuda de su parte; sin embargo, se limitó a encogerse de hombros, aunque su mirada era casi igual de triste que la de Caleb.
Me detuve a mitad de nuestro camino hacia el elevador, hincándome frente a él y tomando su rostro entre mis manos para que sus ojos cafés se encontraran con los míos.
—Por supuesto que no será igual —respondí con firmeza—. Jayden, Sheela y yo no nos entendemos bien, pero no ocurre lo mismo con nosotros, ¿cierto?
Él negó con la cabeza.
—Mientras podamos entendernos, todo continuará excelente —dije, guiñándole el ojo.
Caleb sonrió y volvió a asentir, así que solté su rostro y me puse de pie, tomando de nuevo su mano para continuar caminando.
—Entonces, ¿qué quieren hacer hoy? —le pregunté a ambos—. ¿Les gustaría ir a la alberca?
—¡Sí! —dijeron al mismo tiempo.
—Pero primero deberíamos comprar trajes de baño, ¿o alguno trajo ropa extra? —preguntó Nico.
Caleb y yo negamos.
—¡Bien, ir de compras también es una de mis actividades favoritas!
—¡A mí también me gusta! —exclamó Caleb—. ¿Iremos también a la juguetería?