Un día bajo el agua
Llegamos en la mañana de nuevo al hotel, después de desayunar afuera. Luego de decirle a Nico que iría a ver a Caleb y para más tarde juntarme con Elijah, escuchar como mil veces que debía de alejarme de los lugares que concurrían las personas del círculo Switzer, nos separamos.
Algunas de esas personas ni siquiera habían visto una foto mía en años, por lo que no me preocupaba tanto. Sin embargo, encontrar a mis hermanos era otra historia. Por los menos, pensaba que los lugares que a mí me interesaban no iban a interesarles a ellos.
Al llegar a la suite, solamente encontré a Jayden y Sheela, aunque la última dormía en el sofá. Busqué a Caleb, pero no se encontraba y tenía una idea muy clara de lo que había ocurrido.
Mi madre se lo llevó antes de que yo llegara para que no pudiera verlo.
No le dirigí ninguna palabra a mi hermano y, por lo visto, mi padre le había informado lo que le dije ayer por la noche. Era eso, o solamente quiso ahorrarse el mal sabor de boca que le dejaba hablar conmigo.
Después de cambiarme y guardar mi cuaderno de dibujos en la pequeña mochila que llevaba a todos lados, salí de la suite. Elijah y yo quedamos en juntarnos en la playa, pero ya que llegué antes, comencé a ver mi cuaderno de dibujos mientras lo esperaba.
Durante los tres días del viaje, lo llevé a todos lados para poder dibujar. Hasta el momento, tenía un dibujo de Caleb con Nico jugando en la playa, bastantes dibujos que hice en el acuario, en donde Caleb admiraba a algún animal en la mayoría, casi siempre con Nico a su lado. Y ayer por la noche hice muchos, mayormente de Nico, pero incluso dibujé lugares que me gustaban.
—Hey, Katie.
Volteé a ver hacia arriba y, después de cerrar mi cuaderno, me puse de pie.
—Ah, hola, Elijah —sonreí—. Entonces, ¿adónde iremos hoy?
Él se encogió de hombros, dirigiendo su vista hacia el mar mientras yo guardaba el cuaderno en mi mochila y volvía a colocármela.
—La última vez hicimos lo que yo quería, ¿qué quieres hacer tú?
Aunque su pregunta me sorprendió por un momento, muy pronto sonreí con emoción. Ayer quería ir a otro lugar con Nico y Caleb, pero ya que habían decidido ir al acuario ambos, no pude objetar mucho.
No sabía si a Elijah le interesen ese tipo de lugares, pero debía intentarlo.
—¡Vamos a...!
Elevó su mano para detenerme. Con la otra mano metida en el bolsillo de su bermuda, me dirigió una mirada con sus ojos entrecerrados.
—No voy a lanzarme de un risco —aclaró, haciéndome reír.
—Acabas de destruir por completo mis planes.
Soltó un bufido, aunque mantuvo una pequeña sonrisa en su rostro.
—Vamos, sé que puedes pensar en mejores planes que no involucren una posible muerte.
—Eres taaan exagerado —dije, haciendo un movimiento desdeñoso con la mano—. Entonces, ¿qué te parece ir a un museo?
—¿Museo?
—Sí, cerca hay un museo subacuático de arte, ¿¡no suena interesante!? ¡O podemos ir a una zona arqueológica! —me acerqué más—. ¡Podemos salir de la Zona Hotelera e ir a Tulum!
—¿Tulum? —repitió, con una ceja alzada.
Me alejé, comenzando a mover mis manos con emoción.
—Queda a una hora de aquí, pero vi fotos y parece espectacular. Aunque también quisiera ir al museo, ¡pero los dibujos de la zona arqueológica serían increíbles!
Solté un suspiro, viendo de nuevo a Elijah.
—¿Qué lugar crees que será mejor? —pregunté—. No quiero ser la única emocionada, ¿sabes? La idea es que ambos podamos divertirnos.
Elijah lo pensó más seriamente de lo que hubiera creído, frunciendo sus labios mientras se cruzaba de brazos.
—El museo suena bien.
Quise ocultar mi asombro, pero parecía que no lo había logrado.
—¿Qué? —inquirió, dándose cuenta que no dejaba de verlo.
—Es cierto que es un museo bajo el mar, pero sigue siendo un museo.
—Lo sé —dijo, frunciendo su ceño—. ¿Qué no estabas emocionada por ir? ¿Por qué ahora parece que cambiaste de opinión?
Sonreí, negando fervientemente con la cabeza.
No quise decirle que era una persona a la que no veía en un museo, porque sabía que lo estaba juzgando.
Era solo que Elijah me parecía más del tipo de hombre al que le gustaba ir a clubes caros, hacer actividades de deportes extremos o cosas así, teniendo en cuenta las pocas veces que nos hemos encontrado.
Aunque, siendo sincera, tampoco lo miraba como una persona que practicaba algún deporte en general. A lo mucho, hubiera asegurado que le gustaba ejercitarse.
—¡Vamos al museo! —exclamé, tomando su brazo para comenzar a caminar.
—Nunca creí que alguien podía emocionarse tanto por ir a ver esculturas en el fondo del mar —mencionó, con un tono divertido.
—Estoy segura de que no soy la única en el mundo.