La Mentira más Hermosa

1. Buena noticia: la rubia soy yo

Las historias siempre empiezan igual.
La chica rubia entra en la habitación y todos ya decidieron quién es antes de que abra la boca.

Superficial. Mimada. Problemas de papi.
La villana.

Y, bueno… esta vez tienen razón.

A sus veinte años, ella era el tipo de desastre que las familias ricas intentan esconder detrás de sonrisas perfectas y vestidos caros. Conducía demasiado rápido, hablaba demasiado fuerte y tenía la costumbre de mirar a las personas como si pudiera desarmarlas con una sola sonrisa.

Porque podía.

No era dulce.
No era inocente.
Y definitivamente no necesitaba que nadie la rescatara.

Su apellido abría puertas en todo el país, pero ella prefería patearlas hasta romperlas. Escándalos, fiestas clandestinas, expulsiones temporales y titulares ridículos en redes sociales; su vida era una colección de malas decisiones vestidas de diseñador.

La gente decía que estaba loca.

Ella prefería pensar que simplemente era honesta.

Mientras las demás chicas fingían ser perfectas, ella fumaba en balcones ajenos, se reía en funerales aburridos y desaparecía durante días sin avisarle a nadie. Era un incendio con tacones altos. Hermosa de lejos. Peligrosa de cerca.

Y aun así, había algo peor que su reputación.

El hecho de que no le importara.

Porque cuando una persona deja de temer las consecuencias, deja de ser predecible. Y cuando alguien así entra en tu vida, sólo hay dos opciones:

Alejarte.

O verla destruirlo todo desde la primera fila.




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