La Mentira Más Hermosa

18. Victoria Beaumont

Apenas Aldrick cerró la puerta del despacho, escuchó el suspiro gélido de Victoria al otro lado de la llamada.

—Interesante compañía tienes ahora, Aldrick.

Él se pasó una mano por el rostro con evidente cansancio.

Incluso desde allí podía escuchar la risa de Avery en la cocina.

Sonaba como la de un pequeño demonio completamente satisfecho con el caos que acababa de provocar.

—Ignora todo lo que haya dicho.

—Es difícil hacerlo cuando una chica aparentemente vive en tu casa y responde tu teléfono como si fuera la dueña del lugar.

Aldrick cerró los ojos durante un instante.

Sí.

La confusión de Victoria era perfectamente razonable.

—No es lo que parece.

—Esa frase nunca tranquiliza a nadie.

Tenía razón.

Se apoyó contra el escritorio mientras percibía unos pasos al otro lado de la puerta.

Seguramente Avery.

Intentando espiar.

Por supuesto.

—Victoria, tuve un accidente hace algunas semanas.

—Eso sí lo escuché.

—Ella también estuvo involucrada.

Hubo un breve silencio.

—¿Ella?

—Avery Ashbourne.

No le hizo falta verla para saber el momento exacto en que había reconocido el apellido.

—…Oh.

Exactamente esa reacción.

Incluso entre las familias más adineradas, los Ashbourne tenían fama de protagonizar desastres con una elegancia casi admirable.

Y Avery era la protagonista de la mayoría de esos rumores.

—Espera un momento —dijo Victoria lentamente—. ¿La Avery Ashbourne?

—Sí.

—¿La chica de los escándalos, los clubes y…?

—Sí. Esa Avery.

El silencio volvió a instalarse entre ambos.

Después llegó una risa incrédula.

—Aldrick Castell viviendo con Avery Ashbourne. Eso suena como un castigo divino.

Él levantó la vista justo cuando la puerta del despacho se abrió apenas unos centímetros.

Un ojo azul apareció entre la rendija.

La ignoró.

—Es algo temporal.

El ojo desapareció.

Dos segundos más tarde volvió a asomarse.

Insoportable.

—Claro —respondió Victoria con un tono claramente divertido—. Y yo soy una monja.

—Victoria.

—Vamos, Aldrick. Medio país pensaba que acabarías casándote con una mujer impecable de una familia importante, no adoptando a una amenaza pública rubia.

Amenaza pública.

La definición resultaba sorprendentemente acertada.

Entonces se escuchó un golpe al otro lado de la puerta.

Y enseguida, la voz indignada de Avery.

—¡Escuché eso!

Victoria rompió a reír.

Perfecto.

Ahora hasta ella encontraba divertida aquella situación.

—¿Está literalmente escuchando detrás de la puerta?

—Sí.

—¿Y tú se lo permites?

Aldrick observó la madera durante unos segundos antes de responder.

—Estoy demasiado cansado para pelear.

Aquellas palabras hicieron que Victoria guardara silencio.

Quienes lo conocían sabían que él jamás admitía algo así.

Jamás.

—¿Qué está pasando realmente? —preguntó finalmente con voz mucho más seria.

Era una buena pregunta.

Porque ni él mismo estaba seguro de la respuesta.

Al principio, Avery Ashbourne solo había representado un problema temporal.

Una responsabilidad incómoda de la que esperaba librarse cuanto antes.

Pero ahora…

Ahora incendiaba su cocina, intentaba escapar de la mansión, destruía su paz mental y conseguía alterar el orden perfecto de su vida.

Y, aun así, la idea de dejarla sola seguía pareciéndole una pésima decisión.

Un nuevo ruido sonó al otro lado de la puerta.

Sin pensarlo demasiado, Aldrick la abrió de golpe.

Avery perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer al suelo.

Desde abajo, lo miró con una mezcla de indignación y descaro.

—¡Eso fue grosero!

Él arqueó una ceja.

—¿Estabas escuchando?

Ella se puso de pie con toda la dignidad que la situación le permitía.

—Técnicamente estaba investigando.

La carcajada de Victoria volvió a escucharse a través del teléfono.

Y, por primera vez en varias semanas, Aldrick sintió algo extraño.

Algo peligrosamente parecido a la resignación.

Porque Avery Ashbourne ya no daba la impresión de ser un accidente pasajero.

Se parecía mucho más a un huracán que, poco a poco, había decidido instalarse definitivamente en el centro de su vida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.