Aldrick Castell parecía haber perdonado a Avery por lo del reloj.
Bueno… «perdonado» era una palabra bastante generosa.
Más bien había aceptado que convivir con ella implicaba perder varios años de esperanza de vida cada día.
Avery llegó a esa conclusión cuando él volvió a hablarle con relativa normalidad y dejó de mirarla como si estuviera considerando enterrarla en el jardín.
Un avance.
Aquella tarde lo encontró en el despacho revisando unos documentos con una expresión especialmente seria.
Muy seria.
Mala señal.
Entró sin llamar, por supuesto.
—¿A quién vas a demandar ahora?
Aldrick levantó apenas la vista.
—Ven aquí.
Aquello sonó sospechoso.
Aun así, Avery se acercó despacio al escritorio y observó las carpetas abiertas frente a él.
Expedientes médicos.
Muchos.
Frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué es todo esto?
—Tus registros.
Ah.
Se le escapó una breve risa.
—¿Todavía intentas entenderme? Qué adorable.
Él ignoró el comentario.
—Esta mañana solicité acceso completo a tu historial médico.
—Psicópata controlador. Veo que seguimos con ese tema.
Pero Aldrick parecía no escucharla.
Continuaba revisando los documentos con una expresión extraña.
Confusión.
Irritación.
Incluso algo parecido a la incredulidad.
—¿Qué pasa? —preguntó finalmente.
Él levantó una de las hojas.
—No hay nada.
Avery parpadeó.
—¿Perdón?
—Nada, Avery.
Golpeó suavemente la carpeta con los dedos.
—No existe un historial pediátrico completo. No aparecen vacunas registradas, revisiones anuales ni enfermedades comunes. Ni siquiera hay constancia de un simple resfriado.
Ella lo observó durante unos segundos.
Después comenzó a reír.
Con ganas.
Porque, sinceramente, aquello le parecía demasiado absurdo.
Aldrick frunció el ceño.
—¿Te resulta gracioso?
—Muchísimo.
Todavía riéndose, se dejó caer sobre el sofá del despacho.
—Castell… a veces eres increíblemente ingenuo.
Él se tensó apenas.
—¿Ingenuo?
—¿De verdad esperabas que mis padres se preocuparan por llevarme al médico?
El silencio llenó la habitación.
Avery apoyó la cabeza contra el respaldo mientras dirigía la vista al techo.
—Las familias como la mía solo solucionan los problemas que pueden verse.
Levantó una mano y comenzó a contar con los dedos.
—¿Un escándalo? Se arregla.
¿Un embarazo? Se arregla.
¿Una hija completamente desquiciada? Se esconde.
Bajó lentamente la mano.
—Pero nadie pierde el tiempo con cosas pequeñas como una fiebre o una gripe.
Aldrick continuaba observándola sin decir una sola palabra.
Y aquello empezó a incomodarla.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—Esa de «voy a matar a los Ashbourne».
Él no respondió.
Lo que, para Avery, confirmó completamente su sospecha.
Se le escapó otra risa breve.
—Ya te dije que a nadie le habría importado si desaparecía.
Aldrick volvió a bajar la vista hacia los documentos.
Cuando habló de nuevo, su voz era peligrosamente tranquila.
—Ni siquiera existen registros psicológicos reales.
Eso consiguió captar toda la atención de Avery.
—¿Qué?
Se incorporó ligeramente.
Él deslizó una carpeta hacia ella.
Estaba vacía.
—Todo lo relacionado con tu salud mental fue eliminado… o jamás llegó a existir oficialmente.
Avery observó aquellos papeles durante unos segundos.
Qué raro.
Porque estaba casi segura de recordar consultorios.
Médicos.
Pastillas.
¿O no?
Aquella incómoda sensación de vacío regresó durante un instante.
Ese hueco extraño en su memoria.
Apretó la carpeta entre las manos y, acto seguido, sonrió.
La sonrisa de siempre.
La sonrisa fácil.
—Bueno —murmuró—. Quizá simplemente soy encantadora por naturaleza.
Aldrick levantó lentamente la vista hacia ella.
Y, por primera vez en mucho tiempo…
Parecía genuinamente preocupado.
Aquello la irritó de inmediato.
—Deja de buscar cosas donde no las hay, Castell.
Él frunció apenas el ceño.
—Avery…
—En serio. Déjalo.
Se puso de pie y apartó la carpeta.
—A nadie le importa. Ni a ellos. Ni a mí. Así que deja de actuar como si acabaras de descubrir una tragedia nacional.
El silencio volvió a apoderarse del despacho.
Avery tomó la manija de la puerta sin mirarlo.
—Y deja de intentar arreglarme.
Después salió de la habitación sin volver la vista atrás.