La Mentira Más Hermosa

28. ¿Avery?

Victoria se quedó en silencio varios segundos después de aquella pregunta.

“¿Cuál es mi lugar ahora, Aldrick?”

Y por primera vez desde que la conocía, parecía insegura.

Eso era extraño en alguien como ella.

Aldrick respiró lentamente antes de hablar:

—No quiero lastimarte, Victoria.

Ella soltó una pequeña risa amarga.

—Demasiado tarde para eso.

Silencio.

La habitación se sintió incómodamente pequeña de pronto.

Victoria observó el rostro de Aldrick unos segundos más antes de negar apenas con la cabeza.

—Te conozco desde hace años —murmuró—. Jamás habías mirado a alguien como miras a esa chica.

Aldrick no respondió.

Y eso terminó siendo respuesta suficiente.

Victoria sonrió apenas.

Triste esta vez.

Real.

—Qué desastre, Aldrick Castell.

Después tomó su bolso del sillón y caminó hacia la puerta.

Pero antes de salir se detuvo apenas un segundo.

—Sólo ten cuidado.

Él levantó la vista hacia ella.

—¿Con Avery?

Victoria negó suavemente.

—No. Contigo.

Y luego se fue.

La mansión quedó en silencio.

Uno incómodo.

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Aldrick llevaba más de una hora intentando trabajar en el despacho sin éxito cuando escuchó pasos acercándose.

Pensó que era Avery.

Obviamente.

Porque Avery tenía la costumbre de aparecer en cualquier habitación sólo para destruir su paciencia.

—Si incendiaste algo otra vez, juro que—

La frase murió apenas levantó la vista.

Era ella.

Pero no exactamente.

La chica apoyada contra la puerta tenía el mismo rostro de Avery Ashbourne.

El mismo cabello rubio.
Los mismos ojos azules.

Y aun así…

Algo era diferente.

Demasiado diferente.

No había caos en ella esta vez.

No había sarcasmo inmediato ni energía impulsiva.

Sólo observación.

Como si estuviera analizándolo.

—Qué manera tan romántica de recibir gente —dijo ella con calma.

Aldrick frunció apenas el ceño.

—¿Avery?

Ella sonrió apenas.

Pequeño error.

Porque esa sonrisa no se parecía a las otras.

—Mmm. Digamos que hoy no estoy de humor para escuchar gritos.

Avanzó lentamente dentro del despacho mientras Aldrick seguía observándola en silencio.

Ella tomó distraídamente una de las plumas del escritorio girándola entre los dedos.

—Victoria es inteligente —comentó sin mirarlo—. Entendió las cosas rápido.

Aldrick se tensó apenas.

—¿Escuchaste la conversación?

—No hacía falta escuchar mucho.

Levantó finalmente la mirada hacia él.

Y hubo algo incómodo en la tranquilidad con la que sostuvo sus ojos.

Como si no le intimidara en absoluto.

Como si ya hubiera calculado exactamente qué clase de hombre era.

—Tienes potencial, Aldrick Castell.

Él arqueó apenas una ceja.

—¿Eso se supone que es un cumplido?

Ella se acercó un poco más al escritorio.

—Quizá.

Silencio.

Aldrick sabía perfectamente que Avery normalmente habría hecho un chiste, roto algo o empezado una discusión absurda hacía cinco minutos.

Pero esta versión de ella…

Era demasiado serena.

Y eso resultaba mucho más peligroso.

—Estás rara otra vez —dijo finalmente.

Ella soltó una pequeña risa.

Suave.

Controlada.

—Tal vez apenas estás empezando a prestar atención.

Después inclinó apenas la cabeza observándolo.

Como si tomara una decisión.

—Aunque honestamente… Avery jamás haría esto.

Aldrick frunció el ceño.

—¿Hacer qué?

Ella sonrió apenas otra vez.

Y por primera vez desde que Avery Ashbourne había llegado a su vida…

Aldrick sintió algo parecido a alarma real.




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