La Mentira Más Hermosa

31. No me agrada esto

Aldrick supo inmediatamente que algo estaba mal apenas entró al salón.

Porque Avery Ashbourne estaba sentada tranquilamente conversando con Leonard Vale.

Y Leonard se estaba riendo.

Eso ya era preocupante.

—…y entonces el profesor literalmente dijo que mi ensayo era “socialmente alarmante” —comentó Avery con absoluta calma.

Leonard soltó otra carcajada.

—Empiezo a entender por qué Aldrick parece vivir estresado.

Ella sonrió apenas.

Relajada.

Cómoda.

Como si llevaran horas hablando.

Aldrick dejó lentamente las llaves sobre la mesa.

Los dos levantaron la vista hacia él.

—Volviste rápido —dijo Avery.

Demasiado tranquila.

Leonard notó inmediatamente la expresión de Aldrick y sonrió apenas divertido.

—¿Qué pasa con esa cara?

—¿Qué cara?

—La de esposo que descubrió que alguien tocó su auto favorito.

Aldrick ignoró el comentario.

O lo intentó.

Porque seguía observando a Avery.

Y había algo profundamente irritante en aquella escena.

No estaba gritando.
No estaba discutiendo.
No estaba incendiando absolutamente nada.

Sólo conversando tranquilamente con Leonard.

Y eso no debería haberle molestado.

Pero lo hacía.

Mucho.

—Honestamente esperaba encontrar caos cuando regresara —comentó finalmente.

Avery ladeó apenas la cabeza.

—Qué decepción para ti.

Leonard se acomodó mejor en el sillón claramente disfrutando aquello.

—De hecho, nos llevamos bastante bien.

Sí.

Ese era exactamente el problema.

Aldrick aflojó apenas la corbata mientras seguía observándolos.

—Eso puedo ver.

Avery frunció apenas el ceño.

—¿Por qué suenas ofendido?

—No estoy ofendido.

Leonard soltó una risa inmediata.

—Mentira.

Aldrick le lanzó una mirada seca.

—No ayudas.

—Oh, definitivamente ayudo. Esto es entretenidísimo.

Avery observó a ambos unos segundos.

Después sonrió apenas divertida.

—Castell está celoso otra vez, ¿verdad?

—No lo estoy.

—Ya conozco esa cara.

Leonard levantó una mano señalándolo.

—Yo también.

Aldrick cerró los ojos un segundo.

Fantástico.

Ahora los dos estaban burlándose de él.

—Sólo me sorprende —dijo finalmente mirando a Avery— que no hayas ahuyentado a Leonard todavía.

Ella arqueó apenas una ceja.

—Tal vez porque él sí sabe mantener conversaciones normales.

Eso hizo que Leonard soltara otra carcajada.

Traidor.

Aldrick sostuvo la mirada de Avery unos segundos más.

Y otra vez apareció esa sensación incómoda.

Porque ella seguía demasiado tranquila.

Demasiado suave.

Nada que ver con la chica que normalmente convertía cualquier interacción social en un desastre controlado.

Leonard pareció notarlo también.

Porque lentamente dejó de sonreír.

—Aunque honestamente —comentó observando a Avery— sigo pensando que no pareces tan peligrosa como Aldrick dice.

Ella sonrió apenas.

Pequeño error.

Porque por una fracción de segundo, algo en esa sonrisa resultó… extraño.

Difícil de explicar.

Demasiado tranquila.

Aldrick lo notó inmediatamente.

Y al parecer Leonard también.

Pero Avery simplemente se puso de pie como si nada.

—Bueno, los dejo seguir con sus problemas de hombres ricos emocionalmente reprimidos.

Pasó junto a Aldrick con absoluta calma.

Y apenas rozó su hombro al pasar murmuró suavemente:

—No pongas esa cara, Castell. Parece que te molesta compartir atención.

Después siguió caminando escaleras arriba.

Leonard guardó silencio unos segundos.

Luego miró lentamente a Aldrick.

—Ahora entiendo por qué estás estresado.




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