—Sigo sin entender por qué tuve que venir contigo.
Leonard manejaba con una sola mano mientras observaba el tráfico con evidente aburrimiento.
Aldrick iba revisando documentos en el asiento del copiloto.
—Porque necesito pasar por Avery antes de la cena con los inversionistas.
—Y eso requiere apoyo emocional arquitectónico, claro.
Aldrick ignoró el comentario.
La cena había sido organizada a último momento por unos socios extranjeros y, desafortunadamente, no podía dejar a Avery sola toda la noche después del pequeño desastre de días atrás.
Aunque jamás admitiría que esa era la razón real.
Leonard sonrió apenas mientras estacionaba frente a la universidad.
—Honestamente quiero volver a verla.
Mala señal.
Aldrick levantó apenas la vista.
—¿Por qué?
—Porque la última vez parecía una persona relativamente funcional y eso contradice completamente todo lo que dices de ella.
Aldrick soltó una risa seca.
—Entonces claramente conociste una versión rara.
Leonard iba a responder algo cuando las puertas principales de la universidad se abrieron violentamente.
Y entonces apareció Avery.
Oh no.
Aldrick reconoció inmediatamente esa expresión.
Cabello rubio desordenado.
Mochila colgando de un hombro.
Mirada de absoluto caos.
Definitivamente problemas.
—¡¿CÓMO QUE REPROBÉ POR ASISTENCIA?! —gritó Avery detrás de ella mientras caminaba furiosa.
Un profesor apareció en la entrada claramente agotado.
—¡SEÑORITA ASHBOURNE, USTED DESAPARECIÓ DOS SEMANAS!
—¡ESO SE LLAMA AUTOCUIDADO EMOCIONAL!
Leonard parpadeó lentamente.
Avery siguió caminando indignada hasta que vio el auto.
Y después sonrió.
Peligroso.
Muy peligroso.
Abrió la puerta trasera subiéndose de golpe.
—Castell, tu sistema educativo es una basura.
Leonard la observó completamente confundido.
—¿Qué demonios pasó con la chica tranquila?
Avery lo miró apenas desde el asiento trasero.
—¿Qué chica tranquila?
—La que habló conmigo sobre arquitectura y literatura como una persona civilizada.
Ella frunció el ceño.
—Eso suena aburridísimo.
Aldrick cerró los ojos un segundo.
Sí.
Definitivamente esta era la Avery que conocía.
—¡Y además ese profesor me odia! —continuó ella indignada—. Sólo porque accidentalmente provoqué una evacuación una vez.
Leonard giró lentamente hacia Aldrick.
—¿Una vez?
—No preguntes.
—¡Fue un incidente menor! —protestó Avery desde atrás.
—Hubo humo, Avery.
—¡Pero nadie murió!
Leonard empezó a reírse.
Fuerte.
Avery lo señaló inmediatamente.
—Tú sí me entiendes.
—No, honestamente ahora estoy un poco asustado.
Ella sonrió orgullosa recargándose en el asiento.
—Correcto. Esa es la reacción adecuada.
Leonard volvió a mirar a Aldrick.
—Ok. Retiro todo lo que dije. Definitivamente es peligrosa.
Aldrick soltó una pequeña risa seca mientras arrancaban nuevamente.
Y por primera vez en días…
La sensación incómoda que llevaba encima desapareció un poco.
Porque esta Avery sí parecía real.