La diferencia fue inmediata.
Y Leonard la notó antes incluso de que Aldrick quisiera admitirlo.
Hacía apenas veinte minutos Avery había estado gritándole al sistema educativo desde el asiento trasero del auto como una amenaza pública con problemas de autoridad.
Ahora bajaba las escaleras en completo silencio.
Cabello todavía húmedo después de ducharse.
Suéter claro demasiado grande.
Expresión tranquila.
Demasiado tranquila.
Leonard dejó lentamente el vaso sobre la mesa mientras la observaba acercarse al comedor.
—Ah, volvió.
Aldrick levantó apenas la vista hacia él.
—¿Quién?
Leonard señaló discretamente hacia Avery.
—La versión civilizada.
Ella tomó asiento frente a ellos con una pequeña sonrisa suave.
—Qué grosero.
Nada raro en la frase.
Y aun así…
Otra vez se sentía distinta.
Más ligera.
Más callada.
Aldrick ya empezaba a odiar notar esas cosas.
Una empleada comenzó a servir la comida mientras Avery agradecía suavemente.
Leonard casi parecía fascinado observándola.
—Definitivamente no entiendo cómo funcionas —comentó él.
Avery inclinó apenas la cabeza.
—Yo tampoco a veces.
La respuesta salió tan tranquila que por un segundo hubo algo extraño en el silencio posterior.
Pero después Leonard soltó una pequeña risa.
—Ok, eso sí sonó preocupante.
Avery sonrió apenas mirando el plato frente a ella.
—Castell dice cosas peores diariamente y nadie se alarma.
—Porque Castell parece un villano financiero desde nacimiento.
Aldrick lo miró seco.
—Gracias por tu apoyo.
Leonard siguió ignorándolo completamente mientras hablaba con Avery.
Y otra vez aquello empezó a irritar a Aldrick sin razón lógica.
Porque Avery sí parecía disfrutar hablar con Leonard.
Pero no como antes en la universidad.
No caóticamente.
Esta vez era diferente.
Más… cómoda.
—¿Así que realmente lees sobre arquitectura? —preguntó Leonard.
Ella asintió apenas.
—A veces.
—¿Y economía?
Pequeña pausa.
—También.
Aldrick levantó lentamente la mirada hacia ella.
Porque hace dos días había encontrado a Avery criticando uno de sus libros económicos mejor que varios de sus asesores.
Y aun así ayer había confundido impuestos empresariales con “extorsión elegante”.
No tenía sentido.
—Leonard habla demasiado cuando alguien menciona edificios —comentó Aldrick intentando cortar la conversación.
—Eso hacen los arquitectos —respondió Avery suavemente—. Y tú haces lo mismo cuando hablas de negocios.
Leonard sonrió inmediatamente.
—Gracias. Finalmente alguien razonable en esta casa.
Aldrick observó a Avery unos segundos más.
Seguía tan tranquila.
Tan distinta a la chica que había subido gritando sobre profesores incompetentes hacía apenas una hora.
—¿Qué? —preguntó ella notando la mirada.
Él apartó la vista primero.
—Nada.
Leonard los observó en silencio unos segundos.
Después sonrió apenas divertido.
—Sigo pensando que ustedes dos son rarísimos.
Avery soltó una pequeña risa suave.
Y Aldrick sintió otra vez esa incómoda sensación.
Porque por alguna razón…
Cada vez que Avery se volvía así de tranquila, sentía que estaba hablando con alguien que apenas conocía.