La pregunta apareció sola en la cabeza de Aldrick esa noche.
¿Avery realmente cambiaba tanto… o sólo se comportaba diferente con Leonard?
La idea le resultó absurdamente molesta.
Porque significaba que quizá aquella calma no era real.
Quizá simplemente no actuaba igual con él.
Y honestamente no sabía cuál opción le irritaba más.
Desde el despacho escuchó una pequeña risa proveniente del comedor.
Leonard otra vez.
Y Avery respondiéndole algo en voz baja.
Aldrick cerró el archivo que llevaba quince minutos sin leer realmente.
Ridículo.
Completamente ridículo.
Porque no tenía sentido sentirse desplazado dentro de su propia casa.
Y aun así ahí estaba.
Molesto porque Avery Ashbourne parecía más relajada con otra persona que con él.
—Definitivamente estoy perdiendo la cordura —murmuró para sí mismo.
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La mañana siguiente destruyó completamente cualquier intento lógico de entender a Avery.
—¿Qué es eso?
Aldrick levantó la vista del periódico.
Avery observaba el desayuno con evidente rechazo.
—Comida —respondió él secamente.
Ella hizo una mueca.
—Eso no responde mi pregunta.
La empleada miró confundida el plato.
—Es el desayuno de siempre, señorita Avery.
—Bueno, pues claramente alguien intentó asesinarme culinariamente.
Aldrick frunció apenas el ceño mirando el plato.
Huevos.
Pan tostado.
Café.
Normal.
—¿Qué tiene de malo?
Avery lo observó como si acabara de decir algo ofensivo.
—No como huevo.
Silencio.
Leonard, que casualmente había pasado la noche en la mansión después de trabajar hasta tarde con Aldrick, levantó lentamente la mirada desde su taza de café.
—Ayer comiste exactamente eso.
Avery parpadeó.
Después miró el plato otra vez.
—No.
—Sí.
—No lo hice.
Leonard señaló tranquilamente el desayuno.
—Literalmente dijiste que estaba bien preparado.
Avery frunció más el ceño.
Confundida ahora.
—Yo odio el huevo.
La frase salió demasiado rápida.
Demasiado segura.
Aldrick y Leonard intercambiaron una mirada breve.
Incómoda.
Porque Avery realmente parecía convencida.
Ella apartó el plato inmediatamente.
—Qué asco.
Y siguió tomando sólo café como si nada hubiera pasado.
Leonard habló primero:
—Ok… eso sí fue raro.
Avery levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
—Nada.
Pero Aldrick seguía observándola.
Pensando.
Porque Leonard tenía razón.
Ayer había comido exactamente lo mismo sin problemas.
Incluso recordó perfectamente haberla escuchado decir:
>>Sorprendentemente esto no sabe horrible<<
Y ahora actuaba como si jamás hubiera probado huevo en su vida.
Avery notó otra vez la mirada de ambos y rodó los ojos.
—¿Qué? ¿Ahora van a hacer reunión corporativa porque no me gusta desayunar comida deprimente?
Leonard soltó una pequeña risa incómoda.
Pero Aldrick no.
Porque otra vez esa sensación rara volvió.
Como si estuviera intentando unir piezas de un rompecabezas que todavía no podía ver completo.