La Mentira Más Hermosa

54. Ya basta

Aldrick la siguió apenas entraron a la mansión.

Ella caminaba tranquila por el pasillo como si no acabara de provocarlo deliberadamente frente a Ian, como si no hubiera pasado toda la noche jugando con su paciencia.

—¿Te divertiste haciendo eso? —preguntó él finalmente.

Ella siguió caminando sin girarse.

—¿Hacer qué exactamente?

—No juegues conmigo.

Pequeña sonrisa.

—Entonces especifica la acusación, Aldrick.

Eso fue suficiente.

Aldrick la sujetó del brazo antes de que pudiera seguir avanzando y la hizo girar hacia él.

—Lo de afuera.

Ella sostuvo su mirada perfectamente tranquila.

—Ah. ¿Lo de Ian?

Sí.

Definitivamente lo estaba haciendo a propósito.

—Sabías exactamente lo que hacías.

Avery inclinó apenas la cabeza.

—Y tú reaccionaste exactamente como esperaba.

La mandíbula de Aldrick se tensó inmediatamente.

Ella sonrió apenas al notarlo.

Demasiado satisfecha.

Demasiado consciente del efecto que tenía sobre él.

Y honestamente eso era lo que más lo desquiciaba.

Porque Avery normalmente actuaba impulsivamente.

Pero esta versión… esta versión calculaba.

—¿Qué quieres de mí? —preguntó él finalmente.

Por primera vez la sonrisa de ella disminuyó apenas.

—Interesante pregunta.

Aldrick soltó una pequeña risa seca.

—Llevas semanas provocándome.

—¿Y tú llevas meses intentando controlarme?

Silencio.

Ella dio un pequeño paso hacia atrás.

Pero Aldrick avanzó también.

Sin dejarle espacio.

La tensión entre ambos se volvió inmediata.

Pesada.

Ella terminó apoyada contra el borde del escritorio del despacho mientras él quedaba frente a ella.

Demasiado cerca.

Y aun así ninguno se apartó.

—No me gusta cómo lo mirabas —dijo Aldrick finalmente.

La sinceridad de la frase pareció sorprenderla apenas.

—¿A Ian?

—Lo sabías.

Ella lo observó unos segundos en silencio. Después habló más bajo:

—No sabía que podías ponerte así de celoso.

—No estoy celoso.

La respuesta salió demasiado rápida.
Avery sonrió apenas.

—Claro.

Aldrick apoyó una mano junto a ella sobre el escritorio atrapándola entre él y la madera oscura, no agresivamente, pero sí dejando claro que ya había perdido bastante la calma.

—Tú no entiendes el efecto que tienes sobre las personas.

Eso hizo que algo cambiara apenas en la expresión de Avery.

Una sombra rara.

Breve.

Pero desapareció inmediatamente.

—Tal vez sí lo entiendo —murmuró.

Silencio.

Aldrick la observó fijamente.

Porque otra vez sentía que estaba hablando con alguien completamente distinto a la Avery que gritaba e incendiaba cosas.

Esta Avery parecía peligrosa de otra manera.

Más fría.

Más difícil de leer.

—A veces siento que disfrutas volverme loco —dijo él.

La sonrisa de ella regresó apenas.

—Tal vez porque eres mucho más interesante cuando pierdes el control.

Y maldita sea, eso no ayudó en absoluto.

Aldrick cerró los ojos un segundo intentando recuperar algo de paciencia, pero cuando volvió a abrirlos… ella seguía mirándolo así... directamente y sin miedo, como si quisiera ver hasta dónde podía empujarlo antes de romperlo completamente.




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