El silencio dentro del despacho se volvió insoportable. Aldrick seguía inmóvil frente a ella o frente a quien fuera realmente, porque esa chica ya no parecía Avery... no completamente.
Astrid lo observaba con una tranquilidad aterradora mientras acomodaba lentamente el vestido sobre sus hombros como si acabara de revelarle algo insignificante.
Como si no acabara de partirle la realidad en dos.
—Astrid… Ashbourne —repitió Aldrick lentamente, probando el nombre.
Ella sonrió apenas.
—Mucho mejor que “loca”, ¿no crees?
—¿Qué demonios significa esto?
La calma de Astrid contrastaba violentamente con el caos creciendo dentro de él.
—Significa exactamente lo que acabas de entender.
Aldrick retrocedió apenas.
Intentando ordenar todo.
Las reuniones.
Los idiomas.
Las lagunas de memoria.
Los cambios absurdos de personalidad.
Dios.
Leonard tenía razón.
—¿Cuántas…? —La pregunta murió antes de completarse.
Astrid inclinó apenas la cabeza.
—¿Cuántas qué?
—¿Cuántas personas hay dentro de ti?
Silencio.
Por primera vez algo cruzó sus ojos. Cansancio, muy breve.
—Las suficientes para volver loca a cualquiera.
La frase golpeó más fuerte de lo esperado.
Aldrick pasó una mano por su rostro intentando procesarlo.
—¿Avery sabe de ti?
Astrid guardó silencio unos segundos.
—No exactamente.
Él frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Que Avery siente que algo está mal.
Su voz bajó apenas.
—Siente los vacíos. Los cambios. A veces encuentra cosas que no recuerda haber hecho.
Aldrick recordó inmediatamente:
* las hojas faltantes,
* las preguntas confundidas,
* las veces que ella parecía genuinamente perdida.
Astrid desvió apenas la mirada.
—Pero no sabe realmente qué somos.
Silencio.
—¿Y la otra?
—Avie.
Otra vez esa calma elegante.
—La tímida —continuó Astrid—. La amable. La que probablemente te cae mejor.
Aldrick recordó inmediatamente:
* los desayunos tranquilos,
* la voz suave,
* la manera en que parecía asustarse de él.
Todo encajaba y honestamente eso no lo tranquilizaba en absoluto.
—¿Desde cuándo pasa esto?
Astrid se recargó ligeramente contra el escritorio.
—Desde mucho antes de conocerte.
—¿Tus padres lo saben?
La sonrisa desapareció apenas.
—Mis padres apenas saben que existo.
Silencio. Y otra vez apareció esa sensación incómoda en el pecho de Aldrick, porque debajo de toda la arrogancia y provocación… había algo roto... algo profundamente roto.
—Entonces todo este tiempo… —murmuró él— ¿he estado hablando con personas distintas?
Astrid sostuvo su mirada.
—Sí.
La respuesta fue brutalmente simple.
Aldrick soltó una risa incrédula sin humor.
—Increíble.
—¿Eso es todo? —preguntó ella observándolo atentamente—. ¿No vas a verme como un monstruo? ¿No vas a encerrarme en algún hospital elegante?
—No bromees con eso.
La respuesta salió demasiado rápida y Astrid lo notó. Ella lo estudió unos segundos más antes de hablar otra vez.
—Estás intentando decidir si seguirás viéndonos igual.
Aldrick levantó lentamente la mirada hacia ella.
—¿“Nos”?
—Avery. Avie. Yo.
Silencio.
Astrid sonrió apenas, pero esta vez no parecía burlona, sólo... triste.
-Somos la misma persona, Aldrick.
Pequeña pausa.
-Sólo que rota de maneras distintas.
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Mil disculpas, vida de adulta. No pude actualizar antes. 👐😬👀