La Mentira Más Hermosa

60. Incomprensible

Leonard abrió la puerta todavía sosteniendo una copa en la mano.

—Si vienes a hablar de negocios a esta hora voy a fingir mi muerte.

Pero la expresión de Aldrick hizo que la broma muriera inmediatamente.

—…¿Qué pasó?

Aldrick entró sin responder. Eso ya era mala señal, muy mala.

Leonard cerró la puerta lentamente mientras lo observaba caminar hasta la sala como alguien intentando no romper algo.

—Ok. Ahora sí me preocupaste.

Aldrick pasó ambas manos por su rostro agotado.

—Necesito alcohol.

—Definitivamente me preocupaste.

Leonard fue por una botella sin hacer más preguntas, porque conocía a Aldrick desde hacía demasiados años y sabía reconocer perfectamente cuándo algo realmente lo había golpeado.

Le entregó un vaso.

—Habla.

Aldrick tomó un trago antes de finalmente decir:

—Avery no es sólo Avery.

Leonard frunció lentamente el ceño.

—…¿Qué?

Otra pausa. Como si incluso decirlo en voz alta siguiera sonando absurdo.

—Tiene otras personalidades.

El silencio fue inmediato. Pesado.

Leonard soltó una pequeña risa incrédula.

—Ok. Espera. ¿Qué?

—Hay otra llamada Avie. Y otra llamada Astrid.

La diversión desapareció completamente del rostro de Leonard, porque Aldrick no estaba bromeando, ni cerca.

—¿Estás hablando en serio?

—Completamente.

Leonard dejó lentamente la copa sobre la mesa.

—No.

—Sí.

—No.

Aldrick lo miró agotado.

—Créeme. Esa fue exactamente mi reacción.

Leonard comenzó a caminar por la sala intentando procesarlo.

—Espera, espera… ¿las “versiones” raras de Avery?

—Eran reales.

—¿La Avery tranquila?

—Avie.

—¿Y la psicópata elegante que da miedo?

Silencio.

Aldrick tomó otro trago.

—Astrid.

Leonard se dejó caer lentamente en el sofá.

—Dios mío.

Ahora sí todo comenzaba a encajar también para él.

Los cambios absurdos.
La manera distinta de hablar.
Las contradicciones.

—Te lo dije —murmuró finalmente—. Te dije que parecían personas distintas.

—Lo sé.

Leonard levantó lentamente la mirada hacia él.

—¿Y Avery sabe?

—No realmente.

Eso lo hizo fruncir más el ceño.

—¿Cómo que “no realmente”?

Aldrick apoyó el vaso sobre la mesa.

—Sabe que pierde tiempo, que algo está mal, pero no entiende qué pasa con ella.

Leonard pasó una mano por su cabello.

—Eso es… jodidamente triste.

Y maldita sea. Sí lo era.

Aldrick volvió a recordar:

* a Avery preguntando por cosas que no recordaba,
* desesperándose porque sentía que movían sus cosas,
* creyendo que estaba simplemente rota.

Leonard habló más bajo esta vez:

—¿Y Astrid?

Aldrick levantó lentamente la mirada.

—Ella sí sabe todo.

Eso provocó otro silencio pesado.

—¿Te das cuenta de lo enfermizo que suena esto desde afuera?

—Perfectamente.

—¿Y aun así sigues ahí?

La pregunta cayó demasiado directo, Aldrick tampoco entendía completamente la respuesta, soltó una pequeña risa seca.

—Debería salir corriendo, ¿no?

Leonard lo observó varios segundos, después suspiró.

—Sí.

Pequeña pausa.

—Pero claramente ya estás demasiado metido emocionalmente para hacerlo.

Silencio. Otra vez. Porque esa vez Leonard acababa de decir una verdad demasiado incómoda.

Aldrick desvió finalmente la mirada y eso fue suficiente respuesta para ambos.




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