A la mañana siguiente, Aldrick regresó finalmente a la mansión acompañado de Leonard. No había dormido casi nada, eso sólo empeoraba el caos mental que llevaba encima desde la noche anterior. Todo se sentía extraño ahora, como si la casa misma hubiera cambiado después de descubrir la verdad... o quizá siempre había sido así y él simplemente nunca quiso verlo.
Leonard caminaba a su lado mirando alrededor con curiosidad.
—¿Sabes? Ahora siento que entré a una película de terror psicológico.
—No empieces.
—Sólo digo que ya no voy a volver a ver a tu rubia igual.
Antes de que Aldrick pudiera responder… un grito atravesó toda la mansión.
—¡¿QUIÉN FUE EL IDIOTA QUE TOCÓ MI HABITACIÓN?!
Ambos se detuvieron automáticamente. Leonard levantó lentamente una ceja.
—Ah.
Otro golpe sonó en el piso superior. Después otro. Y luego la voz desesperada de una empleada:
—¡Señorita Avery, por favor cálmese!
—¡NO ME DIGAS QUE ME CALME!
Leonard miró lentamente a Aldrick.
—Bueno… definitivamente esta sí parece Avery.
Aldrick subió las escaleras inmediatamente y al llegar al segundo piso encontró el desastre, una bandeja rota en el suelo, ropa regada fuera de la habitación, dos empleados prácticamente aterrados y en medio de todo… Avery, respirando rápido, furiosa, completamente fuera de control otra vez.
—¿Qué está pasando? —preguntó Aldrick.
Ella giró inmediatamente hacia él.
—¡Tu gente sigue entrando a mi habitación!
—Nadie está entrando.
—¡Claro que sí!
Avery señaló furiosa hacia el interior.
—¡Mis cosas vuelven a cambiarse de lugar!
Leonard apareció detrás de Aldrick observando la escena cuidadosamente esta vez. Ya no con simple diversión. Ahora entendía demasiado.
—Avery —habló Aldrick más calmado—. Nadie tocó tus cosas.
—¡Deja de decir eso!
Ella tomó una libreta del escritorio y se la mostró furiosa.
—¡Esto no estaba aquí ayer!
La voz le tembló apenas al final y eso hizo que Aldrick sintiera otra vez esa presión incómoda en el pecho, porque ya sabía lo que realmente estaba pasando, Avery no estaba imaginándolo, Astrid probablemente había estado ahí o Avie, y Avery despertaba entre rastros de vidas que no recordaba vivir.
Leonard observó a Avery unos segundos antes de murmurarle bajo a Aldrick:
—Ahora entiendo por qué siempre parecía tan desesperada.
Aldrick no respondió, porque estaba demasiado concentrado viendo cómo Avery comenzaba a perder el control otra vez.
Ella pasó ambas manos por su cabello frustrada.
—¡Estoy harta de que todos me miren como si estuviera loca!
Silencio. Los empleados evitaron inmediatamente mirarla. Eso empeoró todo, porque Avery lo notó, claro que lo notó, su respiración comenzó a volverse más inestable, más rápida.
—¿Ves? —soltó una pequeña risa rota—. Todos creen eso.
Aldrick avanzó finalmente hacia ella.
—Avery...
—¡No me mires así!
Ella retrocedió inmediatamente, herida, furiosa, asustada. Todo al mismo tiempo.
Leonard, observando la escena desde atrás, entendió algo horrible en ese instante: Avery llevaba mucho tiempo sintiéndose completamente sola dentro de su propia cabeza.