El ambiente dentro del auto era incómodamente silencioso o al menos para Aldrick. Leonard en cambio parecía perfectamente relajado en el asiento del copiloto mientras revisaba algo en el teléfono.
—Sigues viéndote como alguien que necesita terapia urgente —comentó casualmente.
—Y tú sigues hablando demasiado.
—Es mi encanto natural.
Aldrick soltó una pequeña exhalación cansada mientras estacionaba frente a la universidad. Todavía seguía pensando en Avery gritando esa mañana, en la desesperación real detrás de su enojo, eso sólo hacía más difícil mirarla igual.
Los estudiantes comenzaban a salir poco a poco del edificio principal.
Hasta que Leonard habló de repente:
—Oh.
Aldrick levantó apenas la vista y ahí estaba Avery. O más bien… Avie.
La diferencia fue inmediata, incluso antes de que se acercara al auto. Caminaba más despacio, abrazando los libros contra el pecho, sin esa energía explosiva de Avery y cuando los vio… sonrió suavemente.
—Hola.
Leonard inmediatamente sonrió también.
—Ok, definitivamente esta eres mi favorita.
Avie soltó una pequeña risa avergonzada antes de subir al asiento trasero. Aldrick la observó por el espejo retrovisor y otra vez fue extraño... saber, saber realmente quién estaba frente a él ahora.
—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó Leonard girándose apenas hacia ella.
—Bien… creo.
—¿“Creo”?
Avie hizo una pequeña mueca.
—Olvidé entregar una tarea porque pensé que era jueves.
Leonard soltó una risa.
—Eso suena peligrosamente adorable.
—Leonard.
—¿Qué? Déjame tener una amistad sana con una de las tres.
Aldrick le lanzó una mirada fría.
Avie en cambio pareció confundirse apenas.
—¿Tres?
Silencio. Leonard abrió ligeramente los ojos.
—Eh… tres crisis emocionales. Quise decir tres crisis emocionales.
Avie lo observó unos segundos, después soltó una pequeña risa insegura.
—Ah.
Aldrick desvió inmediatamente el tema.
—¿Comiste algo?
Ella asintió apenas.
—Ian me compró café.
Eso tensó ligeramente la mandíbula de Aldrick. Leonard lo notó inmediatamente. Divertidísimo para él.
—Increíble. Incluso esta versión logra molestarte sin hacer nada.
—Cállate.
Avie miró entre ambos confundida.
—¿Pasa algo?
—No —respondieron ambos al mismo tiempo.
Ella soltó otra pequeña risa y honestamente… era raro verla así, porque Avie parecía la única que todavía conservaba cierta suavidad genuina, la única que no intentaba atacar al mundo constantemente.
Leonard volvió a girarse hacia ella.
—¿Sabes? Creo que deberíamos salir un día sin Aldrick.
Aldrick levantó inmediatamente la mirada.
—No.
—¿Ves? Es tóxico.
Avie volvió a reír bajito.
—Castell piensa que todos son una mala influencia.
—Porque lo son.
—Especialmente tú —añadió Leonard orgullosamente.
El auto quedó en silencio unos segundos más. Tranquilo esta vez. Hasta que Avie habló bajito desde atrás:
—Gracias por venir por mí.
La frase fue pequeña, simple, pero hizo que Aldrick apretara apenas las manos sobre el volante, porque Avery jamás decía cosas así. Y Avie… Avie parecía agradecer incluso las cosas más mínimas, como si no estuviera acostumbrada a que alguien se quedara por ella.