Leonard seguía riéndose incluso después de salir del comedor. Eso terminó de destruir la paciencia de Aldrick.
—¿Podrías dejar de hacer eso?
Leonard caminó detrás de él hacia el despacho todavía divertido.
—No puedo evitarlo. Tu cara fue demasiado obvia.
Aldrick cerró la puerta apenas entraron.
—No empieces.
—¿Por qué? Esto es fascinante psicológicamente.
—Leonard.
—Te enamoraste de un paquete sorpresa emocional.
Aldrick se giró inmediatamente hacia él.
—No estoy enamorado de nadie.
Leonard soltó una carcajada.
—Sí, claro. Y yo soy humilde.
Aldrick pasó una mano por su rostro agotado.
—Sólo estoy intentando manejar esta situación.
—Ajá. ¿Y la situación incluye ponerte celoso cuando Avie me presta atención?
Silencio. Eso bastó para que Leonard levantara ambas manos victorioso.
—Ahí está.
—No estaba celoso.
—Casi me atraviesas con la mirada durante toda la comida.
Aldrick se dejó caer pesadamente sobre el sofá, sólo confirmó todavía más lo que Leonard ya sospechaba.
—Dios mío —murmuró Leonard mirándolo—. Estás perdido.
—Cállate.
Pero Leonard finalmente dejó un poco el tono burlón, porque debajo de toda la ironía… Aldrick realmente parecía afectado, confundido.
—Entonces admite algo al menos —dijo más serio—. Sientes algo por ella.
Silencio. Aldrick no respondió inmediatamente... eso ya era una respuesta.
Leonard suspiró recargándose contra el escritorio.
—La verdadera pregunta es…
Pequeña pausa.
—¿Por cuál de ellas?
Eso hizo que Aldrick levantara lentamente la mirada... y maldita sea, odiaba esa pregunta, porque no sabía responderla.
Leonard continuó observándolo atentamente.
—Con Avery peleas como si fueran dos bombas a punto de explotar.
Aldrick guardó silencio.
—A Avie la tratas distinto, más suave.
Otra vez silencio.
—Y Astrid…
Leonard soltó una pequeña risa seca.
—Bueno. Astrid directamente te desarma la cabeza.
La mandíbula de Aldrick se tensó apenas, porque eso también era verdad, Astrid lo provocaba de maneras peligrosas, lo entendía demasiado rápido, eso era exactamente lo que más debía alejarlo de ella.
Leonard se cruzó de brazos.
—¿Sabes qué creo?
Aldrick ya estaba demasiado cansado para detenerlo.
—Habla.
—Creo que cada una de ellas toca algo diferente en ti.
—Avery te hace sentir necesario.
La frase golpeó incómodamente.
—Avie te hace sentir querido.
Otra pausa.
—Y Astrid…
Leonard soltó el aire lentamente.
—Astrid es la única que te mira como si pudiera destruirte emocionalmente y aun así te acercas.
El despacho quedó completamente en silencio, cada palabra tenía demasiado sentido. Aldrick apoyó lentamente los codos sobre las rodillas mirando al suelo.
—Esto está mal.
—Probablemente.
—Muy mal.
—Definitivamente.
Silencio otra vez, hasta que Leonard habló más bajo:
—Pero aun así no quieres irte.
Aldrick cerró los ojos un segundo y eso fue suficiente respuesta. Leonard lo observó unos segundos más antes de finalmente preguntar:
—Entonces… ¿qué vas a hacer ahora?
Aldrick levantó lentamente la mirada hacia el ventanal del despacho, hacia la mansión, hacia el desastre emocional que era Avery Ashbourne.
Honestamente… no tenía idea.
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Prometo actualizar diariamente hasta finalizar esta novela.
Si estás leyendo mi otra novela, Inevitablemente Tú, tardaré un poco en actualizar. 🙆♀️