La Mentira Más Hermosa

69. Tres versiones del caos

Los días siguientes fueron un infierno psicológico para Aldrick Castell, porque ahora sabía y una vez que lo sabía… ya no podía dejar de verlo.

Antes los cambios de Avery parecían simples contradicciones, ahora cada gesto, cada mirada y cada palabra se convertían en una pregunta constante:

¿Quién está aquí ahora?

Eso comenzaba a volverlo loco.

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A veces despertaba y encontraba a Avie en la cocina intentando hacer desayuno mientras el gato callejero dormía cerca.

—Creo que quemé el pan otra vez…

Y Aldrick terminaba ayudándola en silencio mientras ella le sonreía agradecida por cosas mínimas.

Demasiado dulce.

Demasiado frágil.

Luego, horas después…

Avery aparecía furiosa porque “alguien arruinó el orden energético” de su habitación.

—¡MIS LIBRETAS NO ESTABAN ASÍ!

Y media mansión terminaba aterrorizada otra vez.

Y después… Astrid.

La peor de todas para la estabilidad mental de Aldrick, porque Astrid aparecía tranquila, elegante, como si pudiera leer perfectamente cada pensamiento suyo.

—Estás observándonos demasiado.

Aldrick levantó lentamente la mirada del libro, Astrid estaba apoyada contra la puerta del despacho con una pequeña sonrisa.

—¿Y tú cómo sabes eso?

Ella soltó una pequeña risa suave.

—Porque llevas cinco minutos intentando descubrir quién soy.

Maldita sea, eso también era verdad.
Aldrick soltó el aire lentamente.

—No es fácil acostumbrarse.

Astrid caminó tranquilamente hasta sentarse frente a él.

—Bienvenido a nuestra vida entonces.

Silencio. Otra vez esa frase. Nuestra. Plural. Todavía sonaba extraño.

—¿Siempre cambian así de rápido? —preguntó él finalmente.

Astrid se encogió apenas de hombros.

—Depende.

—¿De qué?

—Estrés. Emociones. Situaciones.

Ella tomó distraídamente el vaso de agua de él sin pedir permiso.

—A veces Avery se siente sobrepasada y desaparece.

La manera tranquila en que hablaba de eso seguía resultando inquietante.

—¿Y tú apareces?

—Generalmente.

—¿Por qué?

Astrid lo observó unos segundos antes de responder:

—Porque Avery siente demasiado y alguien tiene que mantener funcionando el desastre.

La frase quedó flotando pesadamente entre ambos, porque Aldrick comenzaba a entender algo terrible: Astrid no existía para destruir a Avery, existía para protegerla, aunque fuera de maneras poco saludables, aunque fuera rompiéndose todas juntas en el proceso.

Aldrick pasó lentamente una mano por su rostro agotado.

—No sé cómo convivir con esto.

Astrid sonrió apenas.

—Nosotras tampoco aprendimos realmente.

Eso dolió más de lo esperado, porque por primera vez… Aldrick dejó de verlas como un problema imposible de manejar y comenzó a verlas como tres formas distintas de supervivencia.




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