Aldrick había salido desde temprano a una reunión fuera de la ciudad, la mansión se sentía extrañamente tranquila sin él, demasiado tranquila.
Avery estaba en la sala revisando distraídamente su teléfono cuando escuchó tacones acercarse por el pasillo principal.
Levantó apenas la mirada y sonrió inmediatamente al reconocerla.
—Oh. La rubia reciclable.
Victoria sonrió con elegancia impecable, pero sus ojos estaban lejos de verse amables.
—Sigues siendo igual de desagradable.
—Y tú sigues apareciendo donde nadie te invitó.
Victoria ignoró el comentario mientras tomaba asiento frente a ella, como si perteneciera a esa casa, como si tuviera derecho.
Avery sostuvo su mirada con aburrimiento fingido.
—¿Qué quieres?
Victoria acomodó tranquilamente su bolso sobre la mesa.
—Hablar contigo.
—Qué pesadilla.
Victoria sonrió apenas.
—¿Sabes qué es lo más triste de todo esto?
Avery levantó apenas una ceja.
—¿Tu obsesión con Castell?
Victoria abrió lentamente una carpeta.
—Que realmente crees que él te quiere aquí por ti.
La sonrisa de Avery no desapareció, pero algo en su mirada cambió apenas, muy leve, Victoria lo notó inmediatamente y sonrió internamente.
Perfecto.
Sacó varias fotografías y documentos colocándolos sobre la mesa. Avery bajó lentamente la mirada, fotos de la noche del accidente, hace cinco años, artículos, informes manipulados, documentos falsificados cuidadosamente.
Victoria habló con suavidad venenosa:
—Aldrick nunca te trajo aquí por compasión.
Silencio.
—Fue culpa suya que casi murieras esa noche.
Avery sostuvo las hojas sin decir nada.
Victoria continuó:
—¿No te parece extraño que un hombre como Aldrick Castell decidiera quedarse con una adolescente problemática de la nada?
La mandíbula de Avery se tensó apenas, sólo un poco, pero Victoria ya había ganado suficiente con eso.
—Te mantiene aquí porque se siente culpable.
Otra hoja cayó frente a Avery, supuestos reportes legales, demandas falsas, documentos insinuando que Aldrick había comprado silencio para evitar consecuencias por el accidente.
—Eres un recordatorio incómodo para él —murmuró Victoria—. Nada más.
Silencio. Largo. Avery volvió a levantar lentamente la mirada y sonrió, una sonrisa arrogante, despreocupada.
—¿Terminaste?
Victoria parpadeó apenas, porque honestamente esperaba más reacción.
—¿Eso es todo?
Avery soltó una pequeña risa seca.
—Victoria, Castell tiene demasiados problemas psicológicos como para necesitar culpa para hacer estupideces.
La respuesta fue perfecta, ligera, burlona, como si nada hubiera afectado, pero Victoria observó atentamente sus manos, apretadas, temblando apenas y entonces entendió que sí había dolido, mucho.
Victoria sonrió satisfecha mientras se levantaba.
—Sólo pensé que merecías saber la verdad.
—Claro.
—Aunque honestamente… —Victoria la observó de arriba abajo— probablemente ya lo sospechabas.
Eso sí golpeó, directo, porque en el fondo… Avery siempre había sabido que nadie se quedaba realmente por ella.
Victoria tomó nuevamente su bolso.
—Disfruta lo que queda mientras puedas.
Y después simplemente se fue. La sala quedó en silencio. Avery siguió mirando las hojas varios segundos más, sin moverse, sin respirar casi, hasta que finalmente soltó una pequeña risa, vacía.
—Qué ridícula.
Pero cuando rompió los documentos… sus manos seguían temblando.