Aldrick no volvió a dormir bien esa noche.
Ni la siguiente.
Ni la siguiente.
Porque las palabras de Astrid seguían repitiéndose dentro de su cabeza una y otra vez.
“Ya no la esperes.”
Y maldita sea, eso lo estaba desesperando más de lo que quería admitir.
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Leonard lo encontró en el despacho cerca de la medianoche revisando el mismo documento desde hacía veinte minutos sin realmente leerlo.
—Ok. Esto ya empieza a verse deprimente.
Aldrick ni siquiera levantó la mirada.
—Vete a dormir.
Leonard ignoró completamente la respuesta y se sentó frente a él.
—¿Sigue siendo Astrid?
Silencio. Eso bastó como respuesta.
Leonard soltó lentamente el aire.
—Casi una semana es demasiado.
—Lo sé.
Y por cómo lo dijo… sonó preocupado de verdad, eso hizo que Leonard lo observara unos segundos más antes de hablar:
—Victoria realmente la destruyó, ¿no?
La mandíbula de Aldrick se tensó apenas, porque sí, lo había hecho y él ni siquiera estuvo ahí para evitarlo.
—No debí dejar que se acercara a ella.
—No. —Leonard negó lentamente—. El problema no fue Victoria.
Aldrick finalmente levantó la mirada.
—¿Entonces qué?
Leonard sostuvo su mirada fijamente.
—Tú.
Una palabra, directa, brutal. Aldrick soltó una pequeña risa seca.
—¿Ahora también soy responsable de los traumas psicológicos de Avery?
—No te hagas el idiota, Castell.
La frase hizo que el ambiente se tensara inmediatamente, pero Leonard continuó igual.
—Esa chica llevaba meses aferrándose a ti como si fueras la única persona que no iba a abandonarla.
Aldrick guardó silencio, porque eso también era verdad.
—Y tú nunca negaste completamente esa idea.
Otra pausa.
—Pero tampoco se la confirmaste.
El pecho de Aldrick se tensó incómodamente.
Leonard se inclinó apenas hacia adelante.
—¿Sabes qué hizo Victoria realmente?
—Tomó todas las dudas que Avery ya tenía… y las confirmó.
Cada palabra golpeaba peor, porque él sabía exactamente cuáles dudas.
¿Por qué alguien como Aldrick Castell se quedaría con ella?
¿Por qué soportaría todo su caos?
¿Por qué seguiría ahí?
Y Aldrick jamás le dio una respuesta clara, porque ni él mismo quería admitirla.
Leonard habló más bajo esta vez:
—Si sentías algo por ella… debiste decirlo antes.
Pausa.
—Aunque no supieras por cuál de todas era.
La frase terminó de destruir cualquier defensa que quedara, porque... Leonard tenía razón. Aldrick recordó:
* a Avery buscando constantemente atención,
* a Avie sonriéndole agradecida por cualquier gesto mínimo,
* a Astrid observándolo como si pudiera ver cada emoción que intentaba ocultar.
Y él… simplemente siguió evitando ponerle nombre a todo aquello, era más sencillo fingir control, más sencillo actuar como si nada lo afectara, hasta que Victoria llegó, hasta que Avery creyó finalmente que todo había sido mentira.
Leonard suspiró cansadamente.
—Las personas como Avery no necesitan mucho para romperse, Aldrick.
Pequeña pausa.
—Sólo necesitan confirmar que nadie realmente las eligió.
El despacho quedó completamente en silencio.
Y por primera vez desde que todo comenzó… Aldrick sintió algo parecido a culpa real, no por el accidente, no era culpable, ni siquiera tenía conocimiento de que eso le ocurrió a ella, no la conocía, no por haberla llevado a su casa, sino porque quizá… sin darse cuenta... había terminado rompiéndola justo cuando empezaba a confiar en él.