La Mentira Más Hermosa

76. Extrañar el desastre

Ya había pasado dos semanas. Quince días completos sin Avery y la mansión comenzaba a sentirse extrañamente vacía por eso.

No había gritos desde el segundo piso.
No había amenazas absurdas al personal.
No había incendios accidentales ni música insoportable a las tres de la mañana.

Nada.
Sólo silencio, un silencio incómodo, porque Aldrick nunca imaginó que terminaría extrañando el caos.

--------------------------------------------------------------------------------

Victoria Beaumont desapareció rápidamente del panorama. Aldrick se encargó personalmente de eso, demandas, amenazas legales, contactos. Victoria entendió perfectamente el mensaje después de la segunda llamada de sus abogados, no volvería a acercarse a Avery, nunca, aunque... ya era demasiado tarde.

El daño estaba hecho.

---------------------------------------------------------------------------------

Avie aparecía algunas veces, como siempre, pequeños momentos, horas tranquilas donde la mansión parecía respirar distinto.

—Leonard dijo que esta planta va a morir si sigues olvidando regarla…

O desayunos silenciosos donde ella apenas sonreía mientras Aldrick revisaba documentos, pero incluso Avie parecía más apagada ahora, más nerviosa, como si sintiera constantemente el dolor de Avery debajo de todo.

Y cada vez que Aldrick intentaba preguntar...

—¿Cómo está Avery?

Avie bajaba inmediatamente la mirada.

—No quiere salir todavía.

Todavía. Esa palabra era lo único que mantenía a Aldrick relativamente tranquilo, porque significaba que seguía ahí, en algún lugar.

----------------------------------------------------------------------------------

Astrid en cambio permanecia siempre y cuando lo hacía… se veía agotada, incluso ella, como si sostener todo aquello estuviera comenzando a pasarle factura.

—Deberías dormir —murmuró Aldrick una noche al verla revisando archivos en el despacho otra vez.

Astrid soltó una pequeña risa cansada.

—Nosotras no funcionamos tan simple.

Pero incluso su sarcasmo ya no tenía la misma fuerza.

----------------------------------------------------------------------------------

Esa noche, Aldrick terminó sentado solo en la sala principal mirando el absoluto silencio de la mansión y fue ahí donde finalmente aceptó algo ridículo, extrañaba a Avery, a la verdadera Avery, a la chica insoportable que:

* discutía con él por todo,
* rompía reglas sólo para desafiarlo,
* y lo hacía perder la paciencia diariamente.

Extrañaba escuchar:
“Castell, eres un dictador psicológico.”

Extrañaba verla irrumpir en el despacho sólo para molestarlo, extrañaba encontrar desastres nuevos cada mañana.

Leonard apareció detrás de él sosteniendo una copa.

—Tienes cara de divorciado triste.

Aldrick ni siquiera respondió y eso hizo que Leonard sonriera apenas.

—La extrañas mucho, ¿verdad?

—Sí.

La respuesta salió tan inmediata que incluso él mismo se sorprendió.

Leonard se sentó frente a él.

—Bueno, felicidades.

Aldrick levantó apenas la mirada.

—¿Por qué?

Leonard soltó una pequeña risa seca.

—Porque finalmente dejaste de fingir que tu rubia no te importaba.

Silencio. Aldrick apoyó lentamente la cabeza contra el respaldo del sofá. La mansión ya no se sentía como un lugar que él controlaba, se sentía como una casa esperando a alguien que ya no sabía cómo regresar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.