Avery lloró durante varios minutos más.
Sin gritar.
Sin explotar.
Sin intentar esconderlo.
Sólo llorando contra el pecho de Aldrick mientras él la sostenía en silencio sobre la cama, eso le rompía más el corazón de lo que esperaba, porque Avery siempre peleaba, incluso destruida, pero ahora parecía demasiado cansada para seguir haciéndolo.
Aldrick le acariciaba lentamente el cabello mientras ella intentaba regular la respiración.
—Ya… pequeño huracán.
Ella soltó una pequeña risa rota entre lágrimas.
—Deja de decirme así.
—No.
La respuesta salió inmediata y Avery volvió a llorar apenas más fuerte, porque era injusto que unas pocas palabras pudieran afectarla tanto.
—Shh...
Después de unos minutos más, ella terminó acurrucándose más cerca de él todavía, como si inconscientemente buscara calor, seguridad, algo estable.
Aldrick la observó unos segundos antes de hablar:
—¿Por qué no saliste en casi un mes?
Avery jugueteó distraídamente con la tela de la camisa de él.
—Pensé que si desaparecía… sería más fácil para todos.
La frase hizo que Aldrick tensara inmediatamente la mandíbula.
—No vuelvas a decir eso.
Ella soltó una pequeña risa cansada.
—Es verdad.
—No lo es.
Avery finalmente levantó la mirada hacia él.
Sus ojos seguían húmedos, frágiles.
—Castell… soy complicada.
Él casi resopló.
—Eso ya lo sabía desde que intentaste matarnos en una carretera.
Y por primera vez en semanas… Avery sonrió apenas, muy poquito.
—También eres agresivo.
—Y tú insoportable.
Otra pequeña sonrisa. Dios. Había extrañado demasiado eso.
Aldrick apartó lentamente un mechón de cabello de su rostro.
—No tienes que desaparecer cada vez que alguien te lastima.
La sonrisa de Avery desapareció lentamente.
—No sé hacer otra cosa.
Esa respuesta probablemente era verdad.
Aldrick pasó el pulgar suavemente bajo sus ojos limpiando algunas lágrimas restantes.
—Entonces aprende algo nuevo.
Ella sostuvo su mirada varios segundos, como si intentara entender cómo alguien podía decirle eso tan fácil.
—¿Y si vuelvo a arruinar todo?
—Lo harás.
Avery parpadeó confundida y Aldrick sonrió apenas.
—Siempre haces algún desastre.
Ella soltó una pequeña risa nasal todavía llorosa.
—Qué motivador.
—Pero eso no significa que tengas que irte cada vez.
Silencio otra vez, más suave esta vez, menos doloroso.
Avery bajó lentamente la mirada.
—Pensé que ya te habías cansado de mí.
La confesión salió tan bajita que casi dolió físicamente escucharla. Aldrick sostuvo suavemente su mentón obligándola a mirarlo otra vez.
—Avery.
Ella respiró temblorosamente.
—Quédate.
Sólo una palabra, simple, pero dicha de una manera que hizo que el pecho de Avery se rompiera otra vez, porque nadie antes le había pedido quedarse. La gente normalmente:
* la soportaba,
* la evitaba,
* o terminaba abandonándola.
Pero Aldrick…
Aldrick le estaba pidiendo que se quedara.
Las lágrimas volvieron inmediatamente y Avery escondió el rostro contra el cuello de él avergonzada.
—Odio mucho llorar contigo.
Aldrick soltó una pequeña risa cansada abrazándola más cerca.
—Yo odio que llores por cualquier idiota que habla demasiado.
Ella golpeó débilmente su pecho.
—Victoria me arruinó psicológicamente.
—Victoria va a necesitar abogado otra vez si sigues llorando así.
Eso hizo que Avery soltara otra pequeña risa entre lágrimas, ese sonido alivió algo dentro del pecho a Aldrick, porque finalmente… su pequeño huracán estaba regresando.