—Creo que nadie me quiso lo suficiente cuando era niña.
La frase quedó suspendida entre ambos. Pesada. Horrible.
Aldrick sintió algo arderle en el pecho mientras Avery evitaba mirarlo, claramente arrepentida de haber dicho aquello en voz alta, como si admitirlo fuera demasiado vergonzoso.
—No vuelvas a hablar de ti como si fueras imposible de querer.
Ella soltó una pequeña risa cansada.
—Castell, literalmente tengo personas viviendo dentro de mi cabeza.
—Y aun así sigo aquí.
Eso la hizo quedarse callada, porque era verdad, Aldrick seguía ahí. Después de:
* el accidente,
* los insultos,
* las fugas,
* las peleas,
* los ataques,
* las desapariciones,
* y toda la destrucción emocional que Avery arrastraba.
Él seguía ahí.
—¿Por qué?
Aldrick la observó unos segundos y por primera vez desde que se conocían… dejó de esconder lo que sentía detrás del sarcasmo o el control.
—Porque me importas.
Avery dejó de respirar un segundo.
—No hagas eso.
—¿Qué?
—Decirlo tan fácil.
La voz le salió más frágil de lo que quería. Aldrick pasó lentamente el pulgar por su mejilla todavía húmeda.
—No es fácil.
Ella sostuvo su mirada y ahí estaba otra vez, ese miedo horrible dentro de ella, el miedo a creerle.
—Avery… mírame bien.
Ella obedeció lentamente.
—Nada de lo que te pasó esa noche fue culpa mía.
Ella frunció apenas el ceño.
—¿Qué noche?
—La del accidente que te ocurrió después de la fiesta donde nos conocimos realmente.
El rostro de Avery cambió apenas, confusión, dolor.
—Yo… pensé que sí había sido culpa tuya.
Aldrick negó suavemente.
—Victoria falsificó todo.
Silencio absoluto. Avery parpadeó lentamente.
—¿Qué?
—Manipuló las cámaras, los reportes y los testigos para hacerte creer que yo había provocado el accidente.
La respiración de Avery se volvió irregular, porque esa noche, hace cinco años, había cambiado demasiadas cosas, sus pesadillas, su miedo, su odio hacia él al principio. Todo había nacido ahí.
—¿Por qué haría eso?
—Porque quería destruirme. Y tú eras el arma perfecta.
Avery sintió el estómago revolverse.
—Ella sabía cómo estaba yo…
—Sí.
—Y aun así…
Aldrick asintió lentamente. Ella cerró los ojos. Todo ese tiempo, todo ese maldito tiempo había vivido creyendo algo falso y entonces entendió otra cosa, Aldrick jamás le había reclamado realmente el accidente de hace unos meses... nunca de verdad, ni siquiera cuando ella casi los mata.
Avery abrió los ojos otra vez lentamente.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
Aldrick suspiró.
—Porque cada vez que intentaba acercarme, tú estabas ocupada destruyendote en otra dimensión.
Eso dolió, porque también era verdad.
Ella bajó la mirada.
—Debiste odiarme mucho con lo del auto.
Aldrick soltó una pequeña risa incrédula.
—Pequeño huracán… tú me humillaste públicamente, rayaste autos, me pateaste la rodilla y casi provocas mi muerte.
Avery hizo una pequeña mueca.
—Cuando lo dices así suena feo.
—Y aun así nunca pude odiarte.
Avery lo observó como si estuviera viendo algo imposible.
—¿Por qué…?
La pregunta salió rota, porque ella genuinamente no entendía cómo alguien podía conocer todas las peores partes de ella… y quedarse.
Aldrick apoyó suavemente su frente contra la de ella y finalmente dijo la verdad completa:
—Porque te amo, incluso cuando tú todavía no sabes cómo hacerlo contigo misma.