La Mentira Más Hermosa

85. ¡Ese era mi primer beso, idiota!

Avery seguía mirándolo completamente aturdida, la respiración desordenada, las mejillas rojas. Aldrick apenas comenzaba a preguntarse si acababa de romperle el cerebro cuando ella explotó.

—¡¿QUÉ DEMONIOS FUE ESO?!

El grito resonó por toda la habitación. Aldrick parpadeó una vez.

—Un beso.

—¡YA SÉ QUE FUE UN BESO!

Ella retrocedió rápidamente sobre la cama señalándolo como si acabara de cometer un crimen federal.

—¡Tú... tú... descarado!

Aldrick la observó incrédulo.

—¿Descarado?

—¡ME ROBASTE MI PRIMER BESO!

Silencio. Absoluto. Aldrick se quedó completamente inmóvil.

—¿Tu qué?

Avery parecía genuinamente indignada.

—¡Mi primer beso!

Él tardó varios segundos en procesarlo, porque honestamente… no tenía sentido, ninguno. Avery Ashbourne era:

* hermosa,
* caótica,
* magnética,
* rica,
* socialmente imposible de ignorar,
* y llevaba una vida completamente descontrolada.

¿Cómo demonios…?

—Espera —dijo finalmente—. ¿Nunca habías besado a nadie?

Avery cruzó los brazos inmediatamente, defensiva.

—Eso ya no importa.

—Avery.

—¡Cállate!

Aldrick soltó una pequeña risa incrédula, eso sólo la hizo enfurecer más.

—¡No te rías!

—Perdón, es que honestamente pensé que tendrías mínimo tres exnovios millonarios y un historial criminal romántico.

Ella lo fulminó con la mirada.

—Qué ofensivo.

—¿Entonces cómo exactamente llegaste a los veinte años sin besar a nadie, siendo tú?

Avery abrió la boca. La cerró. Luego desvió la mirada con auténtica molestia.

Oh.

Oh, eso era vergüenza.

Aldrick casi sonrió otra vez.

—No lo puedo creer.

—No me mires así.

—¿Así cómo?

—¡Como si fueras a burlarte de mí el resto de tu vida!

Aldrick se recostó un poco más cómodo en la cama observándola, claramente sí iba a hacerlo.

—Pequeño huracán… tú provocas accidentes, amenazas personas y actúas como villana de película. Perdóname por asumir que ya habías besado a alguien.

Avery tomó una almohada y se la lanzó directamente a la cara.

—¡Idiota!

Él atrapó la almohada sin esfuerzo, ahora riéndose. Avery sintió ganas reales de aventarse por la ventana, otra vez.

—Odio mucho tu existencia.

—Mentira.

—¡Verdad!

Aldrick dejó la almohada a un lado y la observó unos segundos más. Todavía estaba alterada, pero ya no asustada, eso le gustaba más.

—Entonces explícame algo —dijo él—. ¿Cómo exactamente nadie intentó besarte antes?

Avery hizo una mueca.

—Sí lo intentaron.

—¿Y?

—Los golpeé.

Aldrick la miró fijamente, luego suspiró.

—Claro que lo hiciste.

—Uno terminó llorando.

—Eso no me sorprende en absoluto.




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