La Mentira Más Hermosa

87. A Avie le gusta Leonard

~Eso probablemente terminaría destruyendo a ambos.~

Avery seguía sentada frente al espejo mirándolo como si acabara de firmar un contrato demoníaco sin leer la letra pequeña y honestamente… tal vez sí lo había hecho.

—No me gusta tu tono de confianza —murmuró ella cruzándose de brazos—. Te besé una vez y ya actúas como si fueras dueño de algo.

Aldrick levantó apenas una ceja.

—Tú literalmente casi matas a cualquiera que intentó besarte antes.

—Eso es diferente.

—¿Por qué?

Avery abrió la boca. La cerró. Y luego respondió con absoluta dignidad:

—Porque sí.

Aldrick soltó una pequeña risa cansada mientras guardaba el maquillaje nuevamente. Dios. Todavía le costaba procesar que aquella chica insoportable:

* era su pequeño desastre emocional,
* había tenido su primer beso con él,
* y ahora estaba discutiendo territorialidad romántica como un gato callejero agresivo.

Avery lo observó caminar por la habitación y una sonrisa lenta apareció en su rostro, peligrosa, Aldrick la reconoció inmediatamente.

—No me gusta esa cara.

—Tengo una pregunta.

—Eso me preocupa más.

Ella se giró en la silla completamente hacia él.

—Entonces… si técnicamente tú me besaste primero…

Aldrick ya sospechaba que esto iba a arruinarle la paz.

—¿Sí?

Avery sonrió inocentemente. Demasiado inocentemente.

—¿Eso significa que Leonard también es el primer crush de Avie?

Aldrick se quedó completamente inmóvil.

Oh no.

No.

—Avery.

Ella ya estaba riéndose.

—¡Porque claramente le gusta!

—No vamos a hablar de esto.

—¡La escuché decir que Leonard “huele bonito”!

Aldrick cerró los ojos un segundo, derrotado, porque sí, sí había pasado y desafortunadamente Leonard jamás volvió a recuperarse emocionalmente de ese comentario.

—Tenía siete años mentales en ese momento —murmuró él.

—Exacto. Primer amor.

—No digas eso.

Avery soltó una carcajada real esta vez, brillante, caótica, mucho más viva que la noche anterior, Aldrick sintió algo cálido en el pecho al escucharla así otra vez.

—Pobre Leonard —continuó ella limpiándose una lágrima de risa—. Imagínate descubrir que le gustas a una personalidad infantil atrapada dentro de una rubia problemática.

—Voy a prohibirle la entrada antes de que escuches más cosas raras.

—¡No puedes hacerlo! ¡Avie sufriría!

Aldrick finalmente soltó una pequeña risa derrotada.

—Eres insufrible.

—Y aun así me amas.

La frase salió tan natural que Avery misma se congeló apenas después de decirla.

Aldrick la observó unos segundos, luego sonrió lentamente.

—Sí. Ese parece ser mi problema.

Las mejillas de Avery se encendieron inmediatamente.

—Odio cuando respondes serio.

—Yo adoro cuando te avergüenzas.

—¡No estoy avergonzada!

—Claro, pequeño huracán.

Ella tomó nuevamente la almohada más cercana y se la lanzó directo al pecho y Aldrick la atrapó riéndose otra vez mientras Avery intentaba ignorar el hecho de que, por primera vez en su vida… aquello empezaba a sentirse peligrosamente parecido a felicidad.




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